Almudena Amor: "El cine se está dando cuenta de que el mundo no gira solo en torno al hombre"

Entrevista

Murcia Plaza Cultura

1 / 5
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

La actriz Almudena Amor estrena este viernes Ancestral, un thriller con elementos sobrenaturales que explora la maternidad, la herencia familiar y la violencia machista a través de varias generaciones de mujeres. Tras consolidarse como una de las intérpretes más prometedoras del cine español gracias a La abuela y El buen patrón, reflexiona sobre el momento que vive la industria, el auge de los personajes femeninos y una carrera que no quiere limitar al género del terror.

Pregunta. Presentas Ancestral, tu nueva película, que llega a los cines este viernes. Es una historia con un marcado componente feminista y en la que la violencia machista está muy presente. ¿Qué fue lo que más te atrajo del proyecto? Imagino que una película así se entiende mucho mejor una vez terminada que cuando solo existe sobre el papel.

Respuesta. Sí que me la imaginaba. Además, había algo muy interesante en el personaje que me apetecía mucho interpretar. Está todo su viaje como madre, la relación con su hija, el vínculo con ese grupo de mujeres... Mi personaje prácticamente no tiene un momento de calma durante toda la película. No dejan de pasarle cosas y, como actriz, eso es muy interesante porque te permite contar muchísimo a través del cuerpo, de las palabras y de todo el bagaje emocional que arrastra.

Luego, cuando me ofrecieron el proyecto, ya estaban confirmadas Luisa Gavasa, Emma Suárez, Consuelo Trujillo y Ana Fernández. En cuanto supe que ellas iban a formar parte de la película, para mí fue un sí rotundo. Son actrices a las que admiro muchísimo y poder trabajar con ellas era un regalo.

P. Carla sostiene prácticamente toda la película. Está presente en casi todas las escenas y atraviesa un viaje muy intenso. ¿Eso supone una presión añadida o prefieres llevar el peso de la historia?

R. Tiene las dos caras. Por un lado facilita las cosas y, por otro, las complica. Ya había protagonizado otros proyectos y había estado presente en la mayoría de las secuencias, así que no era algo completamente nuevo para mí. Sabía más o menos a qué me enfrentaba. En este caso, además, había un reto añadido: rodamos la película en solo quince días naturales. Eso exigía un nivel de concentración enorme.

Cuando eres protagonista recorres todo el viaje del personaje. Lo vas construyendo escena a escena y la historia acaba siendo muy tuya. En cambio, cuando apareces solo en unas pocas secuencias también existe otro reto, que es incorporarte a una energía y a un código que ya están creados.

Al final, el protagonista también marca el tono de la película y genera esa energía a la que luego se suman los demás personajes. Es una responsabilidad, claro, pero también tiene algo más sencillo porque estás continuamente dentro de la historia.

Eso sí, Ancestral exigía muchísimo. Había un nivel de intensidad emocional muy alto, una gran exigencia física y también muchos efectos. Era un rodaje lleno de retos, pero a mí me encantan los desafíos.

P. Hay algo que llama la atención al repasar tu carrera y es la presencia del terror. Da la sensación de que es un género que siempre termina encontrándote.

R. Creo que tiene mucho que ver con cómo empezó todo. Mi primera película fue La abuela, con Paco Plaza, y después he vuelto a trabajar varias veces con él. Cuando te ven funcionar dentro de un género, es normal que vuelvan a imaginarte ahí.

Ahora acabo de terminar de rodar una comedia que también me ha encantado y me apetece muchísimo explorar otros registros. Yo no quiero currar solo en un género; quiero hacer buenas películas. Me gustaría probar todos los géneros. Pero entiendo que, al haber empezado con La abuela, exista esa asociación y que el público me identifique con ese tipo de personajes.

P. Carla también funciona como los ojos del espectador. Sabemos muy poco sobre ella: apenas conocemos su pasado o a qué se dedica. La película parece interesarse más por la historia que por explicar quién es exactamente. ¿Eso dificulta construir el personaje o, por el contrario, te da más libertad?

R. Depende de la película. Creo que, cuando afrontas un proyecto, lo importante es saber qué tiene que contar tu personaje y por qué está ahí. En este caso hice todo ese trabajo previo junto a los directores. Imaginamos quién era Carla, cuál había sido su vida o a qué se dedicaba. Todo eso existía.

