• Tête de Montserrat criant (Cabeza de Montserrat gritando), 1942. Julio González.
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VALÈNCIA. La Exposición Internacional de París de 1937 constituye un hito para el arte español que, en plena guerra civil, hizo las maletas para divulgar la causa republicana a través de algunos creadores de la talla de Josep Renau, Joan Miró o Pablo Picasso, que presentó allí el Guernica, convertido desde entonces y hasta hoy en símbolo contra el fascismo y los horrores de la guerra. 

Noventa años cumplirá en 2027 ese pabellón que, más que un espacio físico -con permiso de los arquitectos Luis Lacasa y Josep Lluis Sert- es en sí mismo un símbolo, una conmemoración que también recalará en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) a través de una de las grandes figuras que participaron en el mismo y que están en el ADN del museo valenciano: Julio González.

Comisariada por MªJesús Folch y Amanda Herold-Marme, el museo presentará en julio de 2027 una nueva renovación de la sala permanente dedicada a González, en este caso centrada en una de sus figuras más poderosas: La Montserrat, una obra que representa el dolor y la angustia ante la guerra y que fue otra de las obras clave de ese pabellón de la República Española.

En este caso, y consciente de que 2027 será un año en el que los ecos de ese hito recorrerán más instituciones artísticas -siendo este, además, un eje central de la colección del Museo Reina Sofía-, el IVAM conmemora la efeméride poniendo todo el foco en una figura que era para González “símbolo de dignidad, coraje y compromiso”, desarrollando en torno a ella un proyecto que la sitúa como alegoría de alcance universal. 

“Nos interesaba la representación de la campesina y cómo nos la podíamos llevar a esa atención a lo rural, a esos territorios que nos interesan, profundizando en las iconografías de las campesinas. Es una imagen donde confluye la fuerza de lo cotidiano y de la resistencia”, señaló la directora del IVAM, Blanca de la Torre, durante la presentación de la programación del museo para 2027.

Así, explican desde el museo, esta exposición sitúa la obra no solo en su contexto histórico sino también en relación con algunos de los debates más urgentes del presente, un relato que también pretende extenderse al papel de las mujeres en territorios rurales, la transmisión intergeneracional de conocimientos, la atención a la España vaciada y la relación entre comunidad y territorio. 

Explica De la Torre que este enfoque tiene, además, una vinculación menos obvia con el pabellón de la República Española, en el que también estaban presentes muchos elementos etnográficos que dialogaban con las grandes piezas expuestas, algo en lo que fue “muy pionero” y que “no se ha reivindicado lo suficiente”. A partir de La Montserrat de González, pues, se generará un diálogo con artistas históricos y contemporáneos que conectará la memoria de las resistencias del siglo XX con los debates actuales.

No será este, con todo, el único proyecto del IVAM en torno a Julio González de cara a un 2027 en el que sus fondos superarán los muros del museo valenciano. Bajo el título de El pulso del metal, la institución ha dado forma a una exposición itinerante -comisariada por Teresa Millet- que viajará tanto el próximo año como en 2028 a distintos centros de la red Caixaforum, una muestra que reunirá un centenar de piezas a través de las que se mostrará “tanto la amplitud técnica como la profundidad conceptual” del artista. 

Pinazo, Goya y la Generación del 27

  • Ignacio Pinazo Camarlench, Clavariesas, 1900. -

La renovación de la sala dedicada a Julio González no es la única prevista en el IVAM para sus espacios de colección permanente de cara a 2027. Las propias salas en las que desde junio el museo presenta los greatest hits de sus fondos serán objeto de distintas activaciones entre las que se incluye un homenaje, a cargo de Mª Jesús Folch, a las mujeres que formaron parte de la Generación del 27, de la que el próximo año se conmemora el centenario. 

También cambiará de cara la sala dedicada a Pinazo, que a partir de marzo acogerá una muestra comisariada por Francisco Javier Pérez Rojas que explora la huella de Francisco de Goya en la configuración de su lenguaje plástico y en su particular concepción de la modernidad. 

Se trata este de “uno de los aspectos más singulares y menos explorados” del valenciano, subrayó De la Torre, una muestra que pone en relación sus primeras obras con el legado goyesco así como con otros referentes como Francisco Domingo Marqués o Gonzalo Salvá.

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