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restorán de la semana

El Observatorio

El Observatorio es esa incisión en el cemento todavía fresco. Un hackeo al sistema

Por | 22/11/2019 | 1 min, 24 seg

Contravenir las reglas básicas de cómo plantar un restorán en el mundo. Una manera de construccion en vivo y en directo. Una barricada contra la avalancha de lo aburrido, de lo homologable, de lo común.

Al entrar, sobre todo al salir, me resulta inevitable el pensamiento plomizo: ojalá más garitos tal que así en cualquier barrio, ojalá más propuestas con una personalidad tan de tuétano. O el reverso del pensamiento: con un Observatorio diseminado cada cierto kilometraje, salvaríamos la ciudad de las garras de lo irrelevante.

ojalá más garitos tal que así en cualquier barrio, ojalá más propuestas con una personalidad tan de tuétano

El proyecto de Sergio Mendoza, hecho a mano, con la paleta sacada, es además un pequeño acto de amor por la ciudad de aluvión, la que nunca emerge. De Jesús a Patraix. Lleno de humor en cada recoveco de la sala, sumergidos los asistentes como gatos que exploran.

La calidez vence a los límites que el Observatorio tiene y casi predica desacomplejado; vence a sus taras, a su irremediable culto de lo pequeño. La carta, un viaje estético al oficinismo le escribe dedicatorias al Perú, a lo Nikkei y a los huertitos de l’Horta Nord; de la vida en new ugly a los platos ardientes. Depara entre sus imprescindibles una causa limeña, un ceviche de puerto peruano o directamente, a lo loco, una mañana de otoño con lomo de orza y pisco sour. Sigamos observando.  


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