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ÉPOCA DE PAZ Y AMOR

Crímenes de la Navidad

| 14/12/2018 | 4 min, 20 seg

VALÈNCIA. A quién puede no gustarle la Navidad, con sus jerséis con motivos navideños; con esa decoración hogareña que pica y da sarpullido con sólo mirarla, con esos parkings de centro comercial, también llamados purgatorios, también llamados antesalas del infierno. Con esos villancicos de Mercadona, que a punto han estado de ser incluidos en la lista de torturas del último informe de Naciones Unidas.

Con esas cenas de empresa en las que, en una sola noche de alcohol y karaoke, puedes mandar al garete la imagen y el prestigio trabajados duramente a largo del año.

Y cómo no, con esos rollitos de jamón con huevo hilado, esos langostinos congelados flotando a la deriva en un mar de salsa rosa, ese pavo que no entiendes cómo no comercializa aún Aguaplast, esas deprimentes figuritas de mazapán, ese pudin de pescado decorado que no sabes por qué te recuerda tanto a una especie abisal extinguida hace millones de años. Esos postres con merengue o coco rallado que quieren emular a un muñeco de nieve y se acaban convirtiendo en terrorífico homenaje al Yeti.

¿Cómo pueden no gustarle a alguien estas entrañables fiestas?

Las navidades son como la maternidad, es de desalmados sacarles defectos, de mal gusto contar la realidad desnuda, con sus tripas, sus vísceras, su sangre. Es la familia, en fin. Por los niños, todo por los niños, que les hace ilusión, dicen. Claro que no a esa niña de Covina, un pueblo del condado de Los Ángeles, que vio a Santa Claus desde la ventana y corrió a abrirle la puerta sin saber que era su tío Bruce Jeffrey Pardo que, disfrazado de Papá Noel, le descerrajó un tiro en la cara. Y es que, en la Nochebuena de 2008, a punto de trinchar el pavo, Bruce se presentó en casa de los padres de su ex mujer, vestido de Santa Claus, con un lanzallamas y cuatro armas de distinto calibre, haciendo caso omiso a eso que suelen decir las suegras de no hace falta que traigas nada. Eran 25 los familiares reunidos. Nueve murieron –entre ellos su exmujer y sus exsuegros-  pero la niña de ocho años sobrevivió. Al fin y al cabo, Papá Noel sí le trajo algún regalo.

Otro que confundió cantar la marimorena el día de Navidad con armar la marimorena fue el granjero Charlie Lawson que en 1929, en Germanton, Carolina del Norte, mató a tiros a su esposa y a seis de sus siete hijos, que tenían entre 4 meses y 17 años. A todos menos a Arthur, el segundo, que en ese momento había salido de la granja a hacer un recado. Cuando regresó, el pobre muchacho se encontró a toda su familia muerta, incluido su padre que remató la faena suicidándose en el jardín. Pero aún le quedaba algo terrorífico por ver: su tía Marie, la hermana de Charles, montó un circuito de visitas guiadas por la casa de los asesinatos, como una atracción turística más.

Se asentaban así las raíces del folklore americano. 

Aunque sin duda el crimen navideño más mediático fue el de la pequeña Jon Benet Ramsay en 1996, que había sido coronada ese año reina de la belleza infantil y que el día de Navidad, con 6 añitos, desapareció de su casa de Colorado. Su madre encontró una carta de rescate en la que le pedían 100.000 dólares. Pero ocho horas más tarde, el cadáver de la pequeña apareció en el sótano de su casa. Se sospechó de la familia, que si pederastia, que si un hermano de 9 años celoso, pero no pudo probarse nada. El caso, eso sí, sirvió de inspiración para una novela de Joyce Carol Oates, Hermana mía, mi amor.

Y ya sin tanto dramatismo, un estudio británico reveló que, en navidades, en una de cada cuatro parejas, uno de sus miembros considera en secreto la posibilidad de romper, lo considera seriamente, y que es en los primeros días del año, justo después de tan señaladas fiestas, cuando se produce el mayor número de separaciones.

Ahí lo dejo.

También un 25 de diciembre murió el genial Charles Chaplin.

Y también un 25 de diciembre, recién terminada la guerra de la secesión, se creó el oscuro Kukux klan.

Claro que no todo es malo en Navidad, que también está el turrón de Jijona, que a mí me encanta y está Julita, la adorable madre de “Muchos hijos, un mono y un castillo” que adora la navidad, y en junio, tiene montado un enorme belén en el jardín de su casa.

Y también un 25 de diciembre, día de navidad de 1642, nació Isaac Newton, uno de los padres de la ciencia, un mesías cuyo nacimiento bien podríamos celebrar, un motivo sin duda para seguir deseándonos felices fiestas y brindar sin gravedad.


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