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"todavía cuesta" que las concejalías les tengan presentes

Consol Castillo: "Los pueblos de València estaban en situación de resistencia"

Foto: KIKE TABERNER
8/10/2018 - 

VALÈNCIA. Es la voz de la experiencia. Es una de las supervivientes de la travesía por el desierto de la izquierda en la ciudad de València. Han sido 24 años en los que se ha acostumbrado a que cuando protestaba, nadie la escuchaba; la gente veía pero no miraba. Cuando a nadie le parecía mal la Copa América, ella preguntaba por las cuentas. De una forma más notoria o simbólica, como última en la lista por Burjassot, apartada del mundanal ruido o en primera línea, Consol Castillo, en el fondo, siempre ha estado ahí. Es una de las políticas más veteranas del consistorio y es también una de las pocas que puede exhibir una carrera profesional dilatada al margen de la política, y por quizás ambas cosas es una de las voces más respetadas dentro de la coalición Compromís.

Castillo atesora una larga y coherente militancia que se inicia a finales de 1981, en el Agrupament d’Esquerra del País Valencià, y que llega hasta nuestros días. Cuando esta formación se incorporó a Unitat del Poble Valencià, Castillo fue. Y cuando después se convirtió en el Bloc, también. Cambiaban los nombres pero la idea era la misma: valencianismo y políticas de izquierda. Ahora se halla integrada en Compromís. Tercera Teniente de Alcalde, coordinadora del Área de Desarrollo Humano, concejala de Agricultura, Huerta y Pueblos de València, y también de Servicios Sociales, esta licenciada en Historia y maestra de valenciano es la interlocutora de las pedanías con la Casa Gran. De norte a sur, desde Massarrojos hasta el Perellonet, pasando por Castellar, Castillo está día tras día recorriendo partes de la ciudad que algunos concejales nunca han pisado ni pisarán.

—València no se puede entender sin los pueblos.

—Pues aunque hemos hecho mucha faena todavía cuesta que cada una de las concejalías tenga presente que en los pueblos hay realidades muy diferentes a las de la capital. Ahora estamos trabajando con el tema de los vados y es evidente que tú no puedes cobrar el metro cuadrado igual en la ciudad que en los pueblos. El aprovechamiento del espacio es diferente y en los pueblos hacen falta esos vados para, por ejemplo, guardar los tractores.

Foto: KIKE TABERNER

—¿Cómo se encontró los pueblos?

—En una situación de resistencia total. Los pueblos estaban abandonados. Me he encontrado a los alcaldes que estaban ya por la labor para cambiar las cosas. Podemos decir que en estos tres años hemos hecho más que en los últimos tres mandatos. Primero, porque hemos encontrado un mecanismo de colaboración con la Diputación de València, que ha estado muy receptiva a la situación. Y después porque desde octubre de 2015 hemos contado con cinco millones de euros para dotaciones en los pueblos, unidos a medio millón más cada año. Esto ha sido una inyección fundamental.

—El abandono era en todos los niveles.

—Sí, tanto en la Movilidad como en las conexiones con la nuevas tecnologías, la fibra de vidrio, telefonía, la misma situación de los centros de salud... Hemos renovado los convenios con la Conselleria de Sanitat porque esas infraestructuras estaban deterioradas. También hemos trabajado el tema del transporte escolar y el comedor escolar… Es que por donde mirases había cosas por hacer. En Benifaraig, por ejemplo, una cooperativa llevaba más de ocho años para acabar una obra que se podría haber terminado en un año; y si ahora no está inaugurada es por una cuestión pendiente de Iberdrola.

—El suyo es un trabajo muy oscuro.

—Siempre, pero después de tres años me he resignado a que nuestras acciones no sean mediáticas. Algunos alcaldes lo lamentan porque dicen que hemos hecho muchas cosas, pero entendemos que es lo que hay. Estamos en un momento que es muy del circo mediático. Lo que no es una mala noticia no es noticia. Mejorar las infraestructuras, el día a día de las personas… es que no es noticia; forma parte de las obligaciones del gestor. Pero claro, al final es una perversión porque, si los pueblos sólo aparecen por cosas negativas y afortunadamente no es el caso, o están completamente ignorados o tienen mala fama. Hemos logrado que el epígrafe de Pueblos aparezca en la Junta de Gobierno, a veces con obras menores pero muy importantes para la gente.

—Como el Dios de las pequeñas cosas, usted es la concejala de las pequeñas cosas.

— (Ríe) Pero estoy encantada ¿eh?

Foto: KIKE TABERNER

—La barrera de las pedanías con el centro puede que haya disminuido, pero hay medidas como las que plantea Movilidad que siguen alejando a los pueblos.

—La Movilidad es complicada. Cuando sales del casco urbano y ves que han aumentado el tiempo de espera, parece un poco contradictorio. Pero los autobuses de los pueblos ya comienzan a ser una realidad. Ya se están comenzando hacer dobles itinerarios…

—Aumentar el tiempo de espera entre autobuses no es una medida encaminada a fomentar la Movilidad sostenible. Obliga a los habitantes de los pueblos a usar sus vehículos particulares, penalizados en la ciudad. Es decir, desde los barrios del centro los responsables de Movilidad tratan a los ciudadanos de los pueblos como vecinos de segunda y les castigan por vivir allí, como si no quisieran que fueran al centro.

