VALÈNCIA. La víspera del arranque del Festival de Cannes, este pasado 11 de mayo, preguntado en rueda de prensa por el despliegue del cine de nuestro país en el certamen, su director, Thierry Frémaux, se mordió la lengua y valoró que para juzgar una tendencia real hacen falta cinco años: “España tiene una fuerte presencia esta edición. Ahora, ¿es un rumbo pasajero? ¿Es un rumbo duradero? Ya se verá”. Acto seguido, pronunció unas palabras que hoy suenan a corazonada: “Lo que es seguro es que España siempre ha sido un gran país para el cine y ha mostrado una nueva vitalidad en los últimos años”.
El palmarés de anoche dio fe de ese nervio. Después de la concurrencia de dos títulos patrios el año pasado, Romería (Carla Simón) y Sirat (Oliver Laxe) —el segundo, además, con Premio del Jurado bajo el brazo—, este 2026, las opciones para replicar o sobrepasar el logro, se elevaban, porque eran tres los largometrajes a concurso en la Sección Oficial: El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen; Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar; y La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi.
A los contrincantes por la Palma de Oro se sumaba en Cannes Premiere María Martínez Bayona con The End of it, y Aina Clotet con su ópera prima Viva, en la Semana de la Crítica. Hace tres días llegaba la primera buena noticia, con el galardón a la revelación para la directora debutante. La segunda, hace dos, cuando la coproducción española con República Checa Rehearsals for a revolution se alzaba con el premio al mejor documental. La tercera fue una taquicardia en la gala celebrada anoche.
El desfile de directores y el elenco por la alfombra roja se reveló como una rotunda señal de que La bola negra había rascado algo en el palmarés. Después vino el desgrane de los premios. Conforme se iban fallando, más entidad iba adquiriendo el hito en el escalafón. En último término, fue el Premio a la Mejor Dirección. El tándem creativo engrosa ahora el grupo selecto de españoles laureados con este galardón, junto a Luis Buñuel por Los olvidados en 1950, y Pedro Almodóvar por Todo sobre mi madre en 1999.
Ensalada de directores
Pawel Pawlikowski utilizó la palabra desastre y al término de su discurso preguntó, medio en broma medio en serio, dónde estaba su premio. “Esto está pésimamente dirigido”, apostillaba. Cuatro realizadores se arracimaban sobre el escenario de la sala Lumière. Dos de ellos, Javier Calvo y Javier Ambrossi, abrazando y/o tomando de la cintura alternativamente a Xavier Dolan, que había sido el encargado de hacer entrega del premio ex aequo al responsable de Fatherland y a los de La bola negra. La sobriedad frente a la grandilocuencia; el blanco y negro en contraste con el barroquismo y un acercamiento fotográfico diferenciado para cada uno de sus planos temporales, pero ambas propuestas con la mirada puesta en las heridas supurantes del siglo pasado. En el caso polaco, la posguerra en la Alemania del telón de acero; en el caso español, la Guerra Civil. Sí. Otra películas sobre la guerra civil. Todas las que hagan (siguen haciendo) falta.
La bola negra es el título del manuscrito de una obra póstuma e incompleta de Lorca que hila las tres historias que se alternan en la película homónima, protagonizadas por otros tantos personajes gays en 1932, 1937 y 2017.

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“Es una metáfora de la vergüenza que nos meten dentro. Aunque hayamos conquistado ciertas libertades, es muy difícil quitarse el odio y el desprecio. Es una herencia atávica muy dura y el arte puede ayudar a que se vaya”, desarrollaba Calvo al grupo de periodistas españoles que han estado cubriendo el festival.
Ambrossi recordó al respecto que el origen del filme fue una conversación con Pedro Almodóvar en la que se percató de que nunca habían dado el protagonismo ni desarrollado a un hombre homosexual en sus proyectos. “Ni siguiera un beso entre dos chicos… ¿Qué era eso? Vergüenza. Como que no apetecía. Así que dijimos: “a sentarse y a hacerlo”.

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Los primeros jueces de Drag Race en ganar un premio en Cannes
Un tuit daba anoche en el clavo. En paralelo a la reivindicación de las identidades disidentes, de los cuerpos no normativos y de los derechos LGTBI, los Javis han hecho de la convivencia entre cultura popular y alta cultura normalidad. “Si no hubiera trabajado en Drag Race, no hubiera podido llegar nunca a escribir esa frase tan celebrada de Penélope: “El travestismo es la fantasía de la posibilidad y la guerra, todo lo contrario”. En Operación Triunfo aprendí a dirigir a actores nóveles y entonces, hicimos Veneno. En La mesías dirigí a niñas y a actrices en su primera vez frente a la cámara y ahora hemos trabajado con Guitarricadelafuente y otros debutantes -daba Calvo como ejemplos-. Me gusta investigar, rodearme de mi colectivo y enriquecerme. Cada paso del camino nos ha llevado aquí; nuestra intuición nos ha llevado aquí, y es algo que atesoro”.
Calvo no olvidó, ni en el discurso de agradecimiento ni en el encuentro con la prensa española, hacer referencia a los directores con los que habían compartido la gesta de esta edición en la Sección Oficial del festival. Su trabajo se ha basado, asegura, en la intuición, la experiencia y mirarse en el espejo de los grandes.

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“Almodóvar siempre va a ser el maestro y Sorogoyen es un absoluto genio”, ensalzaba Ambrossi para dar paso a que Calvo revelara cómo el director de El ser querido le había escrito por whatsapp en la mañana expresándole su alegría y su orgullo por saberlos parte del palmarés.
También tuvieron palabras de agradecimiento a Penélope Cruz, que en la cinta protagoniza un momento que ya es historia del cine, con su cupletera respondona que tras interpretar dos números musicales, termina subida a lomos de un tanque.
“Nosotros queríamos hacer una película grande. Queríamos demostrar que las historias LGTB no son necesariamente de nicho. Para nosotros era importante llegar a más gente y Penélope apareció para cumplir nuestros deseos como un hada madrina”, explicaba Ambrossi.
Según había publicado el medio especializado The Hollywood Reporter y en ese momento confirmaron los Javis, Netflix ha comprado los derechos en Estados Unidos de La bola negra. El gigante del streaming tuvo que pujar contra otras distribuidoras de calado, como A24 y Mubi.

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La dupla artística aclaró que en la negociación han presionado para que la película tenga una amplia ventana en salas y para que se respete su formato, con el anhelo de Calvo de que se proyecte en 35 mm en el cine de Quentin Tarantino en Los Ángeles, el New Beverly Cinema.
La que fuera antigua pareja sentimental asegura que van a seguir trabajando juntos. “Cuando han dicho nuestros nombres, nos hemos mirado y nos hemos dicho: un ratito más. Así que por lo menos un par de años”, se confiaba Ambrossi. A lo que Calvo aseguro que ya tiene ganas de ponerse a escribir y avanzó que su próximo proyecto será en inglés.
Pero antes de ese futurible, después de 15 minutos de ovación en el estreno, de los elogios de la crítica, del odio y el hype en redes, la pregunta ahora es cómo aguantar cinco meses hasta el estreno en España. Para aliviar la espera, Javier Calvo se ha puesto como deber preparar cuanto antes un tráiler.

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