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la generación z copa la agenda cultural

Cero en conducta, matrícula en música: los 'enfants terribles' que han revolucionado la escena local

En tan solo un año, se han convertido en uno de los promotores más activos de la ciudad

6/12/2019 - 

VALÈNCIA. Todo empezó con Lewis Ofman, un 15 de noviembre de 2018. "Hey gente, venimos a hacer la revolución, esto surgió como una necesidad soñada colectivamente, nos convertimos en un sueño necesario y ahora estamos aquí. Lo que planteamos en este evento no es un concierto ni una fiesta, estamos creando un espacio y un entorno donde se produzca una escisión perfecta en vuestro interior. Hablamos de amor.", decían los recién creados Cero en conducta. Eran unos chicos de 22 y 23 años que tenían como máxima referencia las fiestas parisinas donde la música se acompañaba con un espacio escénico, decoraciones y la creación de una red joven vinculada al proyecto.

Ese 15 de noviembre de 2018 ocurrió exactamente lo que tenía que ocurrir, y ese fue el primer paso de otros muchos que el colectivo ha dado en tan solo un año. Con los 365 días cumplidos hace apenas unas semanas, toca hacer balance de un año "que ha multiplicado cualquier expectativa". El proyecto nació de la mano de tres jóvenes pensando en crear una plataforma para organizar eventos de electrónica, una aspiración que siguen manteniendo. Pero además, pronto encontraron un nicho de la música en directo en València que ellos podían llenar: "tratamos despertar nuestro nicho porque realmente, si no trajeramos a los artistas que intentamos traer, seguramente no vendrían", comenta Borja Pilato, uno de sus responsables.

La segunda fecha para la efemérides fue el concierto de Cupido, un 23 de febrero, pocos días después del lanzamiento de su primer disco, siendo València uno de los primeros bolos que hacían como grupo. Agotaron entradas y decidieron hacer un segundo pase un domingo por la noche. ¿Acaso la música en directo había muerto en València? "La gente está pendiente de lo que vamos a organizar porque programamos opciones muy atractivas, intentando traer a grupos inéditos, sin olvidar las contrataciones a DJs", explica Pilato.

Foto: SILVIA VILLAR/CERO EN CONDUCTA

Desde entonces, prácticamente todos los fines de semana hay uno o dos conciertos organizados por Cero en conducta. El público es una generación de jóvenes a los que siempre se les ha tachado de desinteresados por la música en directo, incluso de tacaños. En realidad, la agenda cultural había dejado de ser tan fresca (con brillantes excepciones) y las personas que tenían que tomar el relevo no habían sido invitados aún a la noche valenciana: "Nuestro público es gente que busca en los alternativo. Aquí lo que sucede es la generación más joven estaba muy enfocada en eventos como el Festardor y grupos como La Gossa Sorda. Nuestro reto es crear engagement a través de grupos que sean capaces de hacer mucho. No es fácil, hay que buscar artistas que no hayan visto, que sean buenos, que encajen en un estilo...".

Sobre esto último, los géneros, el proyecto también se ha abierto mucho: en lo electrónico, buscando más el house, el dancehall o el reggaeton -"géneros que han renacido"-; en los conciertos, exploran sonidos más psicodélicos o cercanos al folk. Su idea es seguir experimentando, "tantear muchos estilos y no cerrarse a nada". 

Después de un año de trabajo, su presencia en la agenda cultural y el músculo que muestran bolo tras bolo es más que notable: "nuestra sensación es que hemos hecho algo relevante por la ciudad, y por eso nos están empezando a reconocer tanto a nivel nacional como algunos promotores y agentes internacionales. El último ejemplo fue Surf Curse, que tuvo el doble de público aquí que en Barcelona. València empieza a tener una buena aceptación entre los propios artistas también".

Tampoco han notado, salvo alguna excepción muchas piedras en el camino. El mismo Borja Pilato destaca el apoyo que les han dado el resto de promotores locales: "Tranquilo, Oven, Alta Tensión... Todos nos han apoyado mucho. Para nosotros todo ha sido muy Do It Yourself, pero hemos aprendido rápido". Apretado un poco sobre si hay cierto paternalismo en la música, acaba confesando que "al tratar con personas de 22 y 23, la gente con canas a veces es complicada". "Nos ven muy inocentes, también porque se nota que buscamos hacer un buen evento antes que acumular mucho dinero con un bolo", añade.

El futuro

Si con tan solo un año de vida han llegado donde están, ¿cuál es el camino que se marcan? "Hemos tomado como referencia proyecto como el Dabadaba, sobre todo a la hora del trato con los artistas y los agentes. Nuestra forma de hacer las cosas nos ha abierto muchas puertas y creemos que es el camino a recorrer para ganarse la confianza de las agencias grandes y el apoyo institucional para ceder espacios, aunque aún nos queda mucho".

Y una pista que puede dar sobre cómo será la música en directo dentro de unos años, que ya apuntaban unas jornadas sobre festivales culturales celebradas la semana pasada: "El concepto telonero local y artista está anticuado. La gente busca experiencias más largas, como los microfestivales, y hacerlo en espacios abiertos, en los que la música no sea lo único que ocurra, sino que el evento sea una experiencia en sí. Nuestra línea es caminar hacia conciertos más grandes y potentes e ir dejando los más pequeños. Y el objetivo final sería hacer un festival pequeño urbano, a la sombra del Primavera o el Sónar, con música contemporánea y grupos clásicos".

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