Pero, una vez empieza la película, lo importante era permanecer muy presente y acompañar al personaje en ese recorrido. Toda la historia arranca con una pregunta: por qué esa mujer está relacionada con mi madre y por qué me abandonó. A partir de ahí, tanto Carla como el espectador van encontrando respuestas.

Más que explicar su pasado con detalle, lo importante era descubrir poco a poco la historia de esa familia. Evidentemente, el dolor de haber crecido sin una madre está siempre presente y condiciona al personaje, pero la película necesitaba que ese viaje lo hiciéramos junto al público.

P. Ancestral habla también de la libertad, en este caso de la libertad de las mujeres. La sociedad ha cambiado mucho en los últimos años, aunque todavía queda camino por recorrer. ¿Cómo ves la situación actual? ¿Crees que hoy las mujeres son realmente más libres?

R. Creo que las mujeres llevan mucho tiempo luchando, igual que ocurre en la película, para que las violencias machistas no condicionen sus vidas y puedan desarrollarse con la misma libertad que cualquier otra persona.

Se ha avanzado muchísimo. Las generaciones anteriores han peleado para que hoy podamos decir cosas que antes no podían decirse, acceder a puestos de responsabilidad que hace unas décadas eran impensables y vivir con una libertad mayor. Todo eso existe gracias a esa lucha.

Al mismo tiempo, queda mucho camino por recorrer. Seguimos viendo asesinatos machistas, maltrato y muchas formas de violencia que demuestran que el problema está lejos de desaparecer.

Por eso creo que es importante reconocer todo lo que se ha conseguido, precisamente porque ha costado mucho llegar hasta aquí, pero también ser conscientes de que todavía queda mucho trabajo por hacer.

Creo que Ancestral habla precisamente de eso: de cómo la red de apoyo entre mujeres hace que las cosas sean más fáciles de conseguir. Una sola persona tiene muy difícil enfrentarse a todo un sistema. En la película son mujeres las que se unen, pero en la sociedad necesitamos que mujeres y hombres vayamos de la mano para acabar de una vez con esas violencias.

P. Compartes reparto con Luisa Gavasa, Emma Suárez, Consuelo Trujillo y Ana Fernández. Cuatro actrices con una trayectoria enorme y que, además, tuvieron que abrirse camino en una industria muy distinta a la actual. ¿Cómo ha sido trabajar junto a ellas?

R. Fue uno de los grandes motivos por los que acepté la película. Tenía muchísimas ganas de trabajar con ellas. Me encanta su imaginación, la forma que tienen de acercarse a los textos, sus miradas y su manera de construir los personajes. Son actrices con muchísima experiencia y una personalidad muy definida.

Además, creo que las cuatro tienen algo en común: cada una ha sabido encontrar su propio lugar sin renunciar nunca a quién es. Han construido carreras muy sólidas defendiendo su manera de entender la interpretación y eso me parece admirable. Las admiro muchísimo.

P. En estos años de carrera, ¿percibes que existe una mayor variedad de personajes femeninos? Durante mucho tiempo muchas mujeres quedaban relegadas a papeles muy concretos, como la novia del protagonista o personajes con poco recorrido.

R. Sí, creo que eso está cambiando. Y no solo en el caso de las mujeres. También ocurre con otros colectivos que durante mucho tiempo apenas tenían representación en el cine. Pienso en personas racializadas, personas no binarias... Creo que el cine se está dando cuenta de que, igual que la sociedad es diversa, los personajes también tienen que serlo. Es importantísimo porque muchas personas nunca han tenido referentes con los que identificarse y el audiovisual tiene una capacidad enorme para generarlos.

También creo que el hecho de que cada vez haya más mujeres escribiendo guiones, dirigiendo películas o ocupando puestos de responsabilidad ayuda a que esas historias se cuenten desde otro lugar. Permite hablar de problemas que quizá antes ni siquiera aparecían.

Creo que el cine se está dando cuenta de que el mundo no gira solo en torno al hombre, sino que somos muchas las personas que estamos aquí y nuestras historias también merecen ser contadas.

P. Al final, esa diversidad también enriquece las propias historias.

R. Claro. Es que eso es la vida. Lo extraño sería darle la espalda a la mitad de la población y contar siempre el mismo tipo de historias con el mismo tipo de personajes. Eso sí sería una limitación. Cuantas más miradas existan, más rico será el cine.

P. Se ha contado muchas veces que un desconocido, a la salida de una discoteca, te dijo que tenías cara de actriz y que aquello cambió tu vida. ¿Fue realmente así?

