VALÈNCIA. Es posible que le abrume tal cantidad de grandes apellidos de la historia del arte. No es para menos. Difícilmente una exposición temporal tiene la capacidad de exhibir un músculo en el que cabe Pablo Picasso, Joan Miró, Wassily Kandinsky, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Soledad Sevilla y así hasta superar el medio centenar de artistas de renombre, pero en València ha sido posible.
La Fundación Bancaja y ABANCA se han aliado para dar forma a la ambiciosa exposición Compromiso con el arte. De Miró a Barceló, con la que presentan un diálogo entre ambas colecciones privadas, un proyecto que se inició el pasado año con un primer viaje a Galicia, en el que buena parte de los fondos de Fundación Bancaja se pudieron ver en A Coruña, y que ahora culmina con una nueva visión diseñada expresamente para el centro valenciano.
En apenas unos metros la muestra es capaz de reunir una ambiciosa selección de los fondos de arte contemporáneo de ambas instituciones, ofreciendo una mirada retrospectiva a la evolución del arte durante los siglos XX y XXI, un recorrido que abarca desde las vanguardias históricas a la pluralidad de formas de la pintura contemporánea con obras datadas entre 1913 y 2023. Este viaje por más de un siglo de arte supone, además, la primera ocasión en la que muchas de las piezas se exhiben en la ciudad.

Esta voluntad de compartir es la “vocación” desde la que nace el proyecto, señaló el presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón, que estuvo acompañado durante la presentación a medios del director general de Responsabilidad Corporativa y Comunicación de ABANCA y presidente de Afundación, Miguel Ángel Escotet, quien subrayó que con esta alianza la entidad “extiende” su modelo de actividad y compromiso.
Comisariada por Fernando Castro Flórez, la muestra apuesta todo a la belleza, con una selección de obras que “se imponen” ante el relato, un orden que nos guía a través de estilos y sensibilidades pero que prioriza el “placer estético”. Se viene ‘stendhalazo’. “Esta exposición no necesita muchas explicaciones”, señaló precisamente el comisario.
Si bien la pintura es el pilar principal de la exposición, en ella también se despliegan dos sugerentes instalaciones, una de las ciudades de Miquel Navarro, un entramado urbano que se levanta desde nuestros pies, y una estancia diseñada por Cristina Iglesias que ofrece al visitante un curioso refugio o, quizá, un espacio donde perderse entre celosías y muros que remiten al paisaje natural. “Depende de lo curioso que seas”, sugirió Castro Flórez.

La curiosidad del visitante será clave en la laberíntica visita, pues efectivamente ofrece tantos caminos como uno quiera emprender, con un corazón marcado por piezas como Paquet de tabac et verre de Picasso; Tete d’homme III de Joan Miró o Le trouble du thaumaturge de Giorgio De Chirico, que abre la visita, a partir de las que podemos elegir aventura pasando por las vibrantes piezas de la valenciana Soledad Sevilla o las a veces tortuosas pinturas de Antonio Saura.
La abstracción de Sean Scully, José María Sicilia o Günther Förg y los planteamientos pop y figurativos de Equipo Crónica, Luis Gordillo, Darío Villalba o el propio Miquel Barceló conviven con el rigor geométrico de Eusebio Sempre y José María Yturralde o las modulaciones de la pintura de creadores como Manolo Millares y Rafael Canogar en un viaje en el que las posibilidades de perderse son tantas como artistas le acompañan.
