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entrevista al filósofo y sociólogo francés autor de 'la vía para el futuro de la humanidad'

Edgar Morin: "El crecimiento hoy se ha establecido como un imperativo que necesita ser revisado" 

27/11/2019 - 

MONTPELLIER. La cita es en Montpellier. En medio del Jardín Botánico de su Universidad en la que también se ubica la Cátedra Unesco de la "Complejidad" en honor al padre del 'pensamiento complejo' y uno de los filósofos y sociólogos más influyentes del siglo XX. También quién, de una forma determinante, ha sentado las bases para entender el nuevo milenio desde una perspectiva inconformista, pluridimensional y en metamorfosis para hacer frente a esa oscura premonición de Francis Fukuyama que nos sitúa en el fin de la historia. 

Edgar Morin (Edgar Nahoum, Paris, 1921) ha vivido muchas vidas a sus 98 años. Su reciente autobiografía Les souvenirs viennent à ma rencontré (Fayard, 2019) -"Los recuerdos vienen a mi encuentro", aún no editada en castellano- ratifica el legado de un autor multidisciplinar que se refleja en su vastísimo opus. El Método, los seis volúmenes dedicados a sistematizar la complejidad del pensamiento; su tetralogía pedagógica con Los siete saberes necesarios para la educación del futuro como obra de obligada lectura;  la cultura de masas y lo que el autor ha acuñado como "política de civilización" con Breve historia de la barbarie en Occidente; El año 1 de la era ecológica; Para una política de la civilización; ¿Hacia el abismo?: Globalización en el siglo XXI; ¿Hacia dónde va el mundo?... todos, en cierta forma, interrelacionados bajo la investigación constante en pro del humanismo como el único remedio para la humanidad misma. En el año 2011, a modo de visionario, publicará La vía para el futuro de la humanidad, el texto del que Stéphane Hessel, autor de ¡Indignaos! dirá: "Las respuestas a los problemas de nuestra sociedad hay que buscarlos en otro libro: La vía de Morin".

En esta ocasión, el infatigable Morin lanza un mensaje a millones de jóvenes que pueblan las orillas del mar Mediterráneo. Lo escucharán un centenar de ellas y ellos en Barcelona llegados de 18 países de la ribera, desde Líbano a Argelia, pasando por Egipto, España, Francia o los Balcanes, en el marco del VIII Encuentro de la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo (FACM) con sede en València, cuyo miembro de honor es el propio filósofo. Una entrevista a modo de manifiesto inesperado, como es el lugar de su realización, en medio de especies botánicas, en una suerte de laboratorio de ideas repleto de color y estímulos sensoriales, desde el que el joven e indisciplinado nonagenario sigue instando a millones de jóvenes a no conformarse con estar indignados.


-¿Se podría construir una política civilizatoria en el Mediterráneo actual? ¿Podemos hablar de una ciudadanía mediterránea como alternativa?

-La realidad mediterránea es muy compleja. Las amenazas para la humanidad son terribles y se ven especialmente en los países mediterráneos. No nos olvidemos de la amenaza nuclear, de la amenaza de degradación ecológica ante la que el Mediterráneo como otros mares y océanos corre el riesgo de convertirse en un desierto debido a la contaminación y su sobreexplotación, los conflictos actuales en la región. El primero, el de Oriente Medio, el problema israelí-palestino no resuelto, un cáncer que no sólo afecta al Mediterráneo sino una amplia parte del planeta. La intervención estadounidense en Irak que ha resultado en más desastre. Está la guerra en Siria que no sólo es una guerra civil, sino un conflicto en el que fuerzas externas, como EEUU y Rusia han intervenido haciéndola una guerra internacional. El Mediterráneo está bajo todas estas amenazas. Además, está el empeoramiento de las relaciones entre el mundo islámico y el occidental o europeo. El mundo islámico, tras el fracaso de las democracias, tras el fracaso del socialismo árabe, tras la colonización económica que fue seguida de la colonización política y que finalmente se rechazó, dio como resultado de todo ello que, gran parte de los pueblos, tras perder la esperanza en la democracia, en el socialismo, buscaran refugio en la religión. Además, una minoría de esas personas musulmanas quedaron atrapadas en una retrógrada y rígida concepción de la religión, y una pequeña parte de esa pequeña parte se volvió hacia el extremismo, hacia el yihadismo para luchar no sólo contra los no musulmanes sino, en primer lugar, contra los propios musulmanes.

Desde la concepción occidental, además, lo mezclamos todo, el yihadismo, el fundamentalismo y el ser simplemente musulmán. Así que estamos atrapados en un proceso de desentendidos y desacuerdos olvidando que las tres religiones, la de Israel, el Islam y el Cristianismo tienen el mismo fundamento, la misma raíz, que es la de la Biblia. Así que, para crear una ciudadanía deberíamos considerar aquello que nos une y superar aquello que nos divide. Considerar este mar común a pueblos que hablan diferentes lenguas, que tienen diferentes costumbres, que profesan diferentes religiones pero que, debemos recalcarlo, tienen la misma raíz. Y cuando ésta es secular, pueden compartir un secularismo común, proveniente de un mismo origen, el Mediterráneo. No nos olvidemos que este mar es lo que tenemos en común y debemos verlo desde una perspectiva maternal.

