¡de qué bars, nano!

¡¡CHE!! Taberna Vasca

Así, con dos exclamaciones. Todo rotundo.

| 17/09/2021 | 4 min, 18 seg

Ya comenté una vez que Reino de Valencia no era mi lugar favorito para ir de bares, pero por algún motivo, sigo sintiéndome atraído, como un lemming al abismo. Los humanos somos así, por eso miramos los accidentes o ponemos Telecinco. Al principio de la avenida hay un sitio bastante mítico que se llama ¡¡CHE!!, y que enseguida vas a saber que es vasco, porque en la tipografía del toldo, las "A" llevan la movida esa encima que parece un teléfono colgado, o una montera de torero.

La carta te la sacan en una pizarrita, ni QR ni hostias. Por delante, tienes los platos combinados y algunas tapas que entiendo que serán los hits, y por detrás, mogollón de mini raciones y...guau...¿Bacalao 5,50? ¿Esto es así? Vamos a empezar.

El camarero es un tremendo. Es de estos tíos que enseguida te sueltan una coña y se hacen contigo, y pasa uno por la calle y lo saludan. Muy máquina, nos recomendó varias cosas.

Empezamos con unas alhambras verdes y un par de copas de vino. Las copas llegan llenas hasta el mismísimo borde, lo que ya nos avanza que aquí no se andan con tonterías. Son como las novias de Nacho Vidal, les mola lo abundante.

¿Unas croqueticas? A por ellas. De pollo, tibias, generosas, miden cuatro o cinco bocaos. Me recuerdan un poco a las que hacía mi abuela, pero claro, como ese dato igual no os dice nada, os diré que hay nuez moscada y un leve dulzor al fondo, maybe producido por cebolla. La verdad es que la cocina de abuela está bastante presente en general, como cosa positiva, digo. Parecen croquetas de las que haces a mediodía y te comes por la noche y están mejor.



También, si vas a un vasco, es lo suyo pedir pimientos rellenos. Yo esperaba bechamel o  bacalao, pero de repente...hop, carne picada. Bueno, carne picada y contundencia, porque los pimientos, además de ser unos pedazos de pimientos como hormigoneras de obra, estaban rebozados en huevo, y vienen nadando en un salsote denso, que yo diría que lleva zanahoria, cebolla y caldo, pero poco tomate. Apreciación subjetiva. También percibo huevo duro por ahí en alguna parte. Ojo, no caigas en pedírtelo como si fuera una tapita, porque la ración es para un oso adulto.

Pensaba que el bacalao iba a petarlo más en la mesa, pero generó bastante indiferencia. Es igual, a mí me mola. No está salado, se separa en lascas, también está rebozado en huevo, y también lleva un salsote por encima, parecido pero no igual. Es curioso y poco común encontrarte tapas de pescado en los bares. No marisco, no cefalópodo, pescado, tengámoslo en cuenta también.

Sigamos. Alguien que estaba especialmente juguetón, pidió chistorra para todos. No hay manera buena de preparar chistorra, siempre el aceite rojo va a estar ahí para recordarte que eso va a la arteria. En este caso eran tamaño dedo, pero da igual. Yo me las salté porque venía lo bueno.



Las albóndigas. Una vez más el tamaño nos juega a favor. No te esperes esas canicas de carne acomplejadas y tristes que te ponen en Ikea, aquí hay suquet. Pedazo de albondigones del metal, cubiertos en una salsa que te diría que es la misma que la de los pimientos, pero que te va a dar igual, porque al lado hay pan y ya sabrás tú qué hacer. Buenísimas.

Por sugerencia del camarero máquina nos pedimos el pincho estrella del lugar, que son los cojonudos. Esto viene a ser un montadito de chorizo, con un poquito de pimiento rojo, y un huevo frito de codorniz encima. Vale, es curioso, porque este no tiene concepción de montadito, o sea, no hay una cosa sobre otra. Lo primero es que lleva un pan que es como de molde, que no procede para nada en un pintxo, y además creo que tostado con mantequilla. Lo segundo que los chorizos (picantes, yeah) están a los lados, flanqueando al huevo con el pimiento, como los hermanos Cano a Ana Torroja.

Antes de pagar, breve visita al interior. Manteles a cuadros verdes y blancos, ni un centímetro de pared sin su cuadro, algunos azulados por el tiempo, otros así sorollescos, cero postureo, no hay una esquina que te vaya a quedar bien en Instagram. Todo canta a naftalina. El temporizador de la luz del baño me obliga a hacer capoeira cada 10 segundos porque se apaga enseguida.




La cuenta al final fueron 110 pavetes, contando cafés y dos arroces con leche que ni fú ni fighters.

Oye...pues un espectáculo, de verdad que no le veo un pero.

Cocina casera, abundante, rica, barata, camarero maquinón. Me quedo con ganas de probar los bocadillos del almuerzo. Probablemente de los mejores bares de la contornada.

Goza de amplio aparcamiento.


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