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DE QUÉ BARS, NANO

Bodega Valero

No hay que elegir entre las alcachofas y el rock

| 15/01/2021 | 4 min, 14 seg

1987 trajo cosas muy guapas, de verdad que sí. Nació Messi, a Sabrina se le salió una teta en fin de año, y estrenaron Arma letal, pero tal vez, para los barra lovers, lo más destacable fue que abrió la bodega Valero. Sitúate, al lado de la salida del metro de Ángel Guimerá que está donde lo de los colchones, y muy cerca de la carcasa del antiguo Alhambra, ahí la tienes.

¿Qué hace especial a la Valero? Pues yo te lo digo, nano. Que es muy auténtica. Es un bar del rock, de los de verdad. Mira, tú puedes poner "ROCK" en neones muy grandes en la puerta de tu local, colgar una Harley del techo, y luego servir hamburguesas de doce pavos, y vas a dar todo el asco, pero en la Valero, parece que todo el mundo viene de un concierto de Marea.

¿Has entrado alguna vez? Las paredes están cubiertas de fotos de la gente que ha tocado allí a lo largo de los años, mogollón de botellas, posters, hasta hay uno de Celtas Cortos de la época en la que Cifuentes tenía pelo.  


Vistazo a la barra...mmmm, diría que todo es casero. Carnes en salsa, tortillas, ensaladilla...

El chaval que está al lado mío sale con un plato de oreja que huele de putísima madre. Estoy tentado de pedirme uno, pero eso tiene que ser como la mamba negra, te lo comes, das 5 pasos y mueres por colesterol.

- Hola. Me pones, por favor, dos cervezas y un...¿Eso de ahí son alcachofas?

- Sí. Una bandeja entera. Compraditas de hoy. Ya es temporada y...¿Estás llorando?

- No... se me ha metido algo en el ojo -snif-. Ponme una ración, y un poco de eso y de eso otro.

Está sonando Gloria de Van Morrison, la camarera, una mujer con el pelo rosa y así como con sueño, nos trae las alcachofas, dos falafels y un plato de pollo en salsa.

El pollo me flipó. Receta completamente de abuela dicho en el mejor de los sentidos. Una salsa a base de verduras y hierbas, que seguro que metida en un bocata te deja el pan como una esponja. Un must.

Los falafel, a priori, no son algo que te suelas encontrar en una bodega. Llevan curry, que tampoco es una movida así castiza que flipas. Siempre que voy a un bar, desconfío de todo lo que no parezca cocinado por el cantante de Gabinete Caligari, pero en este caso, chico, me dio por ahí.

Venían con una ensaladita y una salsina de yogur, y fue para adentro tan ricamente. De hecho me fascina un poco que exista la combinación morro-falafel-Tina Turner sonando.

Las alcachofas, bueno, son alcachofas. Diría que fritas, pero es que me da lo mismo. Mi colega me miraba como los cowboys miran a los caballos abrevar.


Terminamos los tercios, buscamos a gente conocida entre el plantel de músicos que salen en las fotos, y hablamos de cuánto costaría un cuadro de Bowie de dos metros.

Luego, como siempre, me doy cuenta de que tengo más hambre que un perro pequeño, y me dirijo de nuevo hacia la barra con un contoneo sexy. Un tipo que se parece al cantante de Los Suaves pero con menos pelo, le está dando la brasa a la camarera. Va como muy contento para ser tan temprano. Me debato un poco entre la lástima, y el pensar "puto crack, me lleva dos de ventaja".

- Mira, sé que no debería, porque ya es por gula, pero ya que estoy, vamos a cabalgar al dragón. Ponme unas albóndigas.

Mientras camarera de pelo rosa está calentando las albóndigas, me ve mirar la tortilla .

- Es de espinacas y ajetes.

- Buena pinta, sí.

- Toma un trocito, no te quedes sin probarla.

Oh. La invitachione. Me sentí como el niño enfermo al que su ídolo deportivo le regala la camiseta en las gradas. Detallazo. Detallazo que solo tienen los grandes. Me volví para la mesa con unos tercios y la tortillica. Ahora suena Lola de los Kinks.

La salsa de la albóndiga pega un pelín en ácido, y la carne está súper prieta. Son casi del tamaño de una bola de drac. En la tortilla se nota que los ajetes han estado en aceite hasta que se han rendido y se han vuelto blandos y melositos.


Salimos como a unos 30 pavos. Me parece un espectáculo de sitio.

Cuando todo esto pase, un día anclaré codo en la barra de la Valero hasta que vayan a cerrar, y cuando suenen, por ejemplo, Los Rebeldes, cogeré al camarero que haya por las solapas y le diré "ya no hacen música como esta". Y entonces me derrumbaré y fingiré mi muerte.

Goza de amplio aparcamiento.

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