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al otro lado de la colina / OPINIÓN

De reactivaciones y desescaladas

Después de contener al virus de Wuhan, a costa de numerosísimas bajas entre nuestros mayores y de la neutralización del personal sanitario por infectarse, ya se debate la estrategia de salida

11/04/2020 - 

VALÈNCIA. Estamos en pleno proceso de reinventarnos, o en eso deberíamos estar pensando, por todo lo que está por caer, y ver como se planifica y diseña la reconquista de la normalidad. De todas formas cuando aún estamos en el fragor de la batalla bacteriológica, hay algunos análisis que merecen ser leídos, releídos y escuchados, como los del Catedrático en parasitología de la UV, Rafael Toledo, que recogió este diario de Valencia Plaza, en dos artículos y en una magnífica entrevista del gran periodista Jose Forés Romero en Plaza Radio, esta semana, y que ahora pasamos a comentar en parte.

En toda guerra, y por supuesto en cualquier faceta de la vida, la información es vital, e incluso es poder, por eso sorprende ver (aunque por sus efectos colaterales tranquiliza, pues los datos porcentuales serían menos negativos) que los datos utilizados no son del todo correctos pues son incompletos.

El Doctor Toledo nos comentaba que había que diferenciar entre los datos clínicos que son los que están utilizándose ahora mismo en España, y de los que se hablan continuamente, es decir prácticamente los registros hospitalarios, que reflejan una mala radiografía de la situación, frente a datos epidemiológicos que son los necesarios y verdaderamente importantes para gestionar y controlar una pandemia, y son los utilizados por países como Corea del Sur, gracias a lo cual su gestión y sus “curvas de contagio y letalidad” son tan diferentes a las nuestras. Pero claro el sistema coreano conlleva, planificación, prevención y detección mediante la realización de masivos tests, que además funcionen, circunstancias que parece no se han dado.

Y claro si tenemos una información sesgada, y la visión de unos técnicos (según los responsables públicos que siempre usan esa coletilla, de técnicos, técnicos y técnicos), que aunque fenomenales sólo, parecen ser, son sanitarios, se generan medidas a corto plazo para evitar el colapso instantáneo de los Hospitales, pero la visión global del problema no se percibe, todo el resto de problemas que conlleva una epidemia, sociales, económicos, políticos e incluso morales se diluyen como “lágrimas en la lluvia” torrencial de la emergencia.

Porque las líneas de acción estratégica, y pecando de reduccionista, serían tres: primera, la aplicada y que políticamente parece incontestable (cualquier objeción es considerado negacionista) como el confinamiento total -o casi- que ha sido el aplicado aquí, en el que se tiene prioritaria y exclusivamente en cuenta la salud y los recursos sanitarios; después la opción darwiniana, en la que parecían posicionarse los anatemas de lo políticamente correcto, Donald Trump y Boris Johnson, en la que se respalda que para no parar la actividad (sobre todo económica) del cuerpo social, hay que hacer sacrificios individuales, infectándonos todos para así crear la inmunidad colectiva necesaria para ir neutralizando al virus; y en tercer lugar está la posición intermedia que busca el equilibro entre "salud pública, recursos sanitarios disponibles, y las consecuencias socio-económicas", que parece es la aplicada en los más avanzados países del norte de Europa, en el que se pretende desarrollar una inmunidad colectiva, pero no a toda costa, sino complementada con un confinamiento selectivo de los grupos de riesgo, los más débiles respecto al coronavirus nuestros padres, abuelos y personas con patologías previas.

Porque ahora que se va salir del último confinamiento más estricto del Real Decreto 10/2020, en el que se discrimina entre actividades esenciales y no esenciales, es cuando a las tres líneas de acción citadas, habrá que cambiar de la primera estrategia a la tercera, porque el virus de Wuhan ha venido a quedarse entre nosotros, y como ya ha ocurrido (aunque mal informado) han existido y existirán rebrotes sucesivos de la enfermedad en el corto plazo y cada vez más atenuados (en China a la par de exclausar a Wuhan han confinado a otra población al norte), además del posible brote estacional (como con la gripe) de otoño-invierno. Y si mantuviésemos la estrategia actual habría que nuevamente confinarse en los rebrotes, por eso y mientras no se encuentre una vacuna, que tardará y aún más su implantación global, tanto en la desescalada como en los rebrotes habrá que aplicar los confinamientos selectivos.

La ordenada (así esperemos) desescalada, fundamental para la reactivación de nuestra sociedad y evitar que ésta muera de inanición, tiene en teoría unos plazos siempre más largos que las escaladas, lo cual para la economía puede ser terrorífico. Esta lentitud puede en parte ser compensada, con diferentes tipos de limitaciones, una gran y eficaz campaña de información no política (que de eso ya tenemos mucha), sino técnica desde una perspectiva integral, especialmente socioeconómica, y la proliferación de análisis y tests -monitoreo- (pero por Dios que funcionen) para en el caso que exista un enfermo o positivo limite su contagio, que si pudiera hacerse periódicamente y de forma masiva (por lo menos para los que quieran salir de sus casa) hasta que se encuentre la vacuna, mejor para una identificación precoz (aquí entra el debate de la cartilla sanitaria).

Pero, ¿a qué tipo de limitaciones en la desescalada nos referimos? Pues tanto de tipo cuantitativos como cualitativos; desde los, como ya hemos dicho, confinamientos selectivos, personas mayores de 70 años y con patologías previas deberían estar más tiempo en sus casas, o selectivo en cuanto al territorio, en zonas especialmente afectadas, a las cuantitativas, como por ejemplo el hecho de no poderse celebrar grandes eventos multitudinarios, como encuentros deportivos o manifestaciones, e incluso en un principio concentraciones de un número determinado de personas +/- 50 (que afectaría a eventos culturales, colegios, universidades o celebraciones religiosas), y que secuencialmente habría que ir permitiéndolos.

Porque la reactivación de nuestra sociedad es vital para que la economía, abandone la economía de guerra o de subsistencia en la que estamos, y que todos los sectores se pongan en movimiento, porque simplificándolo mucho el movimiento del dinero (por el intercambio de bienes y servicios que implica) genera riqueza, a pesar de intentar incrementar la masa monetaria (el dinero) mediante fondos europeos, que sólo vendrán en parte, pues eso de los coranabonos es como aquel mantra de mutualizar la deuda europea en la crisis de 2008, que no parece que vayan a producirse, por la oposición de los países del norte frente a los del sur, por lo que por esta vía no hay mucho que hacer.

Y dado que para las pequeñas y medianas empresas (que son la mayoría), los autónomos y las familias, la masa monetaria (el dinero de que disponen) no parece que se vaya a incrementar, y con suerte será constante si no disminuyendo, el hecho de que se le detraigan recursos por vía impositiva (independientemente del beneficio o ingresos que se tengan) ahora mismo no ayuda (cualquier tipo de ayuda, suspensión o prórroga en la liquidación de impuestos parece poca). Por tanto, quizás, el que debería pedir los préstamos y avales que tanto se anuncian sería el Sector Público como organización-entidad (porque Hacienda somos todos, ya saben), que para algo gestiona más del 40 % del PIB nacional, pero claro caeríamos en el anatema del endeudamiento, que no lo seria tanto, si en estos años pasados con crecimiento de la economía y del PIB, se hubiera aprovechado para disminuir la deuda, dado que ahora con las vacas flacas se necesita endeudarse. En fin, la eterna fábula de "la cigarra y la hormiga", que algunos parecen que no han tenido niñez, o ha sido poco leída. 

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