EL MURO / OPINIÓN

Auditoría del desastre

La Sindicatura de Comptes ha vuelto a sacar los colores a más de una de esas instituciones a las que “se les fue la mano” con el despilfarro de lo nuestro. Pero nada pasará tras la tempestad. Aún así, los agujeros son más que negros para nuestros bisnietos

3/01/2016 - 

El informe anual de la Sindicatura de Comptes siempre ha sido un anticipado regalo de Reyes para los periodistas curiosos. Era y es un auténtico premio, como el Gordo de la Lotería, aunque en este caso al que le toca que se vaya preparando. Desgranar sus complejos informes era y continúa siendo una forma divertida de cubrir ausencias informativas en estas fechas tan anodinas de motivaciones periodísticas, turnos y desprecio informativo. Que este año, por otro lado, no es el caso. 

Leer los informes de la Sindicatura no es nada entretenido, pero cuando “pillas” algo el tiempo dedicado al enrevesado análisis de datos, observaciones jurídicas y cifras se convierte en un divertimento sin freno, aunque con el tiempo sus volúmenes acaben arrinconados pese a la cantidad de perlas que continúan escondidas y pasarán desapercibidas.

Y mira que si miramos y remiramos hay una cantidad de escándalos que a más de uno debería de llevarlo al trullo o, informativamente, a estar un año recibiendo latigazos. La vorágine informativa produce que las noticias duren sólo 24 horas. Y que los papeles y jaranas se olviden con otros papeles y otras nuevas barahúndas, como la de esos 2.590 millones de euros en facturas que nos dejaron escondidas en los cajones quienes tuvieron todo el poder del mundo, que diría Aznar. 

Sin embargo, y hablo desde la experiencia, la Sindicatura siempre ha sabido dónde mirar. Igual hasta con mala leche. Nunca ha sido pasajera, ni circunstancial, ni baladí, y menos casual. Pone el ojo en donde sabe que hay que ponerlo. No sé por qué. Que sí lo sé, aunque no lo voy a decir aquí. Pero igual es una cuestión de conciencia, esto es, intentar explicar lo inexplicable del día a día desde la razón y la objetividad, y no desde inconsistencia del discurso político que sería  un trauma desde la lógica de Montaigne

Y no es que ahora quiera rendir cierta pleitesía a la institución porque ya puestos todos sabemos dónde debería de mirar más a menudo y lo que no se mira. Tampoco pregunta, pero si persiguiera lo que los medios atienden a diario, o atendían, según se puede observar en sus conclusiones y organismos a revisar, sería un terremoto de escala nueve. Tarde, eso sí, pero llega al fondo que es lo importante, aunque a muchos ya no se les pueda pillar. Así que vamos a realizar labores didácticas. 

Esta semana, Valencia Plaza, como otros medios atentos al asunto,  han sacado a la luz infinidad de escándalos que esconden las páginas del nuevo informe: Cacsa, Fórmula 1, Auditori de Castelló, convenios de la sanidad pública, hospitales, cambalaches por doquier, entre otros muchos, que se han ido desgranando y se abordarán en el futuro inmediato. Hablamos del ejercicio 2014. 

En la parcela cultural, la institución ha puesto una de sus balas en CulturArts, el “holding” que fue creado casi al mismo tiempo que se abrían las investigaciones referidas a la auditoría. Y mira que anota observaciones de todo tipo. Vamos, más de dos o tres casi por página que alguien debería de analizar al detalle. Ya anotamos en su día que el ente fue creado para intentar abaratar gastos, redimensionar la función pública adherida, eliminar personal y poner orden en unas cuentas manirrotas por gestores a los que deberían abrir expediente. No culpo a los actuales rectores o a los que asumieron o crearon el “holding” por orden de la superioridad, sino a aquellos que nos trajeron estos lodos hasta su creación y un poco más.

