Arte y fotografía

Los artistas visuales aprenden de la Dana y dibujan su futuro proponiendo un censo de obras y una renta básica

Un informe impulsado por la asociación Artistes Visuals de València, Alacant i Castelló (AVVAC) y firmado por el perito especializado Juanma Pérez propone trascender las urgencias provocadas por la tragedia y construir una base sólida para la práctica profesional para todo el Estado

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VALÈNCIA. Los daños de la Dana que arrasó parte de la provincia de València el 29 de octubre de 2024 fueron bien visibles. Estaban enterrados en barro, pero a la vista de cualquier persona que pasara por la calle. Acumulados en montañas de todo; enseres, coches, objetos personales… Ahí también estaba, sin quererlo, la prueba definitiva de la fragilidad estructural del sector artístico valenciano. 

Muchos talleres de artistas visuales estaban situados precisamente en esas zonas periféricas y económicas de l’Horta Sud que quedaron devastadas. Lo más evidente que pensar es que se perdieron herramientas, archivos o cuadros terminados, pero ahí también estaban años de trabajo, proyectos en marcha y trayectorias enteras.

Esta premisa es uno de los descubrimientos del informe El sector artístico frente a la emergencia climática: diagnóstico, peritaje y hoja de ruta post-DANA.  impulsado por AVVAC (Associació d’Artistes Visuals de València, Alacant i Castelló) y elaborado por el perito especializado Juanma Pérez, que no solo busca cuantificar los daños sufridos por el colectivo, sino que además plantea una profunda reestructuración de las políticas culturales dirigidas a los artistas. 

Una de las líneas de ayuda más urgentes del Ministerio de Cultura tras el 29-O fue financiar a las principales asociaciones profesionales para que desplegaran un estudio de los daños y posibles soluciones en sus respectivas escenas.

Según el informe de AVVAC, la Dana afectó directamente al menos a 90 artistas visuales y provocó pérdidas estimadas en más de 6,9 millones de euros, sumando infraestructura productiva, obra destruida, lucro cesante (es decir, trabajo que no se realiza por las circunstancias sobrevenidas), daños psicológicos y pérdida de archivos y capital intelectual. El documento subraya además que buena parte de esos daños quedaron fuera de las ayudas públicas por la incapacidad administrativa de reconocer el valor intangible de la creación artística.

“Las administraciones han resarcido las pérdidas de infraestructura productiva, pero no las obras en sí. Se ha subvencionado una atornilladora, un caballete o un lienzo, pero la actividad de un artista va muchísimo más allá de eso”, explica Juanma Pérez en conversación con este diario. El perito apunta que muchos creadores “ni siquiera sabían cómo valorar lo que habían perdido”, una situación que revela “un problema de propia percepción tremendo”.

 

Invisibles para la burocracia

El informe insiste sobre todo en que la Dana actuó acabó haciendo evidentes, por las malas, muchos problemas que ya existían previamente: precariedad, intermitencia laboral, economía sumergida, o la ausencia de mecanismos específicos para el sector cultural.

“Buena parte del sector no estaba regularizado y, por lo tanto, las ayudas tampoco llegaban. Hay muchísimos creadores que ejercen diariamente como artistas, pero que, por la peculiaridad del oficio y la precariedad sistémica, no pueden mantenerse dados de alta de forma constante”, desgrana Pérez.

Por su parte, la coordinadora general de AVVAC, Xelo Bosch, considera que la catástrofe simplemente hizo visibles carencias estructurales que el sector arrastraba desde hace años. “La Dana ha sido la punta del iceberg. Se han visto todos los problemas estructurales que ya conocíamos y que se agravaron porque el sector de las artes visuales fue el más afectado físicamente”, afirma.

Y es que, según señala el informe, muchos artistas trabajan y viven en el mismo espacio, de modo que la destrucción del taller implica también la pérdida del hogar y de la estabilidad vital. A ello se suma la inexistencia de seguros adaptados al valor real de las obras y la exclusión de la mayoría de creadores de las ayudas por cese de actividad, reservadas únicamente para quienes estaban dados de alta en el RETA en el momento exacto de la catástrofe. “La cultura y el arte no tienen una interlocución clara con las administraciones”, señala Bosch.

Un censo digitalizado para saber qué está en juego

Además de una radiografía cuantificada, el informe hace una propuesta sobre cómo reforzar el sector para prevenirlo de esta doble tragedia. De paso, muchas de estas medidas en realidad fortalecerían las políticas culturales a nivel estatal y autonómico más allá de cualquier contexto. La Dana señala, pero las soluciones buscan ser universales.

Destacamos dos ellas. En primer lugar, la creación de un sistema de valoración previo, actualizable y digitalizado de obras, artistas y espacios de producción. Aquello que no está documentado “no existe” para la administración, así que se plantea la necesidad de crear un censo oficial y geolocalizado de artistas y talleres, acompañado de fichas técnicas de catalogación de riesgo para cada obra.

“Cuando se vio la catástrofe, muchas cosas que los artistas habían puesto en juego no fueron consideradas bienes subvencionables. No nos queda otra que establecer un sistema que valore con antelación qué nos estamos jugando”, apunta el perito.

Ese sistema permitiría disponer de tasaciones previas, digitalizar archivos y generar una base de datos útil tanto para seguros en futuras emergencias climáticas. También facilitaría, según AVVAC, una interlocución más sólida con las administraciones.

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“Queremos hacer un verdadero estudio y digitalizar las obras para que, en el caso de que viniera otra Dana, tenerlo todo preparado”, opina la coordinadora de la asociación.

El informe propone, de hecho, que estas herramientas se gestionen desde el asociacionismo, ya que se ha detectado que, frente a las administraciones, son las primeras ventanas de ayuda en situaciones de extrema urgencia.

Una renta básica para estabilizar el sector

La otra gran medida es la implementación de una renta básica para artistas, inspirada en modelos ya existentes como el de Irlanda, donde existe un programa piloto de ingresos garantizados para creadores culturales.

Aunque Pérez prefiere hablar de “mecanismo de estabilización profesional”, la filosofía es la misma: asegurar una base económica mínima que permita sostener la actividad artística en un sector marcado por la intermitencia y la precariedad.

“Hasta ahora se ha funcionado subvencionando proyectos concretos, pero eso no mejora el sector. La cultura mueve muchísimo dinero y muchísima actividad social, pero eso no revierte en los propios artistas”, analiza Juanma Pérez.

La propuesta no es una ayuda universal e indiscriminada, sino un programa dirigido a trabajadores culturales con trayectorias acreditadas o en vías de profesionalización. “No cualquier persona podría acceder. Hablamos de autónomos intermitentes profesionales, personas que tengan un recorrido, proyectos o una formación que valide esa práctica artística”, matiza Bosch.

El informe defiende que esta medida actuaría como una protección estructural frente a futuras crisis climáticas y económicas, permitiendo que los creadores no tengan que abandonar su actividad en situaciones de emergencia. “Un ingreso base garantizaría que el artista pueda dedicarse a la regeneración creativa en lugar de al trabajo de supervivencia tras una catástrofe”, concluye el documento.

La asociación ya ha trasladado el texto tanto al Ministerio de Cultura como a la Conselleria de Cultura, aunque todavía no ha recibido una respuesta concreta. “Nos han dicho que lo van a estudiar. Queremos presentarlo públicamente y movilizar también al resto del sector cultural”, adelanta Bosch.

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