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Christian García Almenar, el valenciano que nos protege de los hackers

El valenciano Christian García Almenar decidió marcharse a San Francisco para cumplir un sueño y acabó liderando una startup de ciberseguridad que ahora ha comprado una empresa de la multinacional Dell

15/10/2019 - 

VALÈNCIA.- No son pocos los valencianos que han decidido salir de la ciudad en busca de oportunidades y retos, y ya son varios los que han dado con la clave del éxito. Entre ellos Christian García Almenar (1985), cofundador de Intrinsic, una empresa de ciberseguridad en Silicon Valley que evita que un posible hackeo de datos a empresas termine con una situación desagradable. «Era el típico niño que estaba siempre desmontando aparatos pero también me gustaba la parte de negocio. Desde pequeño leía mucho sobre Silicon Valley o Steve Jobs», explica. Ahora, la empresa VMware, propiedad de la multinacional Dell, ha comprado la compañía que lidera. «Es la culminación de un sueño», asegura.

García Almenar, quien estudió Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universitat Politècnica de València, decidió marcharse hace cinco años a Estados Unidos a terminar la carrera. Pero no, no fue directo a San Francisco y es que antes pasó por Nueva York, concretamente a The Cooper Union, una prestigiosa universidad en la que fue becado. Se trata de una de las pocas instituciones americanas de educación superior que ofrece enseñanza gratuita a todos los alumnos, por lo que también es una de las más selectivas de Estados Unidos, y acepta menos del 10% de las solicitudes que recibe. 

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Esta universidad fue fundada por un gran industrial del siglo XIX, Peter Cooper, uno de los empresarios dedicados a montar vías de tren en Estados Unidos para conectar el Este y el Oeste e incluso fue candidato del Partido Greenbanck. «Tiene una base muy fuerte en entender que todo debe ser muy multidisciplinar —señala—. Yo estudié Teleco y aun así me hicieron dar clases de arte y diseño porque creen en el poder de unir muchas disciplinas para poder generar mentes más creativas». Una fórmula que determina en gran medida la forma de pensar de los emprendedores formados en Estados Unidos.

«Fue un camino con muchos altibajos, como en cualquier startup, pero está siendo una experiencia maravillosa»

García Almenar decidió marcharse a San Francisco con su mejor amigo de la carrera, quien estudiaba en Stanford. Allí asistió a algunas clases para, al final, convertirse en cofundador y CEO de Intrinsic -antes GitStar-. Y es que la startup se basa en años de investigación académica en los campos de seguridad y sistemas de la prestigiosa institución. «Nos encontramos con unos papers muy buenos y pensamos que podíamos comercializar la tecnología que se había creado en la Universidad. Empezamos a evolucionarla para que se pudiera utilizar en empresas», comenta. Aprovecharon el conocimiento de un departamento del que ya habían salido empresas como Google, HP o PayPal y que permitía utilizar máquinas virtuales seguras para poder ejecutar código y que, en  caso de contener un virus, crear un cortafuegos. «Fue un camino con muchos altibajos, como en cualquier startup, pero está siendo una experiencia maravillosa», asegura.

Tras salir de la universidad no todo fue un camino de rosas, hasta el punto que llegó a dormir en el pasillo del piso donde vivía en el barrio de Mission por alquilar su habitación. «Me fui a San Francisco un poco a lo loco, a sobrevivir para intentar conseguir un sueño —reconoce—. Hay veces que no me llegaba ni para pagar el alquiler, porque allí son carísimos». Sin embargo, se ha convertido en una anécdota más dentro de un largo camino en el que también trabajó en el Media Lab, el centro insignia del Massachusetts Institute of Technology (MIT), y al que llegó de la forma más casual posible.

«Iba mucho por Boston y tenía unas prácticas en un banco de inversión —explica—. No me llegó el visado a tiempo y, de casualidad, conocí a un investigador del Media Lab en un autobús cuando iba de Nueva York a Boston. Nos hicimos bastante amigos y una vez estaba allí me quedé enganchado sin visado para trabajar en el banco, pero como tenía el de estudiante sí podía trabajar en universidades». Fue unas semanas a ayudarle con algunos proyectos y, cuando se abrió una plaza en un departamento, lo recomendó. «Fue una experiencia que me marcó mucho».

Tras más de siete años en San Francisco, este valenciano también se ha molestado en explorar los rincones más insospechados y descubrir, por ejemplo, que existe una calle entre Menlo Park y Palo Alto donde se asumulan cabañas en mitad de la naturaleza. ¿Quiénes l a habitan? Inversores de capital riesgo que gestionan millones de dólares.

