VALÈNCIA. Él y ella no tienen nada en común y, sin embargo, la vida les ha cruzado en el mismo camino. ¿Será una broma del destino? ¿o tal vez una muy buena idea para un vídeo de YouTube? Él se llama Alejandro y es un gurú de la “machosfera” interpretado por Juan Dávila y va siempre acompañado por su hermano, interpretado por Óscar Lasarte, que le graba durante todo el día a través de sus gafas con cámara incorporada.
Ella se llama Mariela y es una escritora feminista, interpretada por Susana Abaitua, que está presentando en València su nuevo libro, Neruda, cállate tú, un alegato feminista que haría tiritar a todos los seguidores de Alejandro. Casi todos incels. Esta peculiar pareja es la protagonista de El último mono, la nueva comedia de Joaquín Mazón Lacasa (director de La familia Benetton y El caspolón) que ha sido rodada con València como telón de fondo y que llega a los cines el 7 de agosto.
Para reírse de aquellos que viven de ganar dinero aconsejando a otros hombres como “ser mejores y ligar con todas sin miedo” Lacasa compone esta comedia muy arriesgada en la que Alejandro intenta seducir en tres días a Mariela, su máxima rival en redes y probablemente también en la vida. Lo hace mientras emplea València como escenario, aprovechando su preciosa luz y poniendo a sus actores también a hablar valenciano de vez en cuando. “Esta película me la imaginaba en València. Cuando comenté el proyecto con Fernando Bovaira -uno de sus productores a través de Mod Producciones, tal y como destacó en la clausura de La Mostra de València- tuvimos claro que la ciudad tenía que ser protagonista”.
“Ya he rodado en Madrid, Barcelona y Bilbao y queríamos contar con un espacio lleno de luz y con los trabajadores de aquí. El equipo técnico ha sido una pasada y los extras han sido también increíbles. València es una ciudad que está muy bien situada en la narrativa y que no se queda por el camino, para nosotros el escenario tiene tanta importancia como un protagonista”, destaca el director de este film. Junto a él Dávila y Abaitua, sus protagonistas además de la propia ciudad, señalan que la película llega en un momento clave en el que el humor puede servir como herramienta para comprender los dos bandos que están representados en la película, dando siempre más peso a la narrativa feminista según destaca Abaitua.

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- Foto: LAIA LLUCH
“Es una película en la que nos lo hemos pasado muy bien y en la que, a través del humor, queda claro que intentamos crear conciencia a nivel social con la risa para que cale. Es una forma más suave de hacerlo y atrae a las salas”. Algo que para su compañero, Dávila, ha sido un gran reto al enfrentarse a la comedia desde el mundo del guion y no desde el de la improvisación, como suele hacer en sus shows. “Es muy raro enfrentarte a comedia desde un rodaje en el que tienes que repetir la misma frase una y otra vez. No hay nadie que se ría y pierdes la percepción del humor, pero luego que sí que funciona. Repetir en comedia es curioso, pero donde hay un buen director se encuentra qué es lo que hace reír al público”.
Abaitua, que está más acostumbrada a trabajar desde el thriller, señala que su trabajo en El último mono le ha ayudado mucho a plantearse el reto de jugar en un género en el que no está acostumbrada a entrar. “Es muy difícil hacer comedia y que funcione, en mi carrera suelo hacer más drama, pero esta película era una manera de demostrar de lo que soy capaz. Lo más importante es que trabajamos con Joaquín Mazón Lacasa, que es uno de los mejores directores de comedia en este país y que sus películas son un gran éxito, por eso quise probar cómo podía trabajar con él dentro de la comedia”.

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- Foto: LAIA LLUCH
Siguiendo a ambos protagonistas, aunque mucho más a Alejandro, Lasarte interpreta al bro del protagonista. Lo hace de una forma que su rol de secundario se torna casi principal al final de la película, un giro que el actor agradece desde el punto de creación de la historia: “Es un personaje con un arco muy definido y tiene la capacidad de hacer ver a su hermano que tiene que abandonar esa masculinidad tan tóxica para ser él mismo. Creo que Mariela y Alejandro son dos personajes que se necesitan para evolucionar entre ellos mismos, mientras se apoyan en quienes les rodean”.
Viniendo de Gila, una historia bastante más tragicómica, Lasarte señala que se siente feliz de hacer esta película en un momento en el que la película funciona “como protesta” y que lucha por lanzar un mensaje feminista al mundo: “Hacemos una película feminista y contamos una historia que hace gracia para que ayude a reflexionar. Está bien puesto el foco en la broma y El último mono deja esa estela de esperanza en que no estamos tan polarizados como parece. La película habla de una evolución, de un mundo en el que los protagonistas se encuentran y aprenden a escucharse a ellos mismos”. Y con esta idea, Lasarte señala que la virtud de El último mono es precisamente esa, que evoluciona, y que aprende a ponerse sobre sus dos patas y escuchar a los demás antes que seguir peleándose por ver quién se balancea mejor en la selva de la “machosfera”.

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- Foto: LAIA LLUCH