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cuando había uhf

'Enredo', la madre de todos los líos

Irreverente y locuaz, la serie fue una feroz parodia de los culebrones de la televisión americana y rompió ciertos esquemas con su tono políticamente incorrecto

25/09/2018 - 

VALÈNCIA.-«Esta es la historia de dos hermanas: Jessica Tate y Mary Campbell...». Una voz en off repetía estas palabras cada vez que comenzaba un nuevo capítulo de Enredo. Dicha voz intentaba resumir en unos pocos segundos la trama de la serie pero, francamente, para conseguirlo habría necesitado un capítulo entero. Enredo hacía honor con creces a su título porque no era una telenovela, era una sátira sobre ellas. Si ya en las series originales las tramas rayaban lo demencial, en Enredo adquirían la condición de locura. La diferencia es que mientras las telenovelas como Peyton Place u Hospital General —por citar dos que se emitieran en su momento en España— iban completamente en serio, Enredo era todo un cachondeo. Su título en inglés, Soap, era una divertida alusión a lo que el público anglosajón conocía popularmente como soap operas. Un género que, con la llegada de Dallas y Dinastía, intentó hacer verosímiles las situaciones más increíbles. 

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Enredo nació a finales de 1977, antes de que las telenovelas deudoras de Dallas llegaran a su apogeo. Si no fuera por ese detalle cronológico, podría decirse que el absurdo de algunas de sus situaciones inspiró a los guionistas de estas series. Es cierto que la voz en off de la presentación decía «esta era la historia de dos hermanas» pero todo lo que las rodeaba era tan hilarante y absurdo como la vida misma, empezando por sus respectivas familias. Jessica, la rica, estaba enfrentada a su hermana Mary, que no tenía tanto dinero. La primera era víctima de las infidelidades y los manejos de su pérfido esposo, Chester Tate, quien en cierto momento se autodefine como un hombre «capaz de acostarse con cualquier cosa que respire».

Entre esos seres vivos se encontraba, por supuesto, la hermana de Jessica. Los secretos eran el combustible que desencadenaba continuas sorpresas. Billy Tate, hijo de Jessica y Chester, se unía a una secta para después tener un lío con su profesora de instituto. Su hermana Corinne descubría que era adoptada. Y en medio de todo eso, el mayordomo Benson, con una autoridad moral cargada de una fina ironía, ponía firmes a todos.

Ahora toca presentar a los Campbell. Mary está casada con Burt, un constructor cuya vida está marcada por un  insignificante detalle: mató a un mafioso —el primer marido de su mujer—. Burt es el padre de Chuck, un joven que ejerce de ventrílocuo a tiempo completo. Es decir, se pasea por todas partes con el muñeco Bob, al que considera un miembro más de la familia. Y lo es. Como también lo es El Mayor, padre de Mary y Jessica, que vive con los Campbell y luchó en la Segunda Guerra Mundial. Cree que sigue viviendo en esa guerra, por lo que siempre va vestido de uniforme. Jodie, hijo de Burt y Mary, fue el primer personaje televisivo abiertamente gay de la historia de las teleseries. Ajeno al concepto «estar dentro del armario», Jodie se comportaba con una naturalidad poco habitual en una serie de estas características. Pero ni siquiera él logró escapar a los embrollos de las tramas. Los guionistas se las apañaron para que tuviera un hijo con una mujer o que durante unos cuantos capítulos se planteara un cambio de sexo.

Ese y otros asuntos de lo más diversos pusieron en guardia a todo tipo de organizaciones cuando antes de su estreno se filtró información sobre la serie. Colectivos religiosos, proderechos de la familia y proderechos del colectivo gay alzaron sus voces antes de tiempo, con tanta fuerza que la serie estuvo a punto de cancelarse. Afortunadamente, se estrenó y la incorrección política triunfó antes de que el término opuesto existiera. De haberse filmado hoy, seguramente nos habríamos quedado sin verla.  Y eso hubiese sido un crimen contra la humanidad porque Enredo fue —y continúa siendo— una serie terriblemente divertida. Su creadora fue Susan Harris, responsable unos años después de otra serie imprescindible por su sentido del humor: Las chicas de Oro. Para eludir problemas, Enredo se estrenó en Estados Unidos con un aviso previo sobre su contenido para adultos. Algo parecido a los inolvidables dos rombos que nos plantaban cuando TVE emitía contenidos susceptibles de herir las sensibilidades más frágiles.

La serie dio grandes momentos para el recuerdo. Burt convencido de que solo con chasquear los dedos se hacía invisible. Su mujer entregada al alcohol porque cree que su hijo es fruto de una abducción extraterrestre de la que fue víctima tiempo atrás. O ese impecable Benson, encarnado por el actor Robert Guillaume, que con su desafiante retórica y su mala leche, le daba un giro de tuerca definitivo al papel de mayordomo negro. A pesar de su carisma y su popularidad, nunca llegamos a conocer su apellido hasta que tuvo su propia serie. Benson, un spin off estrenado en 1979 y que se emitió hasta 1986, sobrevivió en la parrilla de programación de la cadena ABC con más éxito que la serie madre, que dejó de emitirse en 1981, tras cuatro temporadas. Cuando Guillaume abandonó la serie para protagonizar la suya, los guionistas de Enredo optaron por enviar a Benson a trabajar a casa de un político pariente de Jessica. Por cierto, su apellido era DuBois. 

Enredo, que llegó a nuestros televisores en 1981, cuando Dallas ya tenía en vilo a media España, se convirtió en una serie muy popular aquí también. Motivos no le faltaban para ello. En 2007, la revista americana Time la incluyó en la lista de los mejores programas televisivos de la historia.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 47 de la revista Plaza

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