VALÈNCIA. Si entendemos las Fallas como una parte más de ese paraguas que engloba el arte urbano es quizá Pichiavo, el dúo valenciano formado por Juan Antonio Sánchez y Álvaro Hernández, una de las firmas que más puntos conecta entre las distintas estéticas y tiempos históricos de ese arte que nace por y para la calle.
Conocidos por su fusión tan característica entre los elementos del grafiti y las referencias a la mitología y formas del arte grecorromano, fue en 2019 cuando elevaron su universo creativo con el gigante de 26 metros de alto Procés creatiu, la falla municipal de 2019, que realizaron en colaboración con los artistas falleros José Latorre y Gabriel Sanz.
La monumental escultura parece encontrar, años después y a otra escala, un hogar, pues en este 2026 los artistas vuelven a acercarse a la fiesta del fuego aunque en este caso levantando un templo que espera irse enriqueciendo con la aportación de distintos artistas urbanos. Bajo el lema Per ofrenar, Pichiavo, en colaboración con el artista fallero Paco Ribes, despliega para la comisión Borrull Socors un nuevo proyecto en el que unen Fallas, grafiti y arte clásico.

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- Foto: KIKE TABERNER
La propuesta conceptual de Pichiavo para la comisión tiene su origen en el proceso de edición de Our Odyssey, un libro en el que, con guiño al clásico de Homero, el dúo recopila algunos de los proyectos que han marcado su trayectoria desde que comenzaran a operar en conjunto en 2007, un recorrido que pasa por distintos países de Europa y Norteamérica.
En ese camino tuvo lugar una primera impresión del libro que no llegó a materializarse como edición definitiva, generando un excedente de papel que se convierte, explican, en el reflejo de una realidad común en todo proyecto creativo: el error y la corrección como parte del camino. Ese error inicial es la semilla que ha terminado derivando en Per ofrenar, que cierra de manera simbólica su particular ciclo creativo con la reutilización de ese papel 'sobrante'.
El papel que contiene el templo es tan importante como la propia construcción, claro, levantada con tablones de madera y vareta, un espacio cuya portada da la bienvenida al visitante con un conjunto de cuatro columnas inspiradas en el estilo jónico y que esconde unas velas escultóricas que avanzan un final que forzosamente llegará entre llamas. De esta forma, el templo de Pichiavo, que además ha contado con acciones en favor de la entidad València Acull, se levanta para seguir dotando de capas a ese diálogo entre las fallas del pasado, del presente y del futuro.

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- Foto: KIKE TABERNER