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LA CRISIS DE À PUNT

¿Competir o no competir? He ahí la cuestión

El principal problema de Á Punt es la falta de audiencia. La cadena ha recurrido a L' Alquería Blanca para evitar la sangría... con poco éxito

29/05/2019 - 

VALÈNCIA.- Pese a nacer en junio de 2018, no fue hasta octubre cuando À Punt comenzó a analizar sus audiencias para televisión mediante un acuerdo con Kantar Media, la empresa de medición que trabaja para todas las televisiones en España. Resultan totalmente comprensibles los argumentos oficiales de que, comenzando de nuevo y desde cero, la nueva televisión pasara muy desapercibida en los audímetros el primer mes, con un discreto 1,2% de media. Datos esperables tras cinco años desaparecidos del mando a distancia; en pleno boom en cuanto a atomización de las audiencias; y con un regreso tal vez no lo suficientemente promocionado.  

Siete meses después, tras una campaña publicitaria de mayor notoriedad, tras haber realizado las primeras retransmisiones de las Fallas de València que históricamente, en la extinta Canal 9, recogían excelentes resultados, y pasando por alto sus primeros tres meses ‘medibles’ del 2018 (justificados porque el ente estaba aún engrasando su maquinaria), observamos que, con los datos de abril en la mano (1,9% de share), en lo que llevamos de 2019 À Punt se sitúa en una media de 1,7% (Gráfico 1).

Hay que apuntar de forma sucinta la influencia de las retransmisiones especiales de las Fallas de València en el incremento de audiencia media de marzo; y, desde el mes de febrero hasta la actualidad, la aportación en el share de las reemisiones de L’Alqueria Blanca, el producto de más éxito de la desaparecida Canal 9 (con cuotas, por entonces, por encima del 25% y más de medio millón de espectadores). Su actual reemisión diaria en la franja de sobremesa, desde el pasado 19 de abril con capítulo doble, ha logrado importantes picos de audiencia en algunas jornadas. Sirva como ejemplo el dato del pasado 22 de marzo (con 95.000 espectadores y 7,1% de cuota) o el del 29 de abril  (con 85.000 espectadores y una cuota del 6,9%). 

En consecuencia, el conjunto de la media mensual de À Punt se ha visto beneficiada por la aportación de una serie que, pese a tratarse de una reposición, se ha situado desde un 1,8 hasta 3,2 puntos por encima de la media mensual de la cadena. Con el consiguiente empuje, además, para el resto de programas (Gráfico 3).

Irremediablemente hay que hacer balance, y más cuando se debe rendir cuentas al ciudadano. Es el momento de desempolvar, del Diari oficial de la Generalitat Valenciana, el Contrato Programa publicado el 1 de junio de 2018 entre el Consell y la Corporació Valenciana de Mitjans de Comunicació, donde se hacía alusión a «obtener unos índices de audiencias adecuados». Según se indicaba en el boletín, en el primer año se consideraría «como objetivo, en la generación de audiencias, la media aritmética de las cuotas de las cadenas autonómicas de reciente creación, ponderada por sus respectivos presupuestos por habitante». Un galimatías, lleno de imprecisiones que, con ayuda de expertos, vamos a interpretar.

Para realizar el cálculo, en primer lugar, consideramos como «cadenas autonómicas de reciente creación» a Aragón TV, IB3, Extremadura TV, la Televisión Asturiana (RTPA), la de Murcia (7TV) y la valenciana À Punt, puesto que son las cadenas autonómicas nacidas a partir del 2005-2006. 

En segundo lugar, calculamos el presupuesto por habitante de cada una, gracias a los datos oficiales de sus presupuestos en 2018 y sus correspondientes datos de población, extraídos del INE del 2018. No será la primera vez que lean que, efectivamente, À Punt le supone a cada ciudadano una cifra bastante discreta (la segunda por debajo) si lo comparamos con el resto de televisiones autonómicas de reciente creación: 11,08 euros por habitante (Gráfico 4).

El problema del coste

Sin embargo, como bien deja entrever el Contrato Programa, no es lo mismo un coste por habitante alto, cuando las audiencias son también altas, que cuando son bajas; o, por el contrario, un coste por habitante bajo, cuando dicha televisión la ve gran parte de la población o tiene audiencias marginales. De ahí que se busque una fórmula para vincular los resultados de audiencia a los presupuestos por habitante, marcándose como objetivo el alcanzar la media «ponderada», en vez de la «aritmética» del conjunto de estas televisiones.

No obstante, tal y como se muestra en el Gráfico 2, pese a que la media aritmética de audiencias en lo que llevamos de 2019 (enero-abril) es del 4,6% de share, si ponderamos la cuota de cada una de las televisiones citadas y su  presupuesto por habitante, la media ponderada resultante es todavía más difícil de alcanzar: un 5,4%.

Si la intención del Contrato Programa es tratar de compensar la suposición razonable de que cuanto más dinero se invierte (y más caro, por tanto, sale a cada ciudadano), más audiencia se obtendrá, tal vez debería hablar casi mejor de ponderación inversamente proporcional al coste por habitante; aun así, la media resultaría ser de 3,8% y À Punt tampoco cumpliría el objetivo marcado para el primer año.

Para compensar el coste que una televisión autonómica tiene para el ciudadano y el grado de satisfacción que genera, medido en términos de audiencia, quizás deberíamos establecer otro indicador, como puede ser el coste que tiene cada punto de audiencia por ciudadano, es decir, cuánto le cuesta un punto de share a cada ciudadano en su comunidad. Así estaríamos relacionando la cuota de pantalla con el coste por habitante. El gráfico 5 es muy claro.

El punto de audiencia de la televisión autonómica de las Islas Baleares es un 46% más caro que el de À Punt. Pero es más llamativo aún el indicador de la televisión valenciana en relación al resto, ya que se encuentra entre un 67% y un 84% por encima de las demás autonómicas con las que el Contrato Programa ha decidido compararse. Un dato, sin duda, preocupante.  

* Este artículo se publicó originalmente en el número de mayo de la revista Plaza

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