VALÈNCIA. Otra vez, como cada dos años, el barrio de Russafa abre las puertas de sus talleres artísticos para que público general y curiosos puedan cotillear durante unos días por esos espacios creativos habitualmente inaccesibles y conocer a unos artistas que también son vecinos. La bienal Russafart, que se celebrará del 5 al 7 de junio, calienta motores en una edición en la que cumplen la mayoría de edad, unos 18 años en los que el evento ha crecido y cambiado al ritmo que lo ha hecho el barrio que la vio nace en el año 2008.
Bajo el lema Coto público de arte, Russafart propone este año una reflexión sobre el arte como espacio común, accesible y compartido, una reflexión cargada de significado en un barrio que en apenas dos décadas ha cambiado de manera notable, hoy en día como foco de las tensiones por la gentrificación o el ocio.
En este barrio que mantiene tantas cosas y ha cambiado otras tantas regresa una bienal que hará suya espacios como la Nave Cultural 3 Ribes del Parque Central, CCNAVE3, que acogerá un proyecto de arte digital, o el Sporting Club Russafa, donde tendrá lugar la clausura con un concierto del grupo de cumbia Los Perricolas. Entre un lugar y otro, un total de 78 espacios participantes y 315 artistas implicados para acercar el arte, una vez más, al público. Sobre ese presente hablamos con Arístides Rosell, coordinador general del certamen junto a Rebeka Catalá.
- El barrio en el que nació Russafart allá por 2008 es bien distinto al de ahora, ¿qué fotografía hacéis?
- Desde luego con la mayoría de edad hemos llegado a un momento de parar y decir: ¡cómo ha crecido! Lo ha hecho en cantidad, porque cuando empezamos en 2008 contábamos con unos 42 artistas participantes y hemos pasado a 315 en esta edición. Hay un crecimiento exponencial. Por otro lado está la fotografía del barrio. Entonces era un barrio depauperado, complejo, en el que había muchas tensiones. En estemos momentos es un barrio tensionado pero por otras circunstancias, por la gentrificación y la turistificación. Es casi la otra cara de la moneda.
- ¿Cómo han afectado estas nuevas tensiones a la escena artística?
- Se ve en los negocios y se ve en los estudios, que cada vez son más multitudinarios. Antiguamente quizás un estudio lo ocupaba una sola persona y en la actualidad puedes encontrarte con uno donde hay diez artistas, justamente para poder asumir ese envite tienen que compartir.

- Arístides Rosell. -
- Foto: Maite Bäckman/ RUSSAFART
-En estos últimos años, de hecho, parece que ha habido un movimiento de espacios hacia el área metropolitana y la huerta.
- Es que tener un estudio hoy en día es complicado. Desde 2022 sobre todo se está viendo una evolución que es compleja, también en nuestro caso hay una cierta expansión hacia Monteolivete, un barrio aledaño.
- El festival Russafa Escènica mantiene el nombre pero ha expandido su acción por distintos espacios de la ciudad. Con esta mayoría de edad, ¿os planteáis crecer en otros espacios?
- En nuestro caso no. Es una de las premisas iniciales y queremos seguir manteniendo este espíritu. Una de las cosas que ponemos en valor es este barrio, que es apenas cinco kilómetros cuadrados y hay una densidad física impresionante. En el caso de Monteolivete tiene sentido porque si estiramos un poquito el brazo llegamos [ríe], pero hasta ahí vamos a llegar. Nos han llegado muchas propuestas para ampliar la bienal a toda la ciudad, pero no hemos querido. Creo que cada barrio tiene sus características y de hecho hay otros festivales.
- En este contexto se dibuja Russafart 2026 con el lema ‘Coto público de arte’, ¿por qué?
- Los lemas con lo que nos da la dirección para llevar a cabo el proyecto. Este año era muy importante precisamente por lo que hablábamos, por la tensión que existe en el barrio con respecto a la turistificación y la gentrificación. En el cartel presentamos un jaula, una jaula muy elegante, pero que delimita este coto que se refiere al límite geográfico del barrio. A su vez, la jaula tiene la puerta abierta, con lo cual entra la contradicción entre la limitación y esa apertura al público que hacemos nosotros, para que la ciudadanía pueda entrar y conocer los procesos de los artistas del barrio. Es una paradoja, un coto del que no queremos salir pero que queremos abrir y compartir.

- Taller Ultramarino. José Saborit. -
- En la naturaleza de Russafart está abrir esos talleres pero también otras sedes como la nave 3 del Parc Central que será uno de los puntos calientes de la programación.
- Esto para nosotros ha marcado un antes y un después, fuimos casi los que la abrimos y este año la volvemos a tomar con un proyecto audiovisual muy potente coordinado por el colectivo artístico Cisma Art, que a su vez ha implicado a otros colectivos, Tars Lab, Space Circles y al artista Solimán López. Van a tomar todos los espacios de la nave con una muestra inmersiva que creo que va a ser muy explosiva. Esta muestra de arte digital, además, será nuestra manera de cortar la cinta de esta nueva edición, en un espacio que queremos que se potencie como espacio de creación.
- Si volvéis a la nave en la siguiente edición tendréis un nuevo vecino, Manolo Valdés.
- Se han proyectado tantas cosas para esa nave, como la subsede del IVAM, que ya nunca se sabe qué es lo que va a pasar. Ojalá vea la luz lo de Manolo Valdés ahí, porque sería un buen proyecto tanto para el barrio de Russafa como para el proyecto del Parque Central que puede conjugar absolutamente todo esto.