Arte y fotografía

COLOQUIO EN EL CENTRE DEL CARME

No habría Carmen Calvo ni Miquel Navarro sin cerámica

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VALÈNCIA. El barro es el principio; antes incluso que la conciencia de obra. Cuentan Carmen Calvo y Miquel Navarro que está ese gesto inicial —tocar, modelar, ensuciarse las manos— que se repite como punto de partida. 

La cerámica es también el punto de partida de la conversación que ambos artistas mantuvieron este jueves en el Centre del Carme, en el marco de la XVII Bienal Internacional de Cerámica de Manises, moderada por el profesor José Luis Clemente

El barro es el principio. No solo de manera abstracta, sino en sus biografías artísticas. “Nos conocimos trabajando pulimentando muebles. No teníamos dinero y teníamos que pulimentar muebles”, recordaba Navarro. “Era una manera de trabajar alimenticiamente”, añadía Calvo. 

 

 

Es en ese contexto donde la cerámica aparece como un impulso latente. Navarro sitúa su relación con el material en la infancia: “Yo era ya de niño y jugaba con barro. Modelaba el barro de las acequias y hacía figuritas”. Un conocimiento que más tarde se vuelve técnico, pero siempre subordinado a la obra: “El mundo cerámico lo conozco de una manera muy técnica, pero siempre al servicio de mi intención”.

Calvo, por su parte, vincula el aprendizaje al oficio industrial: “Donde me viene el oficio es en la cerámica en Hispania” —el lugar donde empezaron a trabajar los dos. Más tarde, el barro se expande hacia otros lenguajes, aunque manteniendo su lógica dentro de la constelación artística: “Es el volumen, es la acción de manipular, de tocar. Todo eso es la pintura o la escultura. No hay más. Lo único que cambia siempre es el guion”.

De “alfareros” a referentes

En los años setenta, trabajar con barro fuera de los márgenes de la artesanía no era habitual. La etiqueta llegó, además, con tono despectivo. “Nos llamaban alfareros”, recuerda Navarro, en referencia a un episodio dentro de círculos politizados de la época. “No tengo nada en contra de los alfareros, pero no lo éramos”.

Sin embargo, esa misma elección material fue parte de una carrera catapultada, desde las primeras galerías hasta su presencia en la exposición New Images from Spain en el Museo Guggenheim de Nueva York en 1980. Ambos artistas consolidaron una trayectoria que incorporaba la cerámica como parte de su propuesta contemporánea: “Cuando fui a Nueva York todo era de barro”, señala Navarro. Pero ese barro ya no remitía a lo utilitario, sino a una lógica escultórica, cercana al collage y a la construcción.

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Durante la conversación, ambos artistas rechazaron también la perspectiva de la cerámica como tendencia reciente: “No hay nada nuevo. Es una manera de recrearse”, llegó a afirmar Calvo. Navarro, por su parte, insiste en evitar etiquetas: “Yo no me considero un ceramista. Yo tomo de la cerámica y me aprovecho de la cerámica”.

Y es que los dos insistieron a lo largo de la hora de conversación, que repasó algunas de sus obras más icónicas, la necesidad de no limitar el proceso creativo a un solo lenguaje. “Si tú te dices ‘soy ceramista’, te has limitado”, concluía Navarro. Y frente a esa restricción, la cerámica aparece como un punto de partida, no como un destino.

La cerámica en la obra de Navarro y Calvo

“En las Bellas Artes siempre ha habido barro. Era un material más”, insistió Calvo. Y si bien no sería el material con el que más se relaciona ninguno de los dos artistas, las estructuras de Miquel Navarro no serían posibles sin ello, y materiales como la terracota o el refractario.

Por su parte, Carmen Calvo recordó desde su intervención haciendo los azulejos para los patios del Centre Cultural de la Beneficencia hasta obras icónicas como Una Conversación o Mosaico.

  • Carmen Calvo y Miquel Navarro, en una foto de archivo. -

 

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