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Chefchaouen, el pueblo más azul de Marruecos

Existe una ciudad donde todos los tonos de azul se entremezclan entre sí para guiarte por callejuelas estrechas en las que se asoman coquetas puertas. Se trata de Chefchaouen, la ciudad azul de Marruecos

27/11/2020 - 

VALÈNCIA.-Siempre estuvo en mi mente visitar ChefChauen (también conocida como Chauen o Xauen). Mucho antes de que se pusiera de moda en Instagram e incluso antes de que cogiera mi primer avión sola. Y lo fue gracias al cantautor Carlos Chauen, que tomó por apellido artístico esta ciudad —conexiones que tiene la vida—. Daba igual cuántos kilómetros recorriera, la siguiente parada en mi tour por Marruecos iba a ser esta cuidad, situada al noroeste, en las montañas del Rif. Tres horas y media de viaje —llego desde Fez— en las que descubro los trucos locales, como hacerte señas con el conductor que viene de frente para saber si hay algún policía pendiente de ponerte alguna multa. Y sí, las ponen y bien a gusto. 

Llego a ChefChauen a la hora de comer así que nada más entrar a la plaza de Uta al-Hammam escojo uno de los restaurantes que se asoma a la plaza para tomar una pastela y un té con menta. La comparto con un par de gatos que me miran con ojos de pena (soy una blandengue), pero también porque estoy más pendiente del trajín de los turistas que de ellos. Al poco seré una más en esa maraña de personas, dispuesta a entrar en ese laberinto de calles que conforman la medina. Antes, visito la Kasbah y con la tranquilidad de que nadie me espera paseo por sus jardines, subo hasta la Torre del homenaje —las vistas son muy bonitas— y visito el museo etnográfico. Al lado está la mezquita, pero la entrada solo está permitida a los musulmanes.

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Suena extraño pero cuando pongo un pie en esas callejuelas que parten de la plaza para adentrarse a la medina descubro realmente el encanto de Chauen y me da la sensación de que entro en las profundidades del mar porque paredes, suelos, mezquitas y farolas lucen esta tonalidad. Es como si todo el Pantone de colores azules se desplegara ante mis ojos. Me dejo llevar por mi instinto y recorro sus estrechos callejones, sus escalinatas irregulares y me detengo en cada uno de sus rincones, decorados con macetas de colores, mantas y collares cuyos colores contrastan con las paredes azules. Todo ello en un orden perfecto, algo insólito en las medinas de ciudades como Fez, Marrakech o Meknes, en las que reina el caos y el bullicio. Y sí, porqué no decirlo, la suciedad. 

* Lea el artículo completo en el número de noviembre de la revista Plaza

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