Cine

'Pillion': ternura, sexo y cuero

El británico Harry Lighton debuta en el cine con un romance sadomasoquista entre un motero y un tímido guardia de tráfico

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VALÈNCIA. Suena el rugido amenazante de una moto de alta cilindrada y acto seguido, la audiencia deja de prestarle atención porque en el interior del coche donde empezamos a viajar con el protagonista de la película se superpone el clásico sesentero de la cantante italiana Betty Curtis Chariot, que es puro optimismo El arranque del drama romántico Pillion es una declaración de intenciones. En su ópera prima, Harry Lighton se dispone a relatar una historia de amor sadomasoquista entre un motero de hechuras vikingas y un tímido guardia de tráfico, cantante de coro en sus horas libres.

“Reflexioné mucho tiempo sobre como tratar de invitar al público a este mundo en los primeros 10 minutos de la trama y hacerles sentir bienvenidos y cómodos, en lugar de ahuyentarlos de inmediato o mantenerlos a distancia”, secundaba el director debutante durante la pasada Seminci, donde la película tuvo su puesta de largo en nuestro país.

Tras esa vaselina pop, ya llega la primera escena que puede confrontar al público, un encuentro de sumisión sexual en un callejón oscuro, pero para entonces, como el protagonista, ya hemos caído de rodillas ante una trama que se va revelando tolerante y tierna.

Otro tanto hizo Alexander Skarsgård, que se involucró tanto como actor como en calidad de productor ejecutivo en este debut de bajo presupuesto. Lighton comparte que lo eligió por un par de razones obvias y una serie que le había revelado su vis cómica y juguetona.

De tocapelotas de los Roy a amo de Pillion

Por un lado, se sentía preocupado porque la temática acotará Pillion a un público de nicho, ya que es “un raro ejemplo de actor que realmente abarca tanto lo comercial como el cine de autor”. El sueco podía ser un buen reclamo para que la población no interesada en el BDSM curioseará en la película, desde sus 1,93 metros y su apostura, impacta en la gran pantalla “como un dios”, en palabras del realizador.

Por otro, había reparado en su imprevisible magnate tecnológico Lukas Matsson en las temporadas tres y cuatro de Succession: “Me dejó alucinado en la serie, su personaje domina psicológicamente a los hijos de la familia Roy, y me pareció interesante ver a alguien que se parece a Alexander siendo dominante psicológicamente en lugar de físicamente”.

Ese contraste era clave para construir al motero dominante de la película, Ray. Lighton no quería limitar el personaje a su atractivo: “Necesitaba una fachada hermosa pero también inteligencia psicológica y profundidad”. Frente a Alexander, el personaje interpretado por Harry Melling, conocido del gran público por otra saga, pero en este caso, familiar y cinematográfica, Harry Potter, funciona como su reflejo invertido, un tipo solitario e introvertido, fuera del encuadre y de la conversación, Colin, que puede pasar desapercibido en una conversación y, sin embargo, resultar magnético. “Mi esperanza era que eso creara una química en la que parecen polos opuestos, pero en realidad hay algo que los une”.

Pillion adapta, muy libremente la novela de Adam Mars-Jones Box Hill, publicada en 2020, pero traslada la acción de los años setenta a la actualidad, comprime su argumento a un solo año y acerca la edad entre sus protagonistas. La ópera prima se alzó con el premio al mejor guion en la sección Una cierta mirada de la pasada edición del Festival de Cannes, el de mejor actor a Harry Melling en la Seminci, y fue la gran triunfadora en los Premios del Cine Independiente Británico, donde se hizo con el galardón a mejor película británica y a guion revelación.

Su director tenía como experiencias previas trabajar en diferentes proyectos para Oliver Hermanus, como asistente de dirección en Living (2022), como director de la segunda unidad en la serie de SkyShowtime Mary & George, y firmar el guion de su biopic de próximo estreno sobre tAlexander McQueen.

Aunque la película incluye elementos potencialmente dramáticos, como la enfermedad de la madre de Colin o la fricción familiar que genera su relación, Lighton decidió rebajar el peso de esos conflictos para que no despistaran de la historia central. “Hubo borradores del guion en los que profundizaba mucho más en el cáncer, pero el largometraje se volvía demasiado denso. Terminaba siendo más sobre la relación de Colin con su madre que sobre la relación con Ray”.

