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tendencias escénicas

De cuando el móvil de Robinson Crusoe se quedó sin batería

La compañía vasca Markeliñe actualiza las aventuras del náufrago en el Teatro Principal

30/12/2020 - 

VALÈNCIA. Era cuestión de tiempo. Una de las señas de identidad de la compañía de teatro vasca Markeliñe, especializada en montajes para público familiar, ha sido partir de textos clásicos para darles una pequeña vuelta de tuerca. Cumplidos los 35 años de trayectoria, al fin han hecho suyo el primer best seller de la novela juvenil, Robinson Crusoe.

En la propuesta de Escalante Centre Teatral con la que se instalan los días 3 y 4 de enero en el Teatro Principal, el personaje creado por Daniel Defoe echa de menos un enchufe al que conectar el móvil en su deriva, la isla desierta que lo acoge está conformada por contenedores que flotan en el mar y entre los objetos que arrastra el oleaje recoge un maletín lleno de billetes, inservibles en su destierro. “La acción evoluciona sin darle un gran peso a las preguntas que planteamos. No son interpelaciones en las que hagamos una pausa y digamos a los espectadores “eh, ¿te has fijado?”, sino que toda la trama va seguida. Pretendemos que sea un rato divertido pero con un puntito de reflexión”, explica el director de la obra, Joserra Martínez.

En el relato de las peripecias del náufrago se hacen guiños a aspectos como el materialismo, la contaminación y el turismo masivo, pero la columna vertebral de esta versión es la soledad. La pandemia le ha dado un peso “tristemente actual” al relato, pero según su responsable, tan solo subraya circunstancias que ya estaban presentes en nuestra sociedad, como “el turismo salvaje y despiadado y el envejecimiento en soledad”.

Sobre el escenario no falta el compañero de aventuras y desventuras del marino, pero para Markeliñe, Viernes asume la forma de una marioneta de papel de tamaño humano. Con esa opción insuflan poesía a la puesta en escena y evitan el tufo colonialista del libro original. “Si lo analizas estrictamente, el tratamiento del personaje en la novela deja mucho que desear, porque no es un igual, sino un sirviente. Defoe pecó de la ingenuidad del momento. No creo que tuviera mala fe, sino que es reflejo de la sociedad del siglo XVIII. Hoy día nuestra consideración de una persona de otra raza, de otra religión o ideología no puede ser la misma que hace un siglo”, expone Martínez. 

Memorias de Serrano y Selkirk

La autobiografía ficticia publicada en 1719 se basaba en las vivencias de hasta dos marineros, el escocés Alexander Selkirk, con el que Defoe llegó a entrevistarse en Bristol, y el español Pedro Serrano, que naufragó en las islas colombianas de San Andrés. El primero fue abandonado en el archipiélago chileno Juan Fernández tras una discusión con el capitán de su barco. Permaneció allí cinco años y desde 1966, la isla que lo acogió es conocida como Robinson Crusoe. El segundo afrontó condiciones extremas durante ocho años en un banco de arena, pero acompañado por otro tripulante del patache hundido en el que viajaban.

El escritor inglés escribió tres entregas de aquellas odiseas de supervivencia: Las aventuras de Robinson Crusoe, Nuevas aventuras y Serias reflexiones. La compañía vasca tan solo se ha inspirado en la original. Tampoco han prestado atención a las diferentes adaptaciones al cine, ni a la realizada por Georges Meliès en 1902 ni a la de 1952 firmada por Luis Buñuel ni a la protagonizada por Pierce Brosnan en 1997. 

“Nos hemos querido alejar mucho del medio cinematográfico, porque no tenemos nada que hacer. Es otra liga. En el teatro no hay plano corto ni medio. En su lugar hemos de jugar con la música, la luz y la situación general. El reto es provocar emoción con tan solo la intuición”, distingue el fundador de la compañía de Amorebieta.

Banda sonora de un naufragio

Según su opinión, el objetivo de un espectáculo de teatro ha de ser lograr que los espectadores viajen durante la función, de modo que salgan trastocados por el impacto de una emoción, ya sea la risa, la tristeza o la alegría. “El error que se comete a menudo en las arte escénicas es tender a analizarlo todo demasiado. A veces, lo mejor es dejarse llevar, fluir con los actores, y luego ya se verá el poso que queda”.

Su tesis viene respaldada por numerosos reconocimientos. Entre otros, el Max al mejor espectáculo infantil por La vuelta al mundo en ochenta cajas en 2000, el premio a la creatividad en FETEN 2015 por Quijote, el vértigo de Sancho, el FETEN 2017 al mejor espectáculo y los reconocimientos a mejor espectáculo y actriz en el Festival Internacional de Teatro para Niños de Bucarest a Euria y el FETEN 2020 a Crusoe por la mejor música.

“Siempre trabajamos con música, ya sea enlatada o en directo. Como hacemos teatro gestual, al no tener texto es necesario que la emoción se subraye”, se justifica Martínez.

El responsable del ambiente sonoro de Crusoe es Roberto Castro, que se sirve de toda una variedad de instrumentos como guitarra, acordeón, harmónica y serrucho, para acompañar al náufrago en sus adversidades y descubrimientos. 

“Es un portento, así que aunque la música siempre va supeditada a lo que estás contando, tiene su pequeño momentito de atención”, avanza el director.

La compañía vasca también incorpora habitualmente teatro de objetos a sus propuestas. En este caso, además del títere gigante con el que representan a Viernes, se sirven, por ejemplo, de un guante para dar vida a un pez. “Nos apasiona darle la vuelta a cualquier objeto y transformarlo en otra cosa frente al público infantil, porque es pura magia. Es genial ver cómo se les desencaja la mandíbula por la sorpresa”, aplaude el director y coordinador de la pieza. 

Joserra comparte la expectación que lo embargaba al explorar el terreno cuando, de niño, iba al monte con sus padres a hacer una barbacoa. Una vez investigados los alrededores, comenta que para él era un mundo volver a la mesa con esa información privilegiada. “Una isla misteriosa es un poco eso. Puede esconder tesoros, puede salir a tu encuentro cualquier cosa y a todos, niños y grandes, nos gusta descubrir”.

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