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NOSTÀLGIA DE FUTUR / OPINIÓN

Empresarios, ¡arráiguense!

19/05/2016 - 

En economía urbana utilizamos el termino de fertilidad para referirnos a las condiciones de una determinada área geográfica para que se ubiquen y desarrollen actividades productivas. Las ciudades y los barrios más fértiles serán los mejor conectados, mejor abastecidos de servicios, con una mayor dotación de capital humano y con acceso a un mercado más amplio. La fertilidad de una determinada área urbana tiene una influencia muy importante en los precios del suelo.

Traducido a la lógica local, Valencia será una ciudad más fértil cuando sea capaz de generar mejores condiciones para que las actividades económicas -básicamente las empresas- se asienten en el territorio, empiecen a crecer y desarrollen innovaciones

Pero volviendo al símil botánico, la fertilidad económica no nos explica toda la historia de la relación de las empresas -las plantas- con la ciudad que las acoge -la tierra-. Una ciudad muy fértil podrá generar numerosas ideas, proyectos e iniciativas que luego podrían ser ‘transplantados’ a otros lugares. Si pensamos por ejemplo en la cantidad de jóvenes emigrados desarrollando carreras profesionales en otras latitudes, podemos pensar que Valencia ha sido fértil en cuanto a la generación de talento, pero no ha facilitado las condiciones para que ese talento se consolide y aproveche.

Dos ejemplos paradigmáticos de instituciones arraigadas son las universidades y los clubs deportivos profesionales

El siguiente nivel a la fertilidad, un paso adelante no necesariamente secuencial, es el del arraigo económico-empresarial. Lo que en el mundo anglosajón han acuñado como anchor institutions, lo podríamos traducir como instituciones ancladas o arraigadas en un territorio determinado. El origen del término y las teorías que lo acompañan está en la identificación de un tipo muy concreto de empresas e instituciones que tiene relaciones simbióticas, de dependencia mutua, con el lugar donde están ubicadas. Instituciones que no se pueden marchar a otro lugar, al menos no de manera sencilla.

Dos ejemplos paradigmáticos de instituciones arraigadas son las universidades y los clubs deportivos profesionales. Pensemos en la Universitat de València, la Politècnica o en el Valencia CF. Son instituciones con una vinculación tan potente con la ciudad que hasta la llevan en el nombre. Tienen un peso simbólico increíble y una gran capacidad de movilización social. Estudiantes y aficionados llevan casi para siempre su membrete como parte de su identidad. No en balde las preguntas ¿dónde estudiaste? y ¿de qué equipo eres? son uno de los puntos de partida más recurrentes para conocer a una persona. Otro tipo de anchor institutions, empresas tan vinculadas a un territorio que nunca se podrán deslocalizar del todo, son los grandes museos -aunque generen filiales en países remotos-, las marcas de cerveza -pensemos en sus estrategias de marketing- o los medios de comunicación.

Éste en el que escribo lleva orgullosamente el nombre de la ciudad que habitamos en su cabecera. De hecho, dar la enhorabuena a Valencia Plaza por su sexto aniversario, significa también felicitar a numerosas iniciativas de la ciudad que se han reforzado y visibilizado a través de sus páginas virtuales.

Las anchor intitutions no suponen solo una vinculación simbólica o identitaria con una ciudad, una región o un país. El arraigo económico significa maximizar las relaciones productivas entre una institución y el entorno donde ésta está ubicada. Empresas más inteligentes hacen a los territorios más inteligentes, ciudades más inteligentes facilitan el arraigo de empresas inteligentes. Arraigarse significa vincularse con el sector educativo, la sociedad civil o el espacio público para desarrollar la capacidad de innovar y fidelizar a clientes y trabajadores.

No estamos hablando de responsabilidad social corporativa sino de entender la importancia del territorio en cada cadena de valor. Aunque los resultados no sean evidentes de manera inmediata, tenemos buenos ejemplos que señalan la importancia de ser permeables al tejido social, de involucrarse de primera mano en la transformación productiva y en el ecosistema innovador de un lugar. La identidad nunca ha sido tan productiva.

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