Arte y fotografía

EN POLS

Pepo Salazar Lacruz recurre a objetos cotidianos para neutralizar los discursos artísticos cerrados

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VALÈNCIA. Pepo Salazar ultima, exhausto, el montaje de Point Relais en Pols. No es que las piezas que propone exponer sean moles complicadas de llevar, sino que es consciente de las vuelta que le ha dado a una cuestión en la que no se suele parar la crítica y el periodismo pero que forma parte del sentido de un proyecto artístico: el flujo de la gente.

Point Relais se organiza, finalmente, como un sistema de tensiones, ritmos y obstáculos que obligan al visitante a moverse, detenerse y recomponer continuamente lo que ve. Una intervención mínima en apariencia, pero precisa en su arquitectura interna: cinco señales de obra pintadas de blanco sobre las que se adhieren objetos cotidianos y residuales —grapas, tornillos, tapas de yogur, esquinas de bolsas de patatas, impresiones de símbolos monetarios fragmentados. “Parece que hay una lógica de archivación, pero de repente no tiene ningún sentido; como dejaos caer”, explica el artista .

A pesar de estar construyendo una imagen, la principal motivación de Salazar es precisamente despojarla de sus marcos cerrados y preestablecidos. “No me interesa que mis trabajos signifiquen nada concreto. No me parece que el papel del artista sea dar lecciones”, subraya. Lo que busca, en realidad, es situar al espectador “frente a algo que está indefinido, que está por construirse”, como “ver el trabajo de una persona que está pensando” .

Los objetos cotidianos funcionan más como detonantes que como símbolos. Una bolsa de M&M’s, recuerda, “es un contenedor, pero también es ingeniería de diseño, distribución, material”. Todo porta capas de sentido, “a veces político y otras no”, aunque “casi todo tiene una dimensión política” .

Salazar distingue entre los objetos saturados de significado —“una pistola o una imagen de Trump”— y aquellos que todavía permiten abrir preguntas. “La función del artista es poner el foco y preguntarse ¿esto qué es? ¿por qué es así?” . De ahí su interés por materiales baratos, fragmentarios, aparentemente insignificantes, que no imponen una lectura inmediata. Objetos que, de tan cotidianos y universales, es imposible encerrar en significados estancos.

“¿Qué objeto elijo?, ¿cómo lo distribuyo?, ¿de manera burocrática o caótica?”, se lleva preguntando el artísta cerca de una década. Tras una etapa marcada por metáforas políticas más explícitas, a Pepo Salazar le llegó la necesidad de “rebajar el discurso”: “materiales humildes, gestos humildes, ideas humildes” .

El objetivo no es eliminar el sentido, sino evitar su cristalización —“No que signifiquen, sino que sean algo”. Por eso Point Relais dialoga, esencialmente, con la noción de desidentificación y abstracción que atraviesa el proyecto. La exposición parte de fragmentos y restos para generar estructuras abiertas, donde el significado original se desplaza y se vuelve afortunadamente inestable.

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Background sonoro para desmitificar la imagen

La manera en que Salazar piensa la imagen está atravesada por su relación con la música. Cita a Autechre, Fugazi o Frank Zappa como referencias para cuestionar la idea de estilo (otra vez, los marcos cerrados, sostiene, “producen inmovilidad”).

Esa lógica, que ha experimentado desde que empezara a hacer música en los 90, se ha trasladado a las preguntas que se hace en campo visual. Frente a la producción masiva de imágenes, detecta un empobrecimiento de los marcos de interpretación. Su respuesta, entonces, pasa por concebir la obra como un sistema rizomático, donde los elementos se conecten sin jerarquías fijas y generen combinaciones imprevisibles.

Frente a cualquier acercamiento al consumo

La relación con el público se construye desde esa inestabilidad. Pero la abstracción, ¿puede tensionar tanto la relación con la persona que observa que se rompa la comunicación? El artista lo tiene claro: “La obra de arte tiene que generar una distancia” .

El objeto, dice, es “un obstáculo pero también un puente”. De ahí su recelo hacia la comodidad en la visita de un proyecto artístico —desde la fácil interpretación hasta las condiciones ambientales—: “Si intermediamos todo, empezamos a tener estrategias del consumo”, advierte. El arte, en cambio, debería permitir “que el espectador pueda emanciparse” de esos sistemas para abrir un espacio de corresponsabilidad interpretativa.

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