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RESTORÁN DE LA SEMANA

Esencia

Sabor y brasa en un escenario con encanto

Por | 28/06/2019 | 2 min, 6 seg

VALÈNCIA. De Esencia recuerdo sentirme en casa, ¿qué más se puede pedir? Sobremesa de viernes con buenas amigas, un restaurante que hace las veces de hogar. Ubicado en una casa de pueblo, a la que se llega callejeando por el viejo Beniferri, ese escenario que permanece detenido en el tiempo pese a la embestida urbanística de los alrededores. Nada más entrar, la cocina abierta, sin temor al desnudo. Luego la sala, que es un salón, donde apetece estar.

Hasta aquí el escenario, que es una parte importantísima de la experiencia. 

El propietario es un vinícola empedernido, Manu Cháfer, quien decidió hacer buena cocina en las afueras. Para ello puso a los mandos de los fogones a Néstor Oreiro y Víctor Ortega, que mezclan los platos de nueva impronta con la cuchara de toda la vida, insistiendo en el producto a la brasa. Aseguran que tienen "sintonía", "complicidad", y que trabajan bien en equipo. Lo que no se le ocurre al uno, se le ocurre al otro, y así van logrando el equilibro.

No son ni muy modernos ni muy clásicos, y me parece bien, ¿por qué debe ser una cosa o la otra? A esta casa rústica se desplazan tanto los trabajadores de la zona como las parejas en busca de una experiencia especial. Esto implica sacar un menú del día solvente, pero también platos para compartir. Hay arroces melosos y guisos de toda la vida (que perdón por no probar, pero... 28 grados); de repente, una presa ibérica gratinada al alioli de miel o la ventresca de atún salvaje de Tarifa a la brasa. Un foie al cacao con fartons, figatells de atún con la picada bien subida, y la ensaladilla sin mayonesa, con espuma de remolacha.

Se valoran detalles como el buen aceite y el pan caliente. También la buena atención por parte de las camareras, amables y atentas a la cocina. Lo del vino se daba por hecho. 

Dicen Néstor y Víctor que Esencia es "sabor" y "encanto". Sus planes de futuro no pasan por emprender un proyecto mayor, ni por acercarse el centro. Se conforman con trabajar cada día más, disfrutando de lo que hacen, para que la cocine evolucione al mismo ritmo que el restaurante. Para mí es el lugar donde comí tranquila, entre amigas, sin mandamientos.

Los platos de Esencia

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