En su lugar, jugó deliberadamente a darle la vuelta a uno de los arcos más habituales del cine queer, en Pillion los progenitores evolucionan de la aceptación al rechazo por el elemento de cuero y dominio: “Me interesaba tener a unos padres increíblemente comprensivos que luego empiezan a cuestionarse si el novio que su hijo ha encontrado es realmente el adecuado. Plantea preguntas interesantes sobre hasta qué punto los mayores proyectan sus propias ideas de lo que es bueno o malo en su prole y les niegan la autodeterminación”.

El mejor lubricante para una orgía

La cinta habla, en última instancia, de la familia que uno elige. Para documentarse, Lighton pasó un fin de semana con un club real de moteros gays, el Gay Bikers Motorcycle Club (GBMCC). Su objetivo era experimentar en primera persona lo que significa ser un “pillion”, el pasajero que viaja de paquete en una moto.

La experiencia le resultó increíble: “Lo principal es que descubrí que me duele la espalda, así que no sería un muy buen pasajero”. Pero más allá de esa asunción y de las visitas al fisioterapeuta, el contacto con aquella comunidad le resultó muy valiosa. “Había como 70 de ellos alojados en el hotel al que fui. Al principio tardaron en hablar conmigo, pero cuando lo hicieron descubrí personajes increíbles, de esos que jamás encontrarías en un casting”. Obviamente, el realizador les propuso que participaran en la película.

Muchos terminaron participando en el proyecto y se convirtieron en asesores improvisados para los actores. Tanto Harry como Alexander acudían a los extras para preguntarles aspectos muy concretos, tipo cómo limpiar una moto, el tipo de lubricante que utilizarían en una orgía y cuestiones sobre la cultura kink, una modalidad sexual que abarca tanto BDSM como fetichismo y juegos de rol, prácticas basadas en la comunicación abierta y el consentimiento mutuo.

El resultado, dice el director, ha tenido una consecuencia inesperada: “Ahora vienen a las alfombras rojas vestidos de cuero, muy orgullosos, hablando de la película a toda su comunidad. Eso me hace sentir que el acercamiento fue respetuoso”.

Aun así, Lighton es consciente de que la representación dentro del propio cine queer sigue siendo limitada en lo que respecta al género, con predominio de hombres blancos y homosexuales. Durante el proceso de casting comparte que se planteó diversificar el grupo de moteros, pero terminó descartándolo por razones narrativas. “Si introduces, por ejemplo, mujeres en las escenas de orgía, se abren muchas preguntas nuevas sobre las dinámicas de poder de género que el filme no estaba intentando explorar”.

El ni quiero ni puedo ser Karl Ove Knausgård

Eso no significa que no le interese ver esas historias en pantalla. En la conversación menciona un club británico de moteras lesbianas, Dykes on Bikes, y bromea con una posible continuación. “Quizá Pillion 2 sea su versión lésbica, aunque probablemente debería dirigirla una mujer”.

El humor se cuela en pequeños detalles de la propuesta. Entre otros, el libro que Ray lee en varias escenas, Mi lucha, del escritor noruego Karl Ove Knausgård, editado en nuestro país por Anagrama. Lighton lo eligió por dos motivos, como broma visual y por ironía respecto al carácter del motero al que encarna Skarsgård.

Al inicio Ray está leyendo el primer volumen y al final, ya va por el cuarto, mientras que Colin ha empezado a imitar sus hábitos de lectura y está arrancando con La muerte del padre, el que inicia la hexalogía.

El guiño viene del hermetismo del personaje del motero, quien no revela nada sobre su identidad a lo largo de la trama, mientras que Knausgård es prácticamente el referente mundial de la autoficción, alguien que expone cada pequeño detalle de su vida en sus libros.

La elección, termina Lighton, le resultada divertida por el contraste: “Nos encontramos ante un tipo que carece por completo de historia personal y está leyendo a alguien cuya obra consiste precisamente en contar todos y cada uno de los detalles de su vida”.

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