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'Beato Ripo'. el artista que escucha sus obras

Ripollés, el artista castellonense, continúa triunfando en China y Europa mientras es orillado en la Comunitat Valenciana, anatematizado por su amistad con políticos condenados por la corrupción como Carlos Fabra

17/06/2018 - 

 VALÈNCIA.- Ripollés se encuentra en su casa estudio en Mas de Flors. Este pequeño casco urbano de origen medieval es una pedanía de la localidad de Sant Joan de Moró (Castellón), ubicado geográficamente en la Rambla de la Viuda, a 180 metros de altura sobre el nivel del mar. La casona se halla junto a la plaza que lleva el nombre del artista. Para acceder a ella hay que bajar unos pocos escalones. La puerta está abierta. El cartero entra sin llamar. En el interior se encuentra Claudia Oaca, que está ordenando y limpiando. Recoge el correo. Claudia es la hija del guardés de la casa, Georghe. Rumano, oriundo de Cracovia, es la mano derecha del artista en el cuidado del campo y los animales. Claudia explica que Ripollés está en la cocina, ubicada en la planta baja que da a los huertos.

El artista, al oír que han entrado los visitantes que aguardaba, llama desde la cocina. «Aquí, aquí», dice. Acude a la puerta del comedor limpiándose las manos con una servilleta. Se disculpa. Acaba de terminarse una rodaja de sandía. «No había comido nada aún y anoche no me dio tiempo a cenar», se excusa. Conduce por la estancia amplia, donde al fondo se ve la cocina, abierta, conectada con el comedor, sin pared que les separe. En un lateral se puede distinguir una pequeña bodega donde atesora vinos de la tierra. Una pata de jamón serrano preside la encimera. Todo el espacio está decorado con un batiburrillo de obras de arte, objetos antiguos y elementos decorativos rurales.

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Son las once de la mañana. Ripollés lleva horas allí. Se suele levantar a las cinco y media en su domicilio, en Castellón, y se acerca a la casa estudio. En ocasiones se queda a dormir. No es el caso. «He aprovechado y he recogido un poco todo esto, que ayer estuvieron unos amigos todo el día y parecía que habían llegado los bárbaros», bromea. Una vez a la semana Ripollés convoca a sus amigos a comer en Mas de Flors. Algunos de ellos lo son desde hace décadas. A otros los ha conocido recientemente. A todos trata por igual.

* Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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