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la ciudad y sus vicios

Cultura del meninfot: ¿es verdad que los valencianos somos unos pasotas?


El meninfotismo, convertido en hecho antropológico a este lado del Mediterráneo, sale a debate. Qué hay de cierto en este tópico capital

27/02/2016 - 

VALENCIA. Manoseando un tópico: los valencianos meninfots. Un reproche que nos hacemos con cierto hábito y que se ha alimentado con furor ante cada cataclismo mientras, supuestamente, los tipos a este lado del Mediterráneo seguíamos como si nada. Década tras década el concepto del meninfot ha quedado enraizado al valenciano con tanta fuerza como el de fofisano en las revistas de tendencias durante el ejercicio 15/16.

“A un meninfot le da igual lo que ocurre a su alrededor (se podría traducir como "me la suda"), hace referencia a un carácter despreocupado hasta extremos poco saludables para la persona (o la sociedad)”, cuenta la editora Núria Sendra. “El meninfotisme es un estado espiritual provocado por una alteración orgánica de las meninges. El meninfotisme merma brutalmente los reflejos la persona afectada. El meninfot ve pasar por la calle a Francisco Camps y tarda veinticuatro años en reaccionar…”, bromea (o no) el guionista Toni García, mando del medio Rokambol y autor de algunos de los mejores gags sobre nosotros los valencianos.

“Lo mejor -señala el cantante Senior- es explicarlo con un ejemplo”. Allá va el suyo:

- Pepe, ens han tornat a fotre un 25% per cent de la extra de nadal, ens han llevat el suplement de desplaçament i ens han reduït els dies d'asunts propis a la meitat.
- Ja, no mola... Escolta, he reservat pa fer-mos una paella en el Palmar, te'n vens?
- Ostia, clar! Ara cride a Juan i li pille mig gramet.
- No, amb mig no en tenim ni pa començar. Som 8.
- Ah, val, en pille dos... Vols loteria?

El coordinador de literatura española de la University of Virginia, Jesús Peris Llorca, lo explica de esta manera: “Es como una versión cutre del fatalismo adobada con una enorme falta de autoestima”. El historiador Baydal, Vicent Baydal, concluye: “lo aplicamos para indicar que los valencianos somos unos pasotas por lo que se refiere a lo nuestro, a todo aquello que deberíamos defender de manera comunitaria y no lo hacemos”.

Segunda fase. Entonces, ¿sí o no?, ¿lo somos?, ¿la cultura del meninfot es verdad o solo un tópico?, ¿catalanes tacaños, andaluces vagos… y valencianos pasotas?

Justo la corrupción ha sido buen gancho para quienes identifican el meninfotisme y justo también para quienes lo refutan. Los valencianos incapaces de moverse ante el maremagnum delictivo o los valencianos -a diferencia de madrileños, andaluces o catalanes- los únicos que han propiciado un cambio en el color de su gobierno autonómico.

¿Es verdad que el valenciano es meninfot o una simpleza que habría que empezar a enterrar?

“Me gusta pensar que es una verdad que se está convirtiendo en un tópico. Quiero pensar que las nuevas generaciones se preocuparán más por los que les rodea y no solo por su estómago. Aunque ser meninfot tiene su punto chulo, ni creas…”, valora Senior.

La editora Sendra opina: “la sola existencia de la palabra, que tiene connotación negativa, también indica que somos conscientes de nuestro punto débil y este es el primer paso para ponerle remedio algún día”. “El meninfotisme, bien administrado, es una filosofía de vida, muy zen, pero en cuanto te pasas un poco gana el PP las elecciones y te pones enfermo”, valora Toni García.

“Los hechos -introduce Vicent Baydal- evidencian que no somos meninfots. Un pueblo meninfot por naturaleza no tendría una sociedad civil como la que se ha ido construyendo en las últimas décadas, ni una red de bandas de música como la que tenemos, ni una red de asociaciones festivas, ni habrían aparecido tantos Salvem en la época de los Salvem, ni habría habido la lucha contra la corrupción y las injusticias que ha habido, etc. Los valencianos todavía no estamos tan cohesionados como otras sociedades, pero estamos en el camino y, cuanto más lo estemos, más iremos abandonando esa sensación de ser meninfots. Es un camino largo por recorrer, pero ya hay mucha gente que ha dado los primeros pasos”.

Para Peris Llorca “el problema es que es un meninfotisme selectivo. Es decir: el valenciano puede pillar el gran cabreo porque han hecho un anuncio tomándose a broma a la fallera mayor, por poner un ejemplo, y sin embargo el tema de la financiación autonómica parece darle bastante igual. O que el sistema financiero haya desaparecido porque a una cuadrilla de ladrones de guante blanco se les fue la mano robando. Quiero pensar que eso está cambiando, y que los valencianos van a creerse que merece la pena luchar por cosas que realmente son importantes, y que con un poquito de constancia nos pueden tomar en serio por poniente. Vamos a ver si es verdad. En un par de años volved a hacerme la pregunta”.

Tanta conciencia en el meninfotisme propio quizá convierte al valenciano en el pueblo menos pasota. Pshh, qué más da. ¿Nos vamos de paella?





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