Los 'autodefinidos' de la cultura: Javier Pérez Alarcón en tres películas

Cine

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VALÈNCIA. Una obra propia, una que le ha marcado y otra que le gustaría haber hecho para dar forma a un reto: autodefinirse en tan solo tres piezas. Desde Culturplaza proponemos a diferentes agentes culturales valencianos jugar a los autodefinidos para conocer mejor su trabajo, gustos e inquietudes, y todo ello a través de las piezas (propias y de otros) que mejor captan su esencia. 

En esta peculiar biografía los artistas se ponen frente al espejo para describirse a través del arte que les rodea. 

Hoy juega a los ‘Autodefinidos’ el traductor Javier Pérez Alarcón.

Una obra propia

- ¿Qué trabajo encapsula mejor tu esencia?

-Yo, traductor.

Precisamente no es una traducción (ahí creo que me quedaría con mi traducción para doblaje de Pobres criaturas, de Yorgos Lanthimos), pero Yo, traductor está recién publicado por Fandogamia, ilustrado por Raúl Salazar y guionizado por servidor, es un ensayo en formato cómic cargado de humor en el que disecciono el oficio del traductor para acercarlo al gran público mientras de paso le meto mucha caña a ese robo a gran escala que es la IA generativa. Tiene muchas de mis filias y fobias: referencias intertextuales cinematográficas, literarias y musicales, café, desprecio a los tecnocuñaos… Un volumen de 148 páginas donde lo he dado todo y Salazar lo ha ilustrado a las mil maravillas.

Una obra prestada

- ¿Qué pieza de otro creador te ha marcado?

-Ladykillers (Ethan y Joel Coen, 2004, traducida por Josep Llurba y ajustada por Gonzalo Abril).

Mi traducción para doblaje preferida de todos los tiempos, que ya me llamó la atención siendo un chaval de 13 años y pico y que me sigue maravillando cada vez que vuelvo a ella. Respeta a la perfección la variedad de idiosincrasias e idiolectos de los personajes y traslada estupendamente a nuestro idioma lo relamido del esteta personaje de Tom Hanks y la calle del gualtrapa al que da vida Marlon Wayans. Como traductor, aspiro a poder rozar con los dedos un trabajazo como el de Llurba y Abril en esta infravalorada cinta de los Coen.

Una obra soñada

- ¿Qué obra de otro creador te habría gustado hacer?

-Megalópolis (Francis Ford Coppola, 2024, traducción de Dani Solé, ajuste de Tommy Salau).

Como cinéfilo, traducir una película de uno de los grandes directores vivos sería un lujazo (uno que ya tuve el honor de disfrutar con Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson), pero es que además Megalópolis va más allá del reto medio de traducción por su mezcla de discursos clásicos, latinajos y diálogos que rozan el delirio. No puedo decir (sin mentir) que sea una gran película, pero sí puedo decir que me lo pasé estupendamente viéndola porque es, sin duda, una obra única en su especie e irrepetible, y me alegra que Coppola pudiese darse el capricho tras décadas dándole vueltas. Habría sido complicado traducirla por lo mentado anteriormente, ¡pero qué placer sería haberla traducido!

 

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