Arte y fotografía

EXPOSICIÓN EN CATÁSTROFE

'Esto todavía se parece a un buen lugar', una utopía colectiva sobre el territorio

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VALÈNCIA. Los días 26 y 27 de febrero se inaugurará en Catástrofe (Valencia) la exposición colectiva Esto todavía se parece a un buen lugar, que reúne a Joar Remolar, Lara Ribes, Carmen Andreu, Lucía Mir, Magdalena Lorca, Sara Reyes, Sara Mono y Celia Marco, con curaduría de Agustina Bornhoffer. La muestra propone una reflexión en torno a la utopía entendida no como un ideal estable, sino como un estado frágil atravesado por tensiones, un territorio que todavía se sostiene, mientras deja ver sus fisuras.

La exposición se sitúa en el momento del pre-colapso: ese estado de aparente equilibrio donde la promesa aún funciona como horizonte colectivo. No se trata de una visión ingenua del futuro, sino de un instante cargado de ambivalencia, donde conviven deseo y sospecha. Las obras exploran imaginarios de progreso, orden y bienestar, pero también dinámicas de repetición, desgaste y acumulación que evidencian la fragilidad de aquello que parecía estable. La utopía aparece así como una construcción sostenida por narrativas que organizan nuestra idea de futuro, al mismo tiempo que revelan sus límites.

Las prácticas reunidas atraviesan pintura, escultura, instalación, cerámica y experimentación material, configurando un panorama diverso que dialoga desde preocupaciones compartidas. Joar Remolar (Betxí, 1999) desarrolla una producción entre pintura y escultura en la que genera atmósferas vaporosas, espacios donde lo umbrío y lo brillante coexisten y tensionan la percepción. En sus obras, la imagen parece deshacerse al mismo tiempo que se afirma. Lara Ribes (Castellón, 2002) centra su trabajo escultórico en las problemáticas del ecocapitalismo y la explotación del territorio, construyendo estructuras que enfrentan materiales industriales con texturas orgánicas, evidenciando las contradicciones del desarrollo contemporáneo. Carmen Andreu (Alicante, 2003) investiga la relación con el territorio como entramado de memoria y experiencia, proponiendo piezas donde los materiales activan vínculos afectivos y biográficos.

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Desde la pintura, Lucía Mir (Elche, 2000) construye escenarios que exploran lo ilusorio y el juego entre lo visible y lo oculto; sus imágenes sugieren espacios suspendidos entre la memoria y la ficción, donde la estabilidad es siempre provisional. Magdalena Lorca (Lampa, Chile, 1997) trabaja la cerámica como un gesto político, entendiendo el barro como materia viva capaz de albergar procesos de transformación, crecimiento y resistencia. Sus piezas sitúan lo orgánico como potencia frente a las lógicas extractivas. Sara Reyes (Santander, 2000) aborda la escultura, la instalación y el objeto cotidiano desde la reconfiguración de lo descartado, alterando su función y generando nuevas lecturas simbólicas que cuestionan la economía de uso y desecho. Sara Mono (Castellón, 1998) concibe la pintura y la instalación como espacios de ensayo donde lo intuitivo, lo corporal y lo onírico adquieren centralidad, proponiendo imágenes que oscilan entre lo íntimo y lo extraño. Por su parte, Celia Marco (Alicante, 1995) reflexiona sobre la agencia de los materiales —cerámica, papel y biomateriales— desarrollando procesos basados en la experimentación y en la disolución de jerarquías entre artista, materia y resultado final.

La exposición está comisariada por Agustina Bornhoffer (Montevideo, 1999), cuya práctica se centra en la noción de límite, desplazamiento y construcción de identidad en contextos atravesados por la traducción cultural. Su trabajo curatorial se ha desarrollado entre Latinoamérica y España, explorando los cruces y fricciones entre ambos territorios. En sus proyectos, la ironía y ciertos gestos hacia lo absurdo operan como herramientas para desestabilizar relatos de pertenencia y evidenciar la fragilidad de toda construcción identitaria.

Esto todavía se parece a un buen lugar constituye el primer capítulo de una serie de tres exposiciones que abordarán la utopía como un recorrido progresivo: pre-colapso, colapso y post-colapso. Si esta primera instancia se sitúa en el momento previo a la ruptura, las siguientes profundizarán en el punto de quiebre y en las formas de recomposición que emergen después de la caída, entendiendo la utopía como un proceso dinámico atravesado por expectativas, crisis y transformaciones.

En conjunto, la exposición configura un paisaje heterogéneo donde las obras no ilustran una idea de utopía, sino que la ponen en tensión. Esto todavía se parece a un buen lugar plantea una pregunta abierta sobre cuánto tiempo puede sostenerse una promesa antes de comenzar a fracturarse, y qué signos anuncian ese desplazamiento. Más que ofrecer respuestas, la muestra propone habitar ese instante previo a la caída, cuando todavía es posible creer, aunque ya sepamos que algo está por cambiar.

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