—Es que casi duplicar una flota de autobuses no es una cosa fácil ni barata. Si encima no tenemos la colaboración del Estado central, con el contrato-programa…

—Imponer determinada Movilidad, cuando se sabe lo que va a suceder con la subvención estatal y que hay vecinos que no pueden ni plantearse usar la bicicleta por su edad, como muchos de los que viven en los pueblos, no parece ser de personas sensibles a la realidad del pueblo. Puede que el enemigo esté dentro.

—Es un razonamiento un poco perverso. Me explico, a corto plazo es evidente que aumentar el tiempo de espera puede ser perjudicial, pero es que esos márgenes de tiempo digamos que son los reales. Estamos, entiéndaseme, democratizando los problemas… Tenemos claro que hay que dar satisfacción a la gente de Casas de Bárcenas o del Perellonet, pero tenemos que darle visibilidad a ese problema para que le podamos dar solución. Antes no existían estas cuestiones. Cuando estuvimos en la oposición en el anterior mandato, recuerdo que desde el PP se nos decía que no podían enviar un autobús a El Palmar porque había un contrato de hacía… ¡80 años! Era de los tiempos de la Guerra Civil. No nos los podíamos creer. Efectivamente la frecuencia de paso ahora es la que es, pero el concejal de Movilidad es consciente de que hay que aumentar el servicio en estas zonas. Seguramente los pueblos no son la prioridad, pero comienzan a estar encima de la mesa.

Foto: KIKE TABERNER

—¿Usted cree?

—Sí, creo que ha cambiado. Antes me hablaban de ‘mis alcaldes’ pedáneos. Ahora hay conciencia de que no son míos, sino de todos. Cambiar los paradigmas es complicado pero creo se está consiguiendo. Y pienso que, por ejemplo, los presupuestos participativos, el #DecidimVLC ha contribuido a ello. Entre la primera convocatoria, que eran todo proyectos de ciudad, y esta última, que ha dado a cada pueblo la posibilidad de presentar su proyecto, se ha cambiado la perspectiva.

—También ha habido errores. En los anteriores presupuestos los proyectos de los pueblos se dividieron en grupos geográficos y se los hizo competir entre sí. Eso provocó que los pueblos más pequeños se quedaran sin poder votar sus propuestas porque los grandes, como tenían más votos, se lo llevaban todo.

—Bueno, pero se ha cambiado ya para este año. Hemos introducido elementos correctores porque era evidente que no nos podíamos guiar sólo por el criterio de población; hay que ver a cada pueblo en su singularidad. Este año cada pueblo ha podido elegir su proyecto.

Otro ejemplo de esa falta de sensibilidad fue cómo se gestionó la prohibición del ‘bou embolat’.

—Fue una decisión que ha comportado problemas posteriores que en ocasiones han anulado la posibilidad de visibilizar acciones positivas que se han hecho. Entraba en coherencia con nuestro programa, pero esa coherencia tendríamos que haberla modulado de otra manera, tanto desde las altas instancias de la Generalitat como desde la ciudad. La verdad es que resulta difícil de explicar que en Bonrepós i Mirambell sí puedan haber toros y en Carpesa, que está sólo a cuatro kilómetros, no. Pero recordemos que los bous no se han prohibido; sólo el embolat. Ahora las medidas ya están adoptadas y hay que ser coherentes. Hemos de ser conscientes de que estas prácticas y aficiones irán desapareciendo con el tiempo.

Foto: KIKE TABERNER

—¿No tiene la sensación de que hay determinada gente joven y no tan joven en el Govern de la Nau que tiene mucha prisa?

—Es algo que se ha alimentado desde muchos sectores. Venía de la Junta de Gobierno, me he encontrado con mis técnicos y hemos hablado precisamente de esto. Lo de la juventud está muy bien pero es algo transitorio, es sólo una etapa en la vida que cuando te descuidas ya se ha pasado. Lo que necesitamos es gente competente, que aporte, gente generosa porque la vida política exige muchos sacrificios. En política has de hacer muchas renuncias porque has de sacrificar muchas cosas y, sobre todo, porque has de pensar en el bien común, incluso de aquellos que no piensan como tú. La juventud aporta una energía que la gente de más experiencia no tiene, pero sólo la energía no es suficiente para una buena gestión.

—Quizás ése ha sido el talón de Aquiles de algunos de sus compañeros: que no han tenido en cuenta a la gente que no pensaba como ellos.

—Yo sólo conozco la gestión del Ayuntamiento de València. Cuando Fernando Giner [portavoz de Ciudadanos] me dice que no está por ideología, yo le respondo que yo sí, porque si estoy aquí es por mis ideas. Pero dentro de la ideología hemos de pensar en políticas que aboguen por el bien de la ciudad. Hemos de construir una ciudad para el siglo XXI que tenga la huella de las formaciones políticas, con presupuestos como la sostenibilidad, el respeto, la democracia… pero también llegando a todos. Cualquier partido político que no tenga en cuenta que hay un 30% de la población que está en riesgo de exclusión hará una mala gestión. La Administración ha de tener una función pedagógica fundamental. En Servicios Sociales no sólo ayudamos a la gente a pagar facturas, sino que les enseñamos también a consumir, a hacer el contrato con la compañía, a que esa ventana que cierra mal supone un gasto y un consumo de calefacción… Aparte de gestionar creo que hemos de hacer campañas de cuestiones como por ejemplo la limpieza de las calles. Y es que, por mucho que se limpie, si la gente no colabora no hay nada que hacer.

Foto: KIKE TABERNER

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