VALÈNCIA. La verdad es que no sé cómo comenzar esto. Nunca pensé que tendría que escribirlo. Hoy es un día de mierda, uno de mis mejores amigos ha muerto, y también ha muerto uno de los grandes críticos de cine de València, aunque él prefería definirse como bloguero. Hace nada nos ha dejado, Isaac Vicente Sánchez. Si alguna vez has ido a cualquier evento, especialmente cinematográfico, en la ciudad, lo has visto, no te quepa duda. Estaba en todo. Nuestra historia de amistad comenzó gracias a nuestro amor por el cine de terror. Habíamos hablado por Facebook de cine alguna vez, y nos conocimos en persona, ¿cómo no?, en un festival de género que se realizó en Alicante en abril del 2015. Yo estaba presentando el cortometraje de un amigo, él iba de público. Al terminar me acerqué hasta donde estaba sentado, junto a las escasas cuatro personas que estaban allí. Nos caímos bien. No podía pensar en ese momento que años después Isaac sería jurado del festival de terror que codirigí en Sant Vicent del Raspeig, Suspiria Fest, que estaríamos acreditados en todos los festivales de la ciudad o que comenzaríamos un podcast, Nebula 9, que no veían ni nuestras madres, pero nos hacía felices hablando de frikadas.
Isaac, como ya he comentado, tenía un blog. Un cuaderno de bitácoras que registraba toda, o casi toda la actividad cultural que se producía en València. Isaac asistía a todo: fuera un evento grande, mediano, pequeño o muy pequeño. En las entradas de su blog podías encontrar un artículo pormenorizado de La Mostra, pero también de un podcast al que solo habíamos ido él y yo. Cabía todo, porque Isaac, más que bloguero, era un cronista. Recuerdo la primera vez que nos acreditaron para un festival grande, era Cinemajove en 2015. Menudo subidón cuando me llamó diciéndome que ya tenía la acreditación. Y, además, en aquella edición hubo una sección de cine de terror clásico. Era nuestro primer festival grande en València acreditados, y estábamos en Viveros viendo Fright Night y Muñeco Diabólico. Casi nada.

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Cuando salíamos de un evento, ya fuera en la SGAE viendo una película, el Centro del Carmen con una charla o el Festival La Cabina, nos marchábamos a casa comentando lo que habíamos visto; aunque siempre acababa derivando en hablar de las películas de Marvel, DC o lo mucho que nos flipó John Wick. Ahora me doy cuenta, mientras lo escribo, que jamás volveré a tener esas conversaciones de horas muestras en medio de la calle mientras la gente nos miraba con extrañeza. A veces incluíamos a Star Wars, pero Isaac era de Star Trek y yo no controlo nada de eso, así que no podíamos hablar de ello. Isaac era un crítico de cine de verdad, analizaba las películas hasta el agotamiento y le buscaba las vueltas a todo. Si había leído un libro, que era algo que le encantaba, lo comparaba con la versión cinematográfica y te daba cien argumentos a favor o en contra. Era un fanático de Stephen King. Se había leído todas sus novelas. Cada vez que hablábamos de Jurassic Park, me contaba que se leyó el libro semanas antes del estreno, y luego había cosas que se habían dejado en la película. Era un hombre muy culto.
Siempre estaba dispuesto a todo. En un Suspiria Fest necesitábamos que alguien, quien fuera, se vistiera de Michael Myers para la presentación de un libro sobre la película Halloween, y ahí lo tenías vestido con el mono azul. Decía que Isaac era un gran crítico de cine, de los que cada vez escasean más, porque poseía una memoria enciclopédica, que además podía establecer similitudes o referencias entre películas casi al instante. Recuerdo una vez en una charla sobre un libro de carteles de cine, de nuestro amigo, Emilio Sanchís, que estábamos hablando de La Historia Interminable, decíamos que era mejor no volver a verla porque había envejecido muy mal. Nos preguntábamos adónde habrían ido a parar algunos de sus actores, de los que, por supuesto, no recordábamos los nombres. Isaac dijo los nombres y apellidos, qué películas habían hecho y cómo estaban ahora. Nos quedamos sin palabras. Alguno lo llamó, cariñosamente, Isaacpedia, él se reía.
Un día le dije que estaría bien dignificar a toda esa gente que hace críticas de cine por amor al séptimo arte como él. Enseguida se subió al barco de rodar un corto documental, Viviendo en un Festival de Cine. Creía de corazón que ese era el justo homenaje por todos sus años de trabajo no remunerado, pero tremendamente satisfactorios. Allí nos contaba por qué se había metido en esto de crear un blog y escribir. Isaac tenía el mejor trabajo del mundo: la prensa cinematográfica, y ella le dio muchísimas alegrías. Siento una enorme tristeza porque no le volveré a ver. No podré charlar de cine o de cómics, su otra gran pasión. Me viene a la cabeza que me prestó unos libros de la serie Castle, que le encantaba casi tanto como Buffy, para que los leyera mi madre. Los tengo en el pueblo, siempre que lo veía pensaba que se los tenía que devolver. Nunca lo hice. Eso ya no tiene ningún sentido. No nos llevamos nada físico de este mundo.

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Fuera del mundo del cine, Isaac tenía los amigos de toda la vida, a los que llamaba cariñosamente, La Cuchipandi. A mí me presentó a algunos. Ellos y yo estuvimos con Isaac en el hospital, siempre les estaré agradecido por ello. Los amigos de verdad son los que están hasta en los peores momentos. Isaac podía estar orgulloso de ellos.
Será difícil olvida la butaca que solía usar en la Filmoteca, que era como nuestra segunda casa, el sitio que escogía en las charlas de la Fnac para verlas bien o verle por los pasillos de los cines Babel en La Mostra saliendo de alguna sala. Su blog siempre estuvo abierto a todo el mundo. Presencié como algunos cortometrajistas le agradecían sus críticas en el blog (algo imposible en los grandes medios), como le regalaban libros o le enviaban los cortos para que los viera. No solo no había evento pequeño para nuestro cronista, tampoco había película pequeña. Recorrió todos los festivales de cine de València con una sonrisa y la programación aprendida a fuego para no perderse nada. Cinemajove, La Cabina, Dona i Cinema, Docs València, Labdeseries, el Festival Antonio Ferrandis, Butoni Fest, Maniatic Fest, FICIV entre otros muchos. En los últimos cuatro o cinco años quedábamos en nochebuena, o más bien, tardebuena, para tomar alguna caña y charlar ese día tan especial. Pienso que esa tradición ha llegado a su fin, y que mi vida será muy diferente sin mi amigo Isaac. Me pone muy triste pensar que ese día no me tomaré algunas cervezas con él en alguno de los escasos bares abiertos del centro.
Se queda un enorme vacío en los festivales y eventos de la ciudad. Isaac es una persona irrepetible y sus crónicas, un testimonio de la efervescencia cultural de la ciudad que él pudo vivir de primera mano. Siempre estaba el primero en la sala, en la rueda de prensa o para saludar a los actores y directores. El cine era su gran pasión, y pudo disfrutar de ella gracias, en parte, a su blog. Con ello conoció a mucha gente del gremio, hizo amigos y tuvo mil anécdotas. La última vez que lo vi en el hospital le dije que le quería mucho, él me sonrió. No podía saber que sería la última vez que vería a mi amigo. Le voy a echar mucho de menos. Ojala esté viendo algunas películas con Wes Craven, Ruggero Deodato y Juan Piquer Simón, al que siempre quiso conocer. Gracias por todo, amigo, nunca podré olvidarte.