Inversores ‘pata negra’

Fundada junto con David Mazières, Deian Stefan y David Rifkin, entre sus inversores más importantes está el fondo de capital riesgo Andreessen Horowitz. Previamente habían sido invertidos por sus propios profesores de Stanford. «Lo bueno de la universidad es que la mitad de los profesores tienen empresas e invierten en proyectos de muchos alumnos». A estos se unieron otros inversores que sumaron 3,5 millones de financiación en una fase seed.

García Almenar asemeja el funcionamiento de Intrinsic con la seguridad de un iPhone. «Tú te bajas una aplicación y antes de ejecutarla te pide permiso para acceder a tu ubicación, a tus contactos, a cualquier dato sensible que puedas tener, como tus fotos.  Como usuario tienes la potestad de decidir dónde no quieres que entre —explica—. Esas aplicaciones se ejecutan en una máquina virtual que permite, ante una aplicación mal escrita o con código malicioso para acceder a tus datos, cortar el acceso». Eso existía a nivel de teléfonos móviles pero no a nivel de servidores, que es donde está gran parte de la información sensible de las empresas. «Cada servicio web que tengas en tus servidores, si lo ejecutas en ese entorno, aunque te hackeen la aplicación, siempre vas a poner las reglas y determinar quién puede entrar y quién no».

«En el momento en el que consigues que algo funcione en Silicon Valley o California tienes cincuenta estados para expandirlo»

Cuatro años después de su fundación, han pasado a formar parte de una multinacional. «No tenía ni idea de cómo vender una empresa, pero creo que es diez veces más difícil la venta que conseguir financiación», reconoce. Sin embargo, sostiene que la compra ha sido de forma orgánica: «WMware es una empresa con la que estábamos muy alineados porque también había salido del mismo departamento de Stanford». Según explica, la parte más conocida de esta empresa es que permitía ejecutar un sistema operativo diferente dentro de otro. «Tú tenías un Mac y podías ejecutar Windows, y viceversa», señala. Un sistema que luego aplicaron a la parte de empresa permitiendo ejecutar cientos de programas en un servidor, ahorrando mucho dinero a las compañías. «Nosotros usamos un mecanismo similar aplicado para la seguridad», explica.

En este escenario, WMware decidió que quería invertir mucho más en seguridad, por lo que crearon una unidad de negocio dedicada a ella. «Tardamos casi un año en generar esa relación, compartir muchas conversaciones de futuro y asegurarse de que la unión hace la fuerza. Al final es bueno poder utilizar el músculo de una empresa tan grande para poder expandir tu producto», reconoce.

El CEO de Intrinsic considera que uno de los puntos más favorables de emprender en Estados Unidos es el tema cultural. «La gente está muy abierta a cosas nuevas, no les importa que cuestiones el statu quo, al mismo tiempo, hay mucha financiación y más tolerancia al riesgo», señala. Además, reconoce las virtudes de la dimensión del mercado estadounidense y de su homogenización: «En el momento en el que consigues que algo funcione en Silicon Valley o California tienes cincuenta estados para expandirlo», señala, sosteniendo que «esto te da mucha ventaja competitiva».

El nexo con el Burning Man

Pero la vinculación de este valenciano con San Francisco va más allá de lo empresarial y tecnológico. Alllí se topó de bruces con el Burning Man, un macroevento en Nevada que reúne a algunos de los artistas (y también millonarios) más destacados del país. Ante sus ojos, algo que le hacía sentirse como en casa: cuando el festival acaba, los ‘monumentos’ creados por familias, asociaciones o grupos de personas son pasto del fuego. Al día siguiente no hay rastro de la expresión artística.  «Como apasionado de las Fallas y la pirotecnia vi muchas similitudes», explica García Almenar. 

«Es la cultura de Silicon Valley manifestada en un evento —añade—. Siempre tenía el sueño de poder pasar más tiempo en València y ver cosas que se podían traer de allí a aquí. Todas las ciudades del mundo quieren montar un Silicon Valley, pero es una cosa única que ha nacido allí y no se puede replicar. Sin embargo, a nivel creativo, artístico y cultural hay muchas similitudes». Entonces, pensó en hacer una unión cultural y de valores que luego pudiera hacer una masa crítica que dé paso a otras oportunidades de negocio.

Con esta idea abordó al fundador del festival Larry Harvey y hablarle de lo que sucedía en su València natal. Una acción que terminó con un hermanamiento entre el festival y las Fallas que ha dado a conocer el cap i casal entre los asistentes al festival y que culminó con un monumento creado  por el  arquitecto Miguel Arráiz y el artista fallero David Moreno instalado en Nevada.  

* Este artículo se publicó originalmente enel número de 60 (octubre 2019) de la revista Plaza

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