VALÈNCIA. En 2013, el extinto festival Sonisphere anunciaba una nueva edición que recalaría en Madrid y Barcelona con la banda Iron Maiden como gran reclamo. De esos dos conciertos quedan hoy los recuerdos de sus seguidores y, seguramente, un buen puñado de fotografías y vídeos registrados en teléfonos móviles que hoy se nos antojarían prehistóricos. Ah, y un cartel en una vivienda de la Finca Roja. Segunda planta, primera habitación a la izquierda. No, la primera a la derecha no, la siguiente, justo antes de girar por el pasillo. Esa es.
Sobre ese cartel en su día callejero y ahora domesticado se pusieron las primeras piedras de la trayectoria artística del dúo PichiAvo, formado por Juan Antonio (Pichi, 1977) y Álvaro (Avo, 1985), que por aquellos años rompían mano con unos primeros dibujos que ocupaban aquellos muros a los que pocos prestaban atención. Salvo si eras fan de Iron Maiden, claro. Algunas de esas obras urbanas, rascadas de esas paredes, descansan ahora en un piso de la Finca Roja que, tras más de una década cerrado y todavía sin luz eléctrica, se ha convertido en el hogar su última intervención efímera.

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- Foto: KIKE TABERNER
Tiene sentido que hayan recuperado algunas de estas primeras obras, pues con la reciente adquisición de esa vivienda los valencianos abren una nueva etapa en su trayectoria, un nuevo camino que tiene que ver tanto con su labor artística como con sus ganas de convertirse en curadores culturales de un nuevo proyecto que hoy da sus primeros pasos. Por el momento, lo han hecho abriendo por un día esta vivienda al público, un piso que acoge una exposición temporal en la que proponen un recorrido por su trayectoria artística en diálogo con su entorno.
Un nuevo proyecto atravesado por la memoria de la finca
El contenido y el continente, en este caso, van de la mano, un espacio que han mantenido sin alterar desde que lo adquirieron para, en un futuro, convertirlo en satélite que complemente su estudio en Manises. Por no cambiar todavía no tienen ni electricidad. Pero eso no es un problema, pues el recorrido de esta exposición efímera está guiado por una serie de cirios a los que se suman las velas escultóricas ‘Metaxis’, creadas por los artistas para la marca Cerabella y que, en su versión en gran formato, ya formaron parte de la falla que diseñaron este mismo año para la comisión Borrull-Socors.

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- Foto: KIKE TABERNER
“El piso lo encontramos tal y como está. Queríamos que la gente tuviera esa misma experiencia que tuvimos nosotros al entrar”, explica Álvaro. “Este proyecto es una recorrido a través de la propia historia de la Finca Roja y de nuestro propio camino”, añade Juan Antonio. Efectivamente, para esta primera experiencia en esta vivienda que es casi una galería, casi un punto de encuentro cultural y casi un estudio, el dúo ha querido ofrecer una exposición en la que se entretejen sus proyectos artísticos con los ecos de una Finca Roja que es un habitante más en la València del último siglo.
Construida por el arquitecto Enrique Viedma en el año 1933, la popular Finca Roja es un proyecto fruto de la Ley de Casas Baratas, un concepto colmena con un rico patio interior pensado para generar comunidad tanto por su estructura como por la disposición de los espacios compartidos. Precisamente esta palabra, comunidad, es el eje de la propuesta artística que han construido de la mano de la comisaria Carla Jaria y que hace uso del libro Memorias de la Finca Roja, un volumen editado en 1997 que recoge la memoria oral de sus vecinos.

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- Foto: KIKE TABERNER
La Finca Roja desde sus espacios de recreo, atravesada por el correteo de niños y niñas por su patio; también desde los ecos de la Guerra Civil, tras la que se eliminó su fuente interior, o el inmueble que ha sido hogar de numerosas figuras de la escena cultural valenciana son algunas de las miradas sobre las que se posa un proyecto artístico que explota el “poder evocador” de la vivienda para recuperar su memoria y, también, conectarla con un futuro en el que Pichiavo plantea una de tantas posibilidades.
Una maleta con flores, sonidos y arte
En esta particular mudanza, las maletas de Pichiavo también se han llenado de flores, que envuelven una obra que referencia a Medusa para explorar la idea de patrimonio y de su renovado significado tras ser arrancado de su lugar de origen. También los sonidos encuentran hueco en el peculiar equipaje de dúo, que presentan una instalación sonora que evoca a la “vida y cicatrices” de la finca, o una escultura que, a partir de la técnica de los paños mojados de Fidias, ahonda en la idea de la creatividad.
En el final del recorrido, una nueva mirada al pasado, pero también el salto definitivo al futuro. Para cerrar el ciclo, el dúo presenta una pieza de nueva creación que se inspira en los frescos que vieron en un reciente viaje a Pompeya, una obra que, en este caso, estaba concebida para ser terminada por el visitante, al que se invitó a ‘firmarla’ hasta convertirla en otra cosa. Grafitis sobre arte clásico sin ser grafitis ni arte clásico.
“Estas son unas piezas con una potencia más conceptual, parte de una reflexión y un cuestionamiento sobre qué pertenece al museo y qué pertenece a la gente”, señala la comisaria en conversación con Culturplaza. Esta creatividad compartida será el principal habitante de una vivienda que, con todo, iniciará próximamente un proceso de renovación para convertirse en ese espacio maleable que, desde lo íntimo y con unos ritmos alejados de los centros de arte que concocemos, sirva a Pichiavo para dotar a València de un nuevo hogar cultural.

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- Foto: KIKE TABERNER