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MEMORIAS DE ANTICUARIO 

El Grao de València pide paso como reclamo patrimonial

24/10/2021 - 

VALÈNCIA. Desde sus casi dos milenios de antigüedad es, quizás, hoy en día un momento histórico en que la relación actual de los ciudadanos de Valencia con su puerto, se debate entre la apertura al ciudadano de la dársena interior, lo que la ha convertido en un espacio magnífico, y una ampliación del puerto comercial que se mira cuando menos con recelo por unos y se le aplaude por otros. El enorme crecimiento en las últimas décadas, según los expertos, teniendo un efecto colateral sobre el ecosistema principalmente del sur de la ciudad, que como bien sabemos es Parque Natural y cuyas playas, se encuentran en claro retroceso, lo que no deja de preocupar, pues más allá del impacto paisajístico, aquellas actúan de barrera natural que salva a la joya de la corona, es decir, la Albufera del mar. Cada cual que opine. Aquí el prisma con el que lo vamos a tratar es bien diferente. Si cambiamos la mirada nos daremos cuenta de que el puerto de Valencia es un conjunto patrimonial e histórico muy interesante. Ya no sólo por lo que nos podemos encontrar todavía allí, que no es poco, sino porque ha sido un espacio en el que se han mirado los artistas, principalmente en el siglo XIX, debido a ese especial paisajismo, generador de un subgénero dentro del de “marinas”, que extrae la la belleza de los veleros y cargueros a vapor atracados en la lámina de agua en reposo entre muelles y escolleras. Asimismo, históricamente, ha sido un lugar de desembarco de personalidades: reyes y celebridades. Siempre me sobrecogerán las fotografías de la llegada al puerto del féretro con los restos mortales de Vicente Blasco Ibañez con una inaudita muchedumbre-Valencia entera se echo a la calle- que le acompañaría en todo el recorrido hasta el centro de la ciudad.

Docks comerciales del puerto

El puerto de Valencia, como tal, es más joven de lo que pensamos, puesto que la configuración plana de la costa hacía del lugar un espacio inseguro, muy difícil de defender, y, por tanto, una golosina para los ataques piratas. Hay que decir, aunque se trate de un apunte histórico y no tanto artístico o patrimonial que el primer puerto de la ciudad era de carácter fluvial. Las embarcaciones más grandes cuyo calado no permitía remontar las tranquilas aguas del Turia y llegar al puerto que estaba varios quilómetros aguas arriba, llegaban a un pequeño muelle de madera. La carga se depositaba en embarcaciones más pequeñas que remontaban el río con la mercancía hasta el verdadero puerto de la ciudad romana. Con el tiempo el muelle costero se convierte en puerto al que se le pone el nombre de “Grau”. Llegó a tener pequeña muralla y torre de vigilancia. Ya estamos en la Edad Media y tras la llegada de Jaime I a la ciudad, se levanta la actual iglesia de Santa María del Mar (al final de la avenida del puerto) y las adyacentes y espectaculares atarazanas de clara estructura gótica, dedicadas a la construcción y reparación de grandes buques. No obstante, a pesar de ir ganando importancia el embarcadero costero todavía de madera, en el siglo XVI, aunque nos parezca extraño, todavía se llevan las mercancías a la ciudad remontando el río en barcas. No es hasta el siglo XVII cuando se empieza a construirse un muelle en piedra con una efímera vida tras su destrucción en la guerra de Sucesión. La configuración actual del puerto por lo respecta a la dársena interior no llega hasta el primer cuarto del siglo XIX, basándose en un proyecto de finales del Siglo XVII firmado por Tomás Güelda, aunque realente es en 1826 cuando Juan Bautista de la Concepción Llovera y Lloved inicia las obras de mejora que darán al Puerto su actual configuración.

