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políticos al habla / OPINIÓN

Fascismo, derechos y libertades

5/12/2018 - 

5-12-18. Una sensación de frustración y rabia invadió València ante la noticia de la cancelación de la actuación de Mongolia por las amenazas recibidas ¿otra vez?. La reacción inmediata del alcalde, Joan Ribó, garantizando la seguridad, frustró el nuevo intento de la ultraderecha de decidir la agenda cultural valenciana.

En esta tierra hace años que convivimos con estas personas o grupos, que campan a sus anchas en determinados espacios, agreden violentamente, nos insultan y amenazan en directo el 9 d’Octubre, intentan boicotear nuestros actos, nos amenazan en diferido por las redes sociales, y acuden a la puerta de la vivienda de la vicepresidenta con máscaras de película de terror para amedrentarla a ella y a toda su familia. Y todo esto impunemente. Aquí ya les conocemos y padecemos. Y no les tenemos miedo.

El fascismo existe y convive con nosotros todos los días del año, aunque elija los momentos en los que dejarse ver. El problema es más grave cuando algunos lo alimentan sin preocuparles las consecuencias.

Un cabeza rapada junto a un tatuaje de la esvástica no da lugar a dudas, aunque haya jueces con problemas de vista. La dificultad es mayor cuando se viste como tú y su discurso parece racional, pero no lo es. Su ideario se basa en el rechazo a lo diferente, en la exaltación de la patria por encima de todo y como justificante de cualquier acción violenta, el control de la justicia y el sometimiento a la mujer por el hombre, tratar la homosexualidad como una enfermedad y la confusión entre Iglesia y Estado. Efectivamente se parece más a una dictadura que a una democracia, que es lo que en realidad esconden esas banderas gigantes de España que exhiben, cuya historia alteran en su delirio nostálgico imperial.

Imagen del espectáculo de Mongolia

En esta comunidad autónoma llevamos desde los años 80 con la batalla del anticatalanismo como excusa de éstos para la violencia y los discursos ultraderechistas. Guillem Agulló fue una de sus víctimas.

Les conocemos, llevamos años padeciéndoles, y, hay que decirlo, la asunción de parte de su discurso por Cs y el PP legitimándolo, es evidente que les ha dado alas. Ahora, una vez que han entrado a lo grande en el Parlamento Andaluz y en consecuencia en breve en el Senado, con unos medios de comunicación ávidos de noticias y proclamas que se salgan de lo común, el altavoz que van a tener para su discurso del odio ya tiene amplificador.

Pero lo cierto es que el PP los necesitaba. Pues la fuga de militantes y votos que ha tenido como consecuencia de su corrupción, y el auge de Ciudadanos, le ha hecho perder presidencias y alcaldías en toda España. Poder que hoy ve más cerca de recuperar gracias a la entrada de estos hijos díscolos en la política institucional. Precisamente por ello el candidato del PP casi se autoproclama presidente de Andalucía la noche electoral. El PP valenciano ya lo ha dicho: no le ven problema a gobernar con ellos. Sabe que se van a entender, porque son de la misma familia.

Pero, insisto, aquí no son ninguna novedad. Los 20 años del PP que devoró a Unión Valenciana y a cualquier otra opción regionalista españolista -a base de hacer suyo el discurso del odio hacia el pueblo catalán y la secesión lingüística- han hecho que hoy la gente esté más habituada que en otras comunidades autónomas a escuchar determinadas cantinelas. Sabemos lo que esconden: corrupción, pésima gestión y recortes. Ya lo hemos padecido.

Otra de las grandes diferencias con el panorama político andaluz es la alianza de los partidos progresistas, que bajo el paraguas del Botànic, han ofrecido una estabilidad ejemplar traducida en más de 54 leyes de regeneración y en múltiples medidas sociales que han recuperado derechos y compensado los recortes del gobierno del PP. Esta está siendo la legislatura de los derechos y la recuperación de la democracia.

En Andalucía el PSOE ha gobernado con el apoyo de Cs y quien más oposición ha realizado ha sido Podemos, cuya líder llegó a afirmar en campaña que no gobernaría con Susana Díaz, sin que el votante de izquierdas pudiera vislumbrar un horizonte claro de gobierno. Así, el tándem PSOE-Cs ha hecho crecer a Cs y ha desmotivado al votante progresista.

Aquí el pacto de gobierno que suma a Compromís, Podemos y PSOE, supera las desavenencias con horas de diálogo y negociación, poniendo a la ciudadanía por encima de los intereses partidistas y electoralistas o incluso las desavenencias personales. