VALÈNCIA. Los niños aprenden antes a dibujar que a leer. Luego intentan garabatear las letras que les dicen que componen sus nombres, o al menos sus iniciales. Letra e imagen, en un futuro, serán las puertas abiertas para que entiendan cómo funciona el mundo. En el Museu de Belles Arts sucede algo parecido: entre sus salas se hace real esa idea de que una imagen valen más que mil palabras, y consigue que sus cuadros cuenten historias imperceptibles para la vista.
Mirando desde el suelo hasta el cielo, dentro de los cuadros, el visitante puede encontrarse con una historia que se lee entre líneas en los cuadros del museo: el de la encuadernación. Un relato que desvela la bibliotecaria del museo, Rosa Rodríguez Canals, con un paseo íntimo por el museo.

- Santa Teresa de Jesús José de Ribera (Xàtiva, 1591 - Nápoles, 1652) -
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Entre obras de Joan Reixach, Gonçal Peris y José de Ribera se encuentra el secreto mejor guardado sobre la historia del libro, que va desde los primeros papiros hasta las encuadernaciones más elaboradas. Comenzando desde la Sala de los Retablos, Canals muestra los primeros soportes de la escritura que se muestran en los cuadros: los papiros, “rollos que se iban enrollando y desenrollando y uno de los primeros soportes de la historia”.
Este soporte se puede contemplar en piezas como Verónica de la Virgen / Anunciación de Gonçal Peris Sarrià (València, ca. 1380 - 1451) y Pere Nicolau (Documentado en València entre 1390 y 1408) en una tabla bifaz en la que la Virgen, de pie, recibe el mensaje del arcángel san Gabriel a través de un papiro. De este formato al libro se da el salto en apenas un par de cuadros. Avanzando por el pasillo de la Sala de los Retablos, se empieza a mostrar el libro como elemento identificador de algunos santos, como es el caso de San Juan o San Mateo, como autores de los Evangelios, o San Pablo y su Carta a los Corintios.

- Veronica de la Virgen / Anunciación de Gonçal Peris Sarrià (València, ca. 1380 - 1451) y Pere Nicolau -
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¿Y por qué ellos sí que se muestran con libros? Porque con el cambio de siglo, este icono empieza a hablar de clase social. Se convierte en un emblema lleno de sabiduría y “es un bien caro y a proteger”. Canals explica que el rollo y el papiro desaparecen por problemas de conservación y es cuando entra en los cuadros el códice, que se parece más a los libros que conocemos hoy. “Se pasa del papiro al pergamino de Pérgamo con un libro encuadernado gracias al auge de los monasterios y al oficio del copista. Los libros tienen el mismo valor que una obra de arte o una joya porque son base pura del conocimiento”.
Es la fundación de los monasterios la que obliga al salto de la encuadernación; por conservación de los textos y por economizar con los materiales. Se pasa del papiro de Egipto al pergamino por mano de obra: “En los monasterio necesitan trabajar con un material que no venga desde Egipto así que empiezan a desarrollar una técnica de escritura sobre piel que evoluciona hasta el punto de llegar a la encuadernación de los libros”. Con sistemas como el del prensado y el esterado se empieza a trabajar sobre pieles de vacas, corderos, cabras y vacas para generar los libros que se copiaban y distribuían entre los monasterios.

- San Juan Evangelista y San Mateo de Joan Reixach -
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En algunos cuadros, como el de San Juan Evangelista de Joan Reixach, se pueden ver los pequeños elementos con los que trabaja el copista. Este cuadro le sirve a Canals para indicar los detalles del oficio, que se esconden entre todo tipo de cachivaches que sirven para maquetar y construir un libro: “Parece que tiene un pequeño post it pegado en la pared en el que se tiene que apuntar lo que tiene que hacer. También tiene sus materiales a mano y un pequeño estuche con un plumier para seguir trabajando”. Para los más observadores, en lienzos como el de San Mateo, también de Reixach, se pueden ver también las pautas y los márgenes que siguen para escribir y copiar los libros.
Entre ambos cuadros se puede ver también la otra evolución del libro, la de su encuadernación. Tal y como explica Canals, tras el salto del papiro al pergamino, se pasa de una encuadernación más básica a otra más elaborada -y por ello más cara. Pasando a elaborar libros con el pergamino (mucho más fino y manejable), el libro se convierte en un elemento mucho más manejable. Las pieles más duras se usan para encuadernar y los libros se usan uniendo páginas ya unidas entre ellas llamadas cuaterniones. Con sus rebordes, llamados nervios, se pueden reforzar los costados con diferentes cierres para estilizar y mantener lo que hay en el interior de los libros.

- La Virgen del Venerable Agnesio de Joan de Joanes (Valencia?, ca. 1505 - Bocairent, 1579) -
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Existen representaciones más austeras como la del libro que se ve en La Virgen del Venerable Agnesio de Joan de Joanes, que se muestra por el lado del lomo y se ve el cosido de su unión en la parte baja derecha del cuadro. Un acabado que no se verá en otros cuadros en los que los libros, generalmente, se ponían del revés en las bibliotecas para cuidar sus frágiles acabados. “La mayoría de libros que se ven dispuestos en las bibliotecas están del revés -con las hojas hacia afuera y no con el lomo- para evitar tirar de la parte de arriba del lomo y romperlos. Además, muchos copistas escribían directamente el nombre de los escritos sobre las hojas, de forma que se leyera así colocado”.
Tras la aparición de la imprenta de Gutenberg se contempla una clara evolución del retrato de los libros en los cuadros. Piezas como la representación de San Jaime y San Gil Abad de Joan Reixach (Documentado en València entre 1437 y 1486) muestran detalles que ayudan a mejorar la lectura, como es la elaboración de las pequeñas cintas que funcionan como separadores y que cuelgan dentro de los libros. También se puede ver la adhesión de elementos metálicos a las cubiertas como “topes” para que no se destrozara la tela de las portadas con los libros, con las mesas de los conventos, que según las ve Canals en los cuadros “no deben ser nada suaves”.
Entre todos los libros y cuadernos que se esconden entre los cuadros del Museu de Belles Arts Canals comprende que la historia del libro vivirá ahora para siempre dentro del arte. Un soporte que "también se puede leer" y que ayuda a comprender como la historia entera de la humanidad ha ido pasando de mano en mano entre monasterios, santos y bibliotecas. El visitante del museo puede jugar ahora a leer como el libro comienza siendo un simple pergamino y como acaba convirtiéndose en un producto casi de lujo. Este objeto "se desarrolla entre los lienzos" y ayuda a comprender la evolución de la humanidad con una imagen que, definitivamente, vale y contiene miles de palabras.

- Escenas de la vida de San Lucas de Llorenc Saragossa (Documentado en Barcelona y Valencia entre 1363 y 1406) -
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