R. Está contado un poco fuera de contexto (risas). No decidí ser actriz por ese comentario. En aquella época estaba estudiando Publicidad y Diseño y me encontraba bastante perdida. Siempre me había gustado muchísimo el teatro. Había hecho bastante cuando era adolescente, pero nunca me había planteado seriamente que pudiera dedicarme a ello.

Aquella noche un desconocido hizo ese comentario y, aunque pueda parecer una tontería, me hizo pensar. Me di cuenta de que la única persona que había decidido que no podía ser actriz era yo misma. Sabía que era una profesión muy complicada y que vivir de ella no era nada fácil, pero también comprendí que ni siquiera lo había intentado.

Aquel comentario fue como un pequeño clic. Me hizo preguntarme por qué estaba descartando algo que realmente me hacía feliz. En el fondo yo ya sabía que quería ser actriz. Lo que ocurría era que lo veía como un sueño imposible y no como una posibilidad real.

P. A veces basta un comentario para hacernos replantearnos muchas cosas.

R. Sí. Era una persona que no me conocía de absolutamente nada y, aun así, eso fue lo primero que vio en mí. Además, coincidió con que yo ya había hecho algunos anuncios de publicidad y empecé a pensar que, si me daban esas oportunidades, quizá, con formación y trabajo, también podía llegar una película. Fue una suma de pequeñas cosas que terminó empujándome a intentarlo.

P. Tus dos primeros trabajos, La abuela y El buen patrón, tuvieron una repercusión enorme y te situaron muy rápidamente en el foco del cine español. ¿Cómo viviste ese salto del anonimato a festivales, premios y alfombras rojas?

R. Con bastante vértigo. Recuerdo perfectamente cuando me dijeron que las dos películas iban a competir en el Festival de San Sebastián. Evidentemente fue una alegría inmensa, pero al mismo tiempo pensé: "No sé si estoy preparada para esto". Al principio sentí bastante miedo porque era una situación completamente nueva para mí.

Después, una vez estuve allí, me di cuenta de que disfrutaba hablando de las películas. Los festivales y los premios también son una oportunidad para conocer a otros compañeros, compartir experiencias y celebrar el cine. Creo que el susto inicial tiene que ver con sentirte muy expuesta. Normalmente no estás acostumbrada a que tanta gente te observe y, de repente, te encuentras en un festival como San Sebastián, rodeada de fotógrafos, periodistas y público.

Yo, además, soy bastante tímida, así que al principio me imponía mucho. Con el tiempo entendí que esa también era una parte de mi trabajo. Cuando interpretas un personaje tienes un guion, pero en una entrevista hablas desde ti misma, desde lo que piensas y sientes. Ahí te muestras mucho más vulnerable. Ahora también disfruto de esa parte. Compartir las películas con el público forma parte de este oficio y, en realidad, es algo muy bonito.

P. Para terminar, vivimos un momento en el que la oferta cultural es prácticamente inabarcable. ¿Qué recomendarías a quienes lean esta entrevista? ¿Hay algún libro o alguna película que te haya marcado especialmente en los últimos meses?

R. Hay un libro que recomiendo muchísimo: Carcoma, de Laila Martínez. Habla también de la herencia familiar, de la brujería y de las historias de mujeres en un entorno rural. Me parece una novela preciosa y muy especial.

En cuanto al cine, últimamente he vuelto a revisitar toda la filmografía de Paul Thomas Anderson. Ya la conocía, pero me apetecía volver a verla porque es un director que me fascina. Y una película que me ha gustado muchísimo este año ha sido Pillion, de Harry Lighton. Me encantó.

También tengo muchísimas ganas de ver las películas españolas que han pasado por el Festival de Cannes y que todavía no he podido ver. La de Pedro Almodóvar sí la vi y me gustó mucho, pero tengo muchas ganas de descubrir las nuevas películas de los Javis y de Rodrigo Sorogoyen.

P. Después del recorrido que han tenido en Cannes, hay muchas ganas de verlas.

R. Totalmente. Y, ya que hablamos de recomendaciones, hace poco volví a ver Submarine. La había visto varias veces, pero volvió a enamorarme. Tiene una banda sonora maravillosa de Alex Turner y creo que es una película que mucha gente todavía no conoce. Siempre la recomiendo porque me parece muy especial.

P. Pues me la apunto para este verano.

R. Hazlo. Si te gusta la música, seguro que la disfrutas.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo