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HISTORIAS DE CINE

De cómo Springsteen inspiró a De Niro y otros 19 disparos de ‘Taxi Driver’

Hace 40 años el festival de Cannes concedía la Palma de Oro a Martin Scorsese y le convertía en un cineasta de prestigio internacional

27/05/2016 - 

VALENCIA. Fue la película emblema de una generación de cineastas, la postal del cine perfecto. Comprometida, dura, nada complaciente… A partir de un guión de Paul Schrader, Martin Scorsese filmaba uno de los retratos más descarnado jamás hechos sobre Nueva York con una película, Taxi Driver, que le convertía en un director internacional de primer rango, y a sus protagonistas, la turbadora Jodie Foster y el impresionante Robert de Niro, en unas estrellas.

1. Todo empezó en Francia. Hace apenas un mes el Festival de Tribeca en Nueva York rindió homenaje a la película y recordó la fuerza de su mensaje, puro desaliento. Con todo, fue el 28 de mayo de 1976, en Cannes, cuando de verdad comenzó a fijarse la leyenda. Ese día el largometraje recibía la Palma de Oro y consagraba a su joven director y equipo. El filme, que estaba triunfando en Estados Unidos, se convirtió en un fenómeno internacional.

2. Emocionando a un Nobel. En el jurado del festival de Cannes que reconoció al largometraje se encontraba un escritor peruano que despuntaba ya entonces: Mario Vargas Llosa. El jurado lo presidía otro gran autor, el dramaturgo americano Tennessee Williams. Pero la cosa no se quedaba ahí. Junto a ellos el artista Jean Carzou; el gran productor italiano Mario Cecchi Gori; dos cineastas de la talla del griego Costa-Gavras y el rumano András Kovács; el escritor libanés Georges Schehadé; la actriz Charlotte Rampling y, por último, la contribución española, el columnista de ABC Lorenzo López Sancho, una de las grandes figuras de la crítica en España.

3. Desde las tripas. Uno de los secretos de la perdurabilidad de Taxi driver se halla en su historia. Un taxista, veterano del Vietnam, desquiciado, se enamora de una bella joven que participa en la campaña electoral de un candidato, el senador Palantine. Rechazado, decide convertirse en el ángel vengador y justiciero de una prostituta de 13 años. El argumento, sórdido, se le ocurrió a Schrader en medio de una gran crisis emocional. Completamente alcoholizado, al borde del divorcio, consumidor compulsivo de pornografía, Schrader acabó en urgencias con una úlcera. Entonces se dio cuenta de que llevaba un mes sin hablar con nadie. “Sabía que si no escribía sobre este personaje [Travis Bickle] iba a empezar a ser él”, admitía hace poco en la excelente historia oral de Taxi driver que publicó el prestigioso Hollywood Reporter. La vinculación del personaje al guionista era tal que De Niro le pidió prestada ropa a Schrader para usarla en el rodaje.


4. La cruda realidad… Otro hecho que dota de especial fuerza al filme es que buena parte de él está copiado directamente de la vida real. Para escribirlo, Schrader se fijó en su alrededor. Pero para filmarlo, él y Scorsese también. En el libro Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind, se relata como una noche en un hotel de Nueva York Schrader se ligó a una chica en el bar. Cuando la llevó a su habitación se dio cuenta de que la chica era: 1) prostituta; 2) menor de edad; 3) yonqui. La chica se llamaba Garth Avery. Schrader, ante semejante tesitura, decidió no acostarse con ella pero sí contratarla como asesora. Al final de la noche le envió una nota a Martin Scorsese diciéndole: “Iris [el personaje de Jodie Foster] está en mi habitación. Vamos a desayunar a las nueve. ¿Me harías el favor de acompañarnos?”. Gran parte del personaje fue reescrito a partir del encuentro con esa chica que tenía una capacidad de concentración de unos veinte segundos. El almuerzo de De Niro con Foster es talmente una recreación de ese almuerzo entre Scorsese, Schrader y la prostituta. Posteriormente a la chica la incluyeron como secundaria. Es la joven que acompaña a Foster por la calle cuando De Niro sale a su encuentro por primera vez.

