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CUANDO HABÍA UHF

'Embrujada', hechizos de andar por casa 

Ante una necesidad de reformular las series familiares americanas, William Dozier hizo realidad ‘Embrujada’ que, con sus brujas y sus conjuros, fue una de las más exitosas

26/09/2020 - 

VALÈNCIA.-Hubo una vez, hace muchos, muchos años, una bruja que habitaba en una serie de televisión. Se llamaba Endora y dice que conoció en persona a Diógenes, Julio César, Atila y a Elena de Troya, por lo que su edad ha sido objeto de debate durante décadas. Y aunque ella reconocía tener unos mil años, es probable que se estuviera quitando algún que otro lustro. Pero no era la edad lo que peor llevaba. Lo que nunca llegó a aceptar es que su hija Samantha se casara con un vulgar mortal. Como consecuencia de esto, su sufrido yerno, el publicista Darrin Stephens, fue víctima de sus comentarios irónicos y despectivos y de sus hechizos. En los ocho años que se estuvo emitiendo Embrujada, Endora solamente pronunció bien el nombre de Darrin una vez.

Lo que sí hizo una y otra vez fue someterlo a sus poderes, transformándolo en mono, en cabra, en burro… Con la llegada de Embrujada a la pequeña pantalla —con la caricatura animada de la protagonista, Elizabeth Montgomery sobrevolando la ciudad sobre su escoba—, Endora instauró una nueva modalidad de suegra que subvertía cualquier tópico al respecto de la madre política.

No fue fruto de la casualidad. Embrujada nació porque el productor William Dozier llegó a la conclusión de que, tras años viviendo un éxito imbatible, las sitcoms familiares necesitaban ser reformuladas de cara a una nueva década, la de los años sesenta, que se intuía llena de cambios y retos. Dozier, el hombre que tan solo dos años después haría realidad la serie de Batman, trabajó a fondo el proyecto durante unos años. Cuando tuvo todo listo para rodar un piloto, pensó en la pareja formada por el productor William Asher y la actriz Elizabeth Montgomery. 

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Estrenada en septiembre de 1964, Embrujada rompía con la línea habitual de comedias familiares al introducir elementos sobrenaturales, una tendencia que ya había probado suerte en series como Mi marciano favorito, cuyo protagonista tenía un tío que venía de Marte. Ese año, coincidieron en las parrillas de diferentes cadenas yanquis series familiares emparentadas con el terror y la fantasía como Los Munsters, La familia Addams y Embrujada. Un verdadero Halloween catódico que además duraba todo el año.

A diferencia de las otras dos, la serie protagonizada por Montgomery no tenía nada de oscuro. Samantha Stephen era una bruja buena, ajena a la magia negra. Sus hechizos eran más bien blancos, se diría que de ámbito doméstico. Conseguía que la cocina se limpiara sola o hacía desaparecer a un grupo de invitados pelmazos cuando ya no podía soportarlos más. 

Los poderes de Sam carecían de cualquier connotación satánica. Además, era madre de una niña llamada Tabitha y de un niño llamado Adam —ambos herederos en vida de los poderes sobrenaturales de su madre, su abuela Endora y su abuelo Maurice— y, por encima de todo, era encantadora, un ama de casa suburbana bendecida con el atractivo de lo cotidiano que de inmediato cautivó al público. Fue la primera estrella televisiva que se convirtió en un sex symbol sin que para ello mediara ningún tipo de artificio.

La bruja Sam —y su madre, no la olvidemos— fue, de alguna manera, un antecedente del modelo de mujer liberada que llegaría unos años más tarde y de manera oficial, de la mano del feminismo. Su personalidad se acentuaba al contraponerla con la de su marido. Darrin era un ejecutivo conformista a las órdenes de un jefe poco escrupuloso (Larry Tate, interpretado por David White). Darrin no quiere complicaciones. Le pide encarecidamente a su mujer que no emplee sus hechizos —que realiza con un ligero movimiento de la nariz, cualidad natural de Montgomery— para no llamar la atención. Por supuesto, no logra salirse con la suya. A lo largo de la serie vive momentos delirantes tales como que se resucite a Napoleón para que protagonice un anuncio de detergente con un acento francés creíble, o que Sam decida ver a un psiquiatra y su madre invoque al mismísimo Sigmund Freud para que le atienda.

Darrin fue encarnado por dos actores distintos. Durante los primeros años, fue Dick York quien lo interpretó. Debido a un problema de espalda que fue aumentando con el tiempo, York tuvo cada vez más dificultades para rodar sus partes en la serie. Tras un ataque de dolor que hizo que tuviera que ser hospitalizado, nunca más volvió a pisar el plató de Embrujada. Fue sustituido —sin que en el guión se le diera alguna explicación al cambio— por Dick Sargent. Sin la vis cómica de York —no era lo mismo verle a él que a Sargent diciendo estupideces como consecuencia de los conjuros de Endora— la audiencia fue descendiendo hasta que en 1972 llegó a su temporada final. 

Embrujada caló hondo entre el público. Hubo miles de niñas que fueron bautizadas como Tabitha, y la popularidad del bebé de los Stephens fue tal que acabó contando con su propio spin off. La pérfida Endora también dejó huella entre los televidentes. Quizá demasiada para el gusto de la actriz que le dio vida. A sus 57 años, Agnes Moorhead ya era una veterana del cine y el teatro cuando se le ofreció encarnar a la ancestral hechicera que aparecía de repente en la casa del matrimonio Stephens para complicarles la vida. Moorhead llevaba medio siglo interpretando en cine, radio y teatro, había sido miembro de la compañía dramática Mercury Theater fundada por Orson Welles y Joseph Cotten, y de hecho, tuvo su debut cinematográfico en Ciudadano Kane.

Así que, el hecho de haberse convertido en la bruja de la televisión era algo que no le gustaba lo más mínimo. Por su parte, Montgomery se dedicó de lleno a la televisión y la mayoría de películas que rodó estaban destinadas a este medio. Su trabajo en Embrujada fue más allá de la mera actuación. Ella misma diseñaba su vestuario y cuando la serie se hizo popular, lanzó una línea de moda inspirada en ella. En el terreno de la ficción, madre e hija rompieron una serie de estereotipos sobre los personajes femeninos. Y si por esas cosas del machismo, la suegra estaba destinada a ser considerada como una bruja, qué menos que darle poderes para que ejerciera como tal. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 71 (septiembre 2020) de la revista Plaza

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