Aunque las páginas hay que leerlas con mucha cautela, así, a bote pronto y para que se entienda, se me han quedado grabados dos de los muchísimos datos que apunta el documento pero que resumen el desmán:

  1. A/ Al cierre de 2013 los resultados negativos de ejercicios anteriores ascendían a 50 millones de euros.

  2. B/ El balance de pérdidas y ganancias en 2014 dio un saldo negativo de un alcance de 30 millones de euros

Si no me equivoco se ha reducido la deuda, vale, pero llegar hasta esa cantidad organismos autónomos que se suponen trabajan con un presupuesto cerrado tiene nombre. Así se han gestionado por aquí, con alegría y poco cerebro, nuestros impuestos. Y lo peor aún, con aquiescencia, oscurantismo e indiferencia absoluta hacia la ciudadanía de los máximos responsables políticos. Lo que os queda por pagar, queridos bisnietos.

Personajes e instituciones ilustres

José Lapiedra deja la secretaría de la Sociedad Filarmónica de Valencia después de no se sabe cuántos años en ella. Pero seguro que son casi cerca de veinte y quinientos conciertos negociados a precio de sociedad solidaria. Apenas quedan entidades civiles de esta naturaleza, ni personas como él. Los socios desaparecen, pero la Filarmónica ha hecho por la música en sus más de cien años de existencia todo aquello inexplicable de lo que muchos alardean  por ser eternos melómanos. Me duele su despedida. Personas sensibles, honestas y decididas en un trabajo altruista, a veces desagradecido, y con ganas de motivar a músicos y público apenas quedan.  

Ha hecho un trabajo ejemplar como alma máter en la sombra. No se puede dejar de lado por una cuestión de edad, intriga o decepción, a expertos de este nivel sean de cualquier color. Su inteligencia, persuasión y conocimiento no tiene precio. Él sabe que este comentario es sincero. Has hecho un trabajo modélico. Se ha de reconocer. Sí, ya sé que a muchos les va a molestar lo que digo. ¿Pero y qué?  

Remato. En mi homenaje a la sociedad civil, lo que desearía ver es un Círculo de Bellas Artes de Valencia rescatado de su agonía o al menos atendido y dinámico. Me consta que cada nueva junta directiva lo intenta, pero las dificultades son máximas. Su deuda de casi 1,4 millones de euros, a causa de una fallida operación inmobiliaria consentida, le complica el futuro desde hace años. Pero si algo no pierde el Círculo es ilusión. 

Hace unos días cambiaba su Ejecutiva. Entra nuevo aire nuevo, pero la situación es tan complicada que el paso de las semanas desanima. Y más cuando las órdenes de embargo te asfixian. Gerardo Stubig, Nassio Bayarri, Vicente Navarro “Farnós”, Lupe Tomás o Carla Alabau son algunos de los nuevos nombres de su cúpula. Creen que ganando muchos socios con una cuota de 15 euros al mes se salvaría la institución. Suerte a los recién llegados.

Pero como despedida quiero recuperar una frase de nuestra exalcaldesa, Rita Barberá, sobre la institución por la que desde finales del XIX pasaron o han pasado los grandes nombres de la historia del arte valenciano, esos mismos que llenan de plenitud los corazones de quienes viajaban al infierno editando lujosos y voluminosos catálogos e inauguraban exposiciones insustanciales en busca de la foto propagandística oportuna o como pago clientelista.

“Quiero un Círculo de Bellas Artes fuerte que recoja la naturaleza de su ser, que nos sintamos orgullosos de su actividad, de su historia y de lo que significa”, dijo en abril de 2014 por nota de prensa una decidida Rita Barberá tras una reunión que llevaba foto oficial incluida. Orgullosos sí, fuerte igual, aunque no se recuerde más de su colaboración. Igual ahora desde Madrid les consigue una subvención. Y si no, que alguien opte a no perder más referentes; sin ataduras impuestas por la demagogia a la que nos han tenido acostumbrados todos esos que la Sindicatura continúa mandando a un infierno llevadero, aunque aceptado. 

Allí nos vemos, pero no me esperéis despiertos. 

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