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EL MURO / OPINIÓN

Es negocio e industria

“El Chacal” es el nombre del agente literario de la Nobel Glück cuyos poemarios hasta ahora publicaba la prestigiosa editorial valenciana Pre-Textos. No me hablen de “cultura” sino de negocio

22/11/2020 - 

Cada vez que escucho a alguien hablar en nombre de la denominada “cultura”, dándose al mismo tiempo golpes en el pecho o reclamar lo que le corresponde en nombre del esthablisment, me dan ganas de salir corriendo. Como cuando dicen eso de “nosotros los intelectuales” o “nosotros, el mundo de la cultura”. Resulta de lo más vanidoso y frívolo porque se otorgan rango de clase. 

Si analizamos qué significa el término “cultura”, la RAE considera que es el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Por lo tanto, no existe “mundo de la cultura” y menos “personaje de la cultura”, salvo si ejerce labor crítica en beneficio de la sociedad, pero nunca en el propio. 

Así que, yo más bien hablaría de oficios, como el de pintor, escultor, artesano, actor, dramaturgo o periodista, entre otros muchos vinculados o no a las Bellas Artes. Pero ya lo dijo Rousseau: “las artes depuran o corrompen las costumbres”. Por ello, muchos se otorgan el poder semiótico del término como profesión ejemplar en estos tiempos contemporáneos y perdidos en la inmediatez y hasta la más absoluta banalidad escondida bajo la denominación sutil de “Cultura”. Allá ellos, que hubiera dicho Marcos Mundstock. 

Un oficio se realiza para  mantener o desarrollar una evolución personal, una forma de vida. Y los de la “cultura” si algo no hacen es querer vivir sólo de la musas, los encantos del placer de las Bellas Artes y la mera y simple estética, salvo si tienen otros posibles como ha sido el caso de nuestro Cervantes, Paco Brines, un hombre culto, refinado y perseverante ante la adversidad de la sociedad a la que se dirigía desde su poesía palpable o metafísica. ¡Felicidades, maestro! 

Si acaso, todo lo demás en esto de la “cultureta” sería simplemente bohemia, que en estos tiempos ya no se lleva si se quiere sobrevivir dentro del pantano de caimanes en el que nos ha tocado estar como si intentáramos sobrevivir en la reserva de aligatóridos de Barataria. 

Venía esto a cuento porque el agente de la escritora y último premio nobel de Literatura, Lousie Glück, conocido en el mundo del negocio de las letras como “El Chacal -ya lo dice todo-, ha exigido a la editorial valenciana Pre-Textos que deje de distribuir los libros de la poetisa porque ha visto negocio por otros lados. Ahí tienen la respuesta de la importancia sentimental o metafísica de la “cultura”.

Habrá que salir en defensa de Pre-Textos. Durante sus 40 años de trayectoria ha demostrado sensibilidad, buen gusto, elegancia y dedicación a las letras. Hasta perdiendo dinero. Golpes tipo Nobel que pocos conocían y como mucho vendía en España doscientos ejemplares, como otros que también editaban por convicción, les ha salvado y permitido continuar editando otras búsquedas.

Todo este entramado de términos y palabrería a lo único que nos conduce es a concluir que eso de la “cultura” que algunos se ponen en el pecho para ser distinguidos cuando caminan por la calle, a lo que se dedican es al negocio, que está muy bien, ya sea del espectáculo o las Bellas Artes. No cuesta nada reconocerlo. No van a trabajar gratis, pero tampoco son salvadores ni están para que los salvemos porque sí.

Resulta que todos los premios que se convocan en este mundo, o por lo general, están dotados económicamente, lo que permite a un creador seguir creando y aliviar su economía. Y Hacienda, recaudar gratis a costa de los demás. Pero de eso a querer vivir del cuento porque uno se sienta o defina “cultura” va un trecho. Y es lo que pasa. Estamos rodeados de “culturos/as” que pillan de la subvención para justificar su gran labor creativa, aunque el producto no sirva para nada, ni quede en el tiempo. No sé si recordarán, pero la gestión de Zaplana y sus adláteres para conseguir palmeros fue a base de pagar exposiciones, catálogos de arte y sobre todo premios millonarios a figuras que venían a golpe de talonario a la Valldigna para que el Molt Honorable luciera en toda su extensión social el fin de semana. Y además, dentro de ese halo de intelectualidad que da risa cuando cae en manos del poder político y otros teledirigen a cambio de papel numerado y canapés.

Así que, partamos de la base de que cultura es negocio, puro negocio, pero también industria, como lo son las giras de rock, los documentales de À Punt, las películas subvencionadas que nunca se estrenan en RTVE, las giras de espectáculos y hasta los conciertos de música sinfónica o la ópera. ¡A ver si alguien dirige gratis en Les Arts para satisfacer a quienes creen ser miembros de la “alta cultura”!

El caso de Glück y “El Chacal” es la máxima evidencia, el paradigma del negocio en sectores que están a lo que toca. No negocian por la “cultura” sino por los beneficios de un trabajo que es lícito exigir, por supuesto, pero hay que abonar antes para que demostrar su versatilidad y validez. Algo así como cuando Basquiat cayó en manos del marchante que lo encerró en un sotano y le dio de todo lo prohibido para que durante una semana pintara desde la locura. Lean a Robert Hughes en “A toda crítica”  y lo entenderán

Sin embargo, a un servidor lo que le apetece reconocer es el trabajo de Pre-Textos que desde su existencia y en silencio ha dado señales de amar las letras por encima de palabras tan gruesas como la “cultura” y sin recurrir a ellas como márquetin literario.

La cultura individual se la cultiva cada uno a base de responsabilidad personal e inquietud hasta ser considerado culto, que es algo muy distinto a ser miembro de la “cultura” que no es sino conocimiento y ganas de cultivarse para ser más libre e independiente, lo que al poder le molesta porque nos hace críticos. Por eso paga y bendice este mundo de vanidades, prebendas, aplausos y vividores de la impostura. Cultura no es una etiqueta que uno se pone cada mañana para que se lo reconozcan sin nada previo a cambio, salvo vivir de la subvención bajo la etiqueta o el cuento de la propia “cultura”. 

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