-A ese respecto usted dice que "históricamente, el Mediterráneo ha sido una zona de antagonismos y conflictos, una zona de creación y de destrucción. Una región en la que se da el sorprendente fenómeno de que los vencidos son quienes civilizan a los vencedores".

-Debemos desmitificar el Mediterráneo y volver a remitificarlo. El Mediterráneo está lleno de mitos que nos separan. Remitificar significa ver el mar como una madre, una matria. Las patrias insisten en el término paternal, la matria es un concepto de amor, de protección de un mar que te envuelve, te protege, te alimenta como una madre. Si somos hijos del Mediterráneo, si nos sentimos como hijos de este mar, tendremos la oportunidad de fraternizar. Sólo la fraternidad y el entendimiento pueden paliar la tragedia mediterránea. En este sentido, las civilizaciones del Mediterráneo podrán proseguir porque la matria es el equivalente a una tierra de destino donde todos somos ante todo ciudadanos. No nos olvidemos de que el/la ciudadano/a es alguien que ha adquirido derechos y deberes, y tiene responsabilidades hacia aquello de lo que forma parte. Si consideramos esta responsabilidad, podremos sobreponernos a los conflictos, pero sólo mediante el intercambio, la fraternización, los encuentros, la amistad, el entendimiento, con el fin de sacar a flote las raíces de las distintas civilizaciones regenerándolas en el seno de un mar entendido como nuestra madre.

-Después de las primaveras árabes, movimientos como el 15M o, incluso, las revueltas que vemos estos días en Líbano, en Argelia o saltando de continente, en América Latina, ¿qué queda de su mensaje de La vía?

-Queda una forma distinta de concebir el futuro. Por ejemplo, en mi libro yo explico que el término "desarrollo" se ha restringido demasiado a una naturaleza puramente tecno-económica. Este tipo de desarrollo ha destruido las viejas y tradicionales solidaridades que han compartido históricamente los pueblos. Así que el desarrollo debería ir acompañado de su opuesto, lo que podríamos definir como "involución" como única forma de salvar a las comunidades y posibilitar el nacimiento de otras nuevas. El crecimiento hoy se ha establecido como un imperativo que necesita ser revisado precisamente para repensar qué tipo de crecimiento se necesita, el de una economía sana, una economía de cosas vitales, la economía de productos que no están programados para ser de usar y tirar. No necesitamos un crecimiento de economía superficial, estéril y dañina. Necesitamos por tanto crecer y decrecer, reconocer las necesidades del crecimiento y aquello que necesitamos que decrezca. Esto supone que necesitamos de la globalización y desglobalización en territorios que corren la amenaza de convertirse en desiertos humanos y biológicos. ¿Cómo? Con leyes de protección. Necesitamos cambiar nuestra forma de pensar, y es por ello que lo que escribí en La vía sigue en mi opinión estando más vigente que nunca si cabe.

-En ese proceso de repensar nuestra propia forma de pensar, ¿hay cabida para el pensamiento complejo como mensaje o vía para la juventud del Mediterráneo?

-El pensamiento complejo confronta problemas y antagonismos que cohabitan en la misma realidad. Precisamente en un mismo plano de realidad tenemos conflictos, antagonismos, concordia y discordia, entendimiento y fanatismo. Todos estos elementos los vemos justamente en el Mediterráneo, porque en este espacio podemos encontrar lo mejor y lo peor. Lo peor que también puedes encontrar en cualquier otra parte y lo mejor que, sin embargo, no encontrarás en ningún otro lugar más que en el Mediterráneo, y ésa es la diferencia.
Debemos pensar que somos los depositarios de una cultura maravillosa que nos ha permitido cultivar un amor permanente hacia el Mediterráneo, hacia sus tierras y su mar, pero a la vez somos hijos de lo mejor de la cultura humana que es el humanismo, la apertura, el entendimiento del otro y se lo debemos al Mediterráneo, que, a su vez, lleva la bandera de todos los problemas de la raza humana.

Debemos entender que hay una comunidad de destino, un destino humano bajo amenaza, una amenaza que se cierne sobre todo el mundo, y ante la que los pueblos mediterráneos deberíamos ser los primeros en actuar. Los sureños deberíamos ser los primeros. ¿Por qué? Porque en el norte la gente ha desarrollado sobre todo la cultura del cálculo, del provecho, del dominio sobre las cosas, el mundo anónimo, un mundo devoto únicamente al negocio y a la posesión, mientras que el sur, que está siendo invadido por esa concepción del norte, aún defiende los grandes valores de libertad, la autonomía de la vida, la comunicación, la extroversión y el diálogo. Recuerda que el diálogo nació en el Mediterráneo, el diálogo de Sócrates y Platón. Somos la civilización del dialogo y es lo que necesitamos por naturaleza. Es por ello que felicito a la Fundación ACM por su coraje y esfuerzo, que a pesar de la adversidad y de las dificultades, sigue defendiendo el gran espíritu mediterráneo, amenazado en el Mediterráneo mismo, y del que debemos ser portavoces y permanentes defensores.


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