Joaquín Sorolla. Puerto de Valencia

La modernidad llega al puerto con la construcción de una estación marítima para recibir a los viajeros. De impronta claramente afrancesada, con la inconfundible mansarda que le da cierta prestancia, al tomar como la todavía existente estación ferroviaria de Lyon, en París, con un cuerpo principal y una torre adosada en un lateral al igual que la valenciana. Si nos fijamos en sus fachadas veremos grupos de esculturas con temática relacionada con el comercio y la actividad marítima además de un escudo borbónico en la fachada principal. Junto a este edificio se diseñó una escalera real en el siglo XVII, pero no fue ampliada hasta bien entrado el XIX. Aunque era preexistente, no tuvo el sobrenombre de “real” hasta la visita de Isabel II que desembarcó en Valencia por la citada escalera desde un barco proveniente de Alicante.

Junto el con el del reloj, los Tinglados son los elementos más característicos del puerto, puesto que rodean buena parte de la dársena interior. Su utilidad era la de almacenar mercancías recién descargadas en Valencia. Son de estructura metálica y fueron levantados entre 1911 y 1923. Además, es llamativa su decoración de estilo y motivos claramente modernistas de un carácter mercantil y marítimo. No podemos olvidarnos de los atractivos mosaicos en cerámica autóctonos alusivos a las naranjas.
Como testigo mudo de aquel tiempo queda una grúa en pie que ha sido salvada como vestigio de otro mundo y como ancestro de las enormes grúas, como edificios, que hoy son dueñas y señoras de los muelles.

Son especialmente interesantes los Docks Comerciales, proyectados y construidos en estos mismos años 20 con idéntica función. Fueron diseñados por Víctor Gosálvez interviniendo en su construcción Demetrio Ribes, autor de la Estación del Norte. Para su ejecución se empleó ladrillo y hormigón armado, y aunque son contemporáneos de los tinglados, tienen una configuración más art decó y están regidos por una idea más moderna en el diseño que aquellos. Siguiendo cronológicamente la Aduana Marítima fue proyectado por Enrique Viedma Vidal a finales de los años 20, sin embargo, tiene un aspecto más relacionado con motivos neoclásicos que con las corrientes más modernas que se pueden apreciar en los Docks. Posee dos características torres y sufrió los bombardeos del puerto en la Guerra Civil. Aunque podríamos de hablar de otros edificios, nos quedamos con el reciente, de minimalistas y elegantes líneas horizontales, diseñado por el arquitecto londinense David Chipperfiel y que se construyó como hito arquitectónico para la America´s Cup en el año 2007.

Edificio Veles e vents

Para finalizar este repaso arquitectónico, como dato curioso a la par que triste, por el estado de conservación que presenta, pocos conocen que la estación ferroviaria más antigua de España que permanece en pie, está en Valencia, y más concretamente hace fachada con la calle Ingeniero Manuel Soto junto al puerto. Discreta y de sobrias pero elegantes formas neoclásicas, se encuentra catalogada y protegida, ya que inició su andadura en el ya lejano año 1854.

Cerramos este artículo con aquellos artistas que encontraron en el Grao una fuente de inspiración. El puerto ha fijado la mirada de un buen número de pintores de finales del siglo XIX como Rafael Monleón o Salvador Abril, auténticos especialistas en los azules que abundan en las marinas y “pinturas de barcos”. También vieron en los muelles un motivo para llevar al lienzo el gran Joaquín Sorolla tanto en sus inicios como ya en su magistral etapa de madurez o José Navarro Llorens en sus años de juventud. Me dejo un buen número de pintores que se movieron en un academicismo detallista, resuelto con mayor o menor fortuna, menos el caso de Sorolla cuya pincelada se va tornando cada vez más impresionista. Mas adelante ya rebasada la mitad del siglo XX Juan de Ribera Berenguer es un cronista más del “Grao” con una mirada más personal si cabe en muchos casos aérea en la que refleja aquel mundo de grúas, cierto destartalamieno urbanístico con esa pincelada suelta y esa paleta tan personal.

Estación marítima del Grao

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