5. …pero también Sartre. En el libro de entrevistas sobre la película editado por Plot en España en 1987, Schrader también desvelaba las influencias literarias del personaje. “Antes de sentarme a escribir Taxi Driver releí La náusea de Sartre porque veía el guión como un intento de retomar el héroe existencial europeo, es decir, el héroe de El extranjero, Memorias del subsuelo, La náusea […] y ponerlo en un contexto americano. Al hacerlo descubres que se vuelve más ignorante, ignorante de la naturaleza de su propio problema. El problema de Travis es el mismo que el del héroe existencial, esto es, ¿debo existir? Pero Travis no comprende que ese es su problema, por eso lo enfoca hacia otro aspecto, y creo que ésa es una indicación de la inmadurez y de la juventud de nuestro país”.

6. Políticamente correctos. Con ser una película en apariencia honesta, el film también sufrió algunos cambios para hacerlo más digerible y que su discurso no fuera malinterpretado. Así, el personaje del proxeneta que interpreta Harvey Keitel estaba inicialmente pensado para un actor afroamericano, posiblemente inspirado en ‘Iceberg’ Slim. Con todo, quisieron luchar contra el sambenito de la comunidad negra, zaherida de por sí por la violencia. Un estudio realizado por la comisión presidencial sobre la delincuencia, encargado por Jimmy Carter, indicaba que en el 72% de los homicidios, el 74% de las agresiones con agravante, el 81% del robo sin armas y el 85% de los atracos a mano armada, la raza del delincuente era negra. Esta comunidad era la más castigada por la crisis y el crimen era visto por muchos como la única salida ante el colapso del sistema. Que en la secuencia final un taxista blanco matara impunemente a unos negros, por mucho que fueran proxenetas, habría sido visto como una apología del crimen racista y fascista. Y bastante problemático era el personaje de Travis Bickle de por sí. Los abogados de Columbia, asustados, le pidieron que lo cambiaran. Y los cineastas, con Schrader y Scorsese a la cabeza, aceptaron sus argumentos y dieron su brazo a torcer.


7. Las cosas de Julia. Una de las contribuciones al guión vino de parte de una periodista, Julia Cameron, que entonces estaba comenzando una relación con Scorsese. Un día el cineasta le pasó el guión y ella, al leerlo, se dio cuenta de que los discursos políticos del personaje o las secuencias de la oficina de campaña no funcionaban. Le reescribió todas esas partes. Igualmente, le describió todo el ambiente de la cafetería de los taxistas y lo retocó. Fue Peter Bogdanovich el que convenció a Scorsese para que no pusiera a Cameron en los títulos de crédito y así evitar los celos y ataques de la crítica Pauline Kael, la más importante e influyente del momento, quien, en un comportamiento casi infantil, se sentía atacada por las mujeres de los cineastas a los que creía influir. Julia Cameron acabó casándose con Scorsese, pero su matrimonio duró apenas un año.

8. Una chica tipo Cybill Shepherd. La elección de Cybill Shepherd para el personaje de Betsy, el oscuro objeto del deseo de Travis Bickle, fue natural. Schrader y Scorsese hablaban del papel como el personaje de Cybill Shepherd, “como una especie de prototipo”, recordaba en una ocasión el guionista. La primera sorpresa que recibieron fue cuando la agente de la actriz les llamó para proponérsela. Con el bajísimo presupuesto del que disponían, le ofrecieron 35.000 dólares. Su segunda sorpresa fue descubrir que aceptaba. Y entonces apareció la duda: ¿De verdad querían a Cybill Shepherd para interpretar a una chica tipo Cybill Shepherd? Una vez vencidas las dudas (¡!) se incorporó al proyecto.

9. Si no me quieres, te odiaré. Lo que no podían prever fue la reacción de De Niro contra la actriz. Según explicó años después el entonces novio de Shepherd, el cineasta Peter Bogdanovich, el actor intentó seducirla y ella le rechazó. A raíz de eso, De Niro empezó a comportarse como un guardián protector de Jodie Foster, quien en algunos planos fue suplida por su hermana Connie, mayor de edad, mientras que a Shepherd la despreciaba en público, la llamaba princesa de manera despectiva y cosas peores. “Era un espectáculo horroroso”, le relató una fuente a Peter Biskind. A pesar de ese comportamiento, el tiempo todo lo cura y Shepherd acudió a la fiesta por el 40 aniversario de Taxi driver que se celebró en Tribeca y no tuvo reparos en mostrarse amable y educada con quien tanto la maltrató.

10. Quien tiene un amigo… La presencia de Shepherd en el rodaje contribuyó a una implicación secundaria casi como asesor de Peter Bogdanovich, especialmente en la parte final, durante la edición. El cineasta se dejaba caer por la sala de montaje para comprobar que Scorsese no se sobrepasara con su pareja. Con indisimulado asombro le confesaba su admiración por ese largometraje, tan diferente a los suyos. En una ocasión sugirió unos pequeños cambios y le dijo: “Estás a diez minutos de una película excelente”.

