crítica de concierto

Comienzo de temporada del Palau de la Música al ralentí

21/10/2022 - 

VALÈNCIA. La velada, que suponía el primer programa de la temporada de la Orquesta de Valencia, se desarrolló en un teatro Principal completamente lleno, en buena parte por el reclamo que siempre supone la veterana pianista del país vecino. Por los aplausos cosechados por quienes comparecieron es fácil deducir que el público se fue a casa satisfecho y la “inauguración” significó un notable éxito. La obra que abría esta nueva temporada significaba un estreno para nuestra formación. El despertar de Jacob, compuesta por el maestro polaco recientemente fallecido, Krzysztof Penderecki, que por la escritura que presenta al inicio, como acertadamente indica Justo Romero en sus muy interesantes notas al programa, parece que esta intensa música no sólo nos habla del despertar de Jacob sino también del sueño del que proviene. Sin duda una buena traducción por medio de un excelente control de la masa orquestal por parte de Liebreich y, por tanto, un prometedor inicio del concierto que quizás nos hizo albergar unas esperanzas que no se vieron del todo satisfechas. 

María Jôao Pires ha sido una de las grandes pianistas del último medio siglo y una de sus piedras de toque es, sin duda, Mozart, además de Schubert o Chopin. A decir verdad, no me gusta ni mucho menos todo lo que hace la pianista portuguesa, por ejemplo su amanerado Bach, pero hay que reconocer su grandeza y su enorme carrera. Su cierta propensión a la “romantización” de parte del repertorio que aborda no la veo la mejor opción posible. Los dedos de la Pires no corren como antaño pero su musicalidad y pianismo siguen siendo sólidos, al menos en este repertorio. No fue una lectura referencial la ofrecida por la la Orquesta de Valencia y la solista lusa del concierto mozartiano K488. Sí que percibí una lectura menos tendente a la romantización y más cercana al clasicismo por medio de una mayor separación de las voces y una pulsación menos “ligada” y un menor uso del pedal. 

Pires, si bien todavía conserva hechuras de gran maestra del piano, sus prestaciones  técnicas no son las mismas que antaño, se aprecia cierta falta de frescura general y sus dedos no corren como en sus últimas visitas al Palau de la Música, echándose algo en falta limpieza y un sonido más perlado. Lo mejor del concierto, un adagio “cantado” con introspección, clase y belleza y contestado con arrobo por la orquesta. Liebreich a pesar de mostrarse entusiasta desde el podio no encontró toda la intensidad que demandaba de sus músicos. Excelente la trompa de María Rubio y el fagot tanto en el adagio como en el Allegro assai que cierra el concierto. 

La segunda parte se abrió con la excelente la obra de Panufnik “Landscape”, compuesta en la primera mitad de la década de los sesenta, que la cuerda de la Orquesta de Valencia supo traducir de forma notable recreando la atmósfera contemplativa y melancólica del paisaje polaco imaginado desde la distancia por el compositor.

De Mozart se dice que su dificultad se centra en lo expuesto que está el músico o el cantante. En esta obra maestra de Stravinky, Pulcinella, insertada en su período neoclásico, se conjuga la exposición mozartiana y la dificultad intrínseca de la música del compositor de origen ruso. Se trata de una suite de gran dificultad para llevar a buen puerto pues ha de conjugar una labor de conjunto llena de escollos y numerosas intervenciones solistas no menos complicadas. Seguro y más que correcto se mostró el violín de Enrique Palomares en la sinfonía y en el resto de movimientos en los que su presencia es requerida. El oboe se mostró con el lirismo y la melancolía que demanda la serenata, pero, pesar del gesto claro de Liebreich, en el Scherzino ya se pudieron observar algunos desajustes en los cambios de ritmo, acentuados en la segunda parte del movimiento, a pesar de la buena actuación de los primeros atriles. Volvió cierto orden en la tarantela, aunque le faltó más contraste dinámico y “calor”. En el Duetto estuvo excelente el trombón de Rubén Toribio al igual que en Minuetto final junto con Enrique Palomares. Dicho esto, no fue una lectura en la que todo está en su sitio con el orden y meticulosidad que demanda Stravinsky, por lo que, sin ser a fallida, sí que mostró ciertas carencias de conjunto e individuales que en una obra tan expuesta como esta, salen a relucir de forma clamorosa. Quizás sea “eso” que tienen los comienzos de temporada.


Ficha técnica

19 de octubre de 2022

Teatro Principal 

Obras de Penderesky, Mozart, Panufnik y Stranvinsky

Maria Joao Pires, piano

Orquesta de Valencia 

Alexander Liebreich, director musical 

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