11. Sin miedo a improvisar. Pese a partir de un guión cerrado que a todos encantaba, con una estructura que se respetó de manera fidedigna, la improvisación fue una constante en la película, lo que explica su viveza. Los actores se metieron en sus papeles. Shepherd llevaba su propia ropa al rodaje. De Niro practicó como taxista y mucha gente no le reconoció. Harvey Keitel fue buscando un chulo para que le enseñara a ser como el personaje. Rodaban en la calle, en un coche, en cualquier lugar. No tenían tiempo y aprovechaban cualquier persona para enriquecer el film. Scorsese por ejemplo sustituyó al actor George Memmoli en el papel del marido psicópata. Memmoli no pudo participar en el rodaje porque había sufrido un accidente en otra filmación. No podían buscar a otro. Schrader no estaba muy convencido pero los resultados fueron tan buenos que la secuencia es uno de los grandes momentos de una película llena de ellos.

12. Rodando a lo Godard. Que Jean-Luc Godard fue una influencia para los cineastas estadounidense de los años 70, no es un hecho, es un dogma. Taxi driver da fe de ello. El director de fotografía de la película, Michael Chapman, aseguraba que para los cineastas de su generación fue “la gran influencia liberadora”. Como él, decidieron que podían hacer lo que quisieran y filmaron con la luz que les daba Nueva York. Los homenajes se suceden durante la película. Uno de los más llamativos es el primer plano de un vaso de Alka-Seltzer, en la escena de la cafetería de los taxistas; era un tributo a uno de los planos más célebres del filme de Godard Dos o tres cosas que yo sé de ella (1967).


13. El tipo de las armas. La filmación fue tan naturalista que los personajes se fueron extrayendo de la vida real, como el individuo que vende las armas a Travis. Éste llegó por mediación de la segunda pareja de Scorsese, Sandy Weintraub, antes de que el cineasta rompiera con ella y se liara con Julia Cameron. Sandy conocía desde niña a un tipo llamdo ‘Little Stevie’ Prince, un consumidor habitual de heroína. Le dijo a Scorsese que podía interpretar el personaje e incluso podría llevar sus propias pistolas. No sólo se convirtió en un rol del film, sino también en una figura indispensable del rodaje, el guardián de Scorsese, su sirviente, y entablaron una relación en la que Prince manejaba el carácter irascible del cineasta.

14. Pagando por protección. El rodaje tuvo lugar en zonas peligrosas de Nueva York, una ciudad abocada entonces a la decadencia más absoluta. Los apartamentos de la prostituta Iris y de Travis Bickle fueron ambientados en edificios abandonados que iban a ser demolidos. Para protegerse de las bandas de delincuentes que pululaban por la zona, los productores Julia y Michael Phillips decidieron contratar los servicios de otra banda. No consta qué asiento contable usaron para justificar el gasto.


15. ‘La’ improvisación. En una película llena de improvisaciones, con actores tan excelentes como Albert Brooks prácticamente reescribiendo su papel, la joya es una de las secuencias clave de la película, la que mejor retrata la locura en la que se ha sumido el personaje de Travis Bickle. Sí, es el famoso ‘You talkin' to me?’. En el guión sólo se indicaba que Travis jugaba como un niño delante del espejo a ser vaquero. La idea de virar hacia una improvisación partió de Scorsese, quien recordaba una secuencia de la película Reflejos en un ojo dorado (1967, John Huston) en la que Marlon Brando se situaba frente a un espejo y simulaba conversaciones. La secuencia se filmó en un edificio que estaba a punto de ser derribado en Columbus Avenue y la calle 89 y duró tanto que el equipo se puso nervioso. De Niro entonces recordó un concierto que había visto de Bruce Springsteen en el que el cantante se dirigía al público y le preguntaba si le hablaban a él. El resto es historia. La frase está incluida entre las 10 mejores del cine estadounidense de todos los tiempos, según la AFI. Durante la fiesta del 40 aniversario en el festival de Tribeca, De Niro bromeó con que cada día, desde hace 40 años, alguien le dice la frasecita de marras.

16. Director, traidor. La relación entre el guionista y el director no fue especialmente buena debido al complicado carácter de los dos. Fue con el primer montaje que comenzó a hacerse más patente el conflicto. Cuando Schrader lo vio tuvieron una discusión que según el guionista acabó con el director gritándole “a voz en cuello”. En ese rifirrafe influyó mucho las tensiones que había mantenido Scorsese con el estudio. Querían convertir la película en una historia de amor y Scorsese defendía la integridad de Taxi driver más de lo que imaginaba su guionista, la protegía, la entendía y peleaba por ella. Llegó a obsesionarle. Con el tiempo, Scorsese admitió que debió ser “bastante desagradable” estar por ahí mientras él filmaba, pero habría preferido volver a trabajar con Roger Corman que suavizar la película.

17. No es un ‘thriller’; es un film de terror. A Taxi driver cabría calificarla como drama, pero si hubiera que adscribirla a un género no sería al de película de intriga o thriller sino al de terror. Así lo creía la crítica Pauline Kael, quien la calificó como “una de las pocas películas de terror realmente modernas”. Partiendo de esa premisa, uno de los compositores más indicado para dar forma a la psicosis del protagonista era Bernard Herrmann, el compositor de Hitchcock. El músico no se mostró muy seducido por el encargo y dijo que no componía música para películas de taxistas. Leyó el guión y cambió de opinión.

18. A vueltas con la censura. Obviamente la película tuvo serios problemas para evitar ser calificada X, con las restricciones que eso suponía, y la MPAA amenazó con ello. Había costado casi tres años encontrar director para ella; estrenarla en el circuito comercial no iba a ser fácil. En el estudio, los ejecutivos respondieron como lo que eran, ejecutivos. Hubo críticas a todo. Hasta se llegó a plantear quitar el plano de la pastilla de Alka-Seltzer. No les gustaba nada. Ni su crítica descarnada, ni ese final en el que se denunciaba como los medios convertían al psicópata de Travis en un héroe. Scorsese montó en furia al ver la reacción de los ejecutivos. Convocó una reunión de sus amigos en su casa de Mulholland Drive a la que acudieron Spielberg, Milius y De Palma, el primer cineasta al que se le ofreció el guión de Taxi driver. Habló entonces de disparar a Stanley Jaffe, el jerifalte de Columbia. Finalmente, optó por reducir las imágenes de los dedos cortados y oscurecer la secuencia final, de tal forma que el color de la sangre no fuera tan evidente. La MPAA le pusó la R, de restringida, y la película salió a la calle así, con un final más tenebroso, incluso espeluznante, pero sin la temida X en el cartel.

19. El ejecutivo es el enemigo. La recepción de la crítica fue buena. Aún así la película tenía el enemigo en casa. El ejecutivo David Begelman odiaba Taxi driver. No soportaba su sordidez, su recorrido por la miseria humana, ni su trágico desenlace. Planteó estrenarla en los peores cines al aire libre del Sur de Estados Unidos. Pero, para su sorpresa, y la de muchos, la película fue un éxito y recaudó 28,3 millones de dólares cuando sólo costó 1,3. Begelman se tragó sus palabras. Objeto de toda clase de parabienes ditirámbicos, fue su éxito en Cannes la que terminó de hacerla despegar a nivel internacional. Una competición en la que por cierto ganó a Cría cuervos de Carlos Saura y Pascual Duarte, de Ricardo Franco, que se tuvieron que ‘conformar’ (es un decir) con el Gran Premio del Jurado y el de mejor intérprete para José Luis Gómez, respectivamente. A España la película llegó en marzo de 1977. Nominada a cuatro Oscars (entre ellos mejor película), fue derrotada por Rocky. Ejem.

20. ¿Inspirando asesinos? Como se corresponde con toda gran película, Taxi Driver tiene su cuota de malditismo. ‘¿Acaso inspiró a John Hinckley jr. en su atentado contra Reagan?’ se preguntaba retóricamente David Mamet en Bambi contra Godzilla. Obviamente, la respuesta es no. Hinckley estaba como una regadera y lo único que necesitaba era una excusa para hacer salir su desquiciado yo interior. Pero el hecho de que el psicópata viviera obsesionado con Jodie Foster y la película (la había visto al menos 15 veces, en una época en la que los largometrajes sólo se podían contemplar en sala) hizo que se establecería un vínculo tan falaz como simple. Considerada como uno de los 100 mejores largometrajes de toda la historia, su crudeza y sordidez aún siguen impactando hoy. En este sentido, cabe recordar las palabras que dijo Foster en Nueva York, durante el homenaje a la película en Tribeca: “Estoy tan agradecida de haber formado parte de algo que es realmente un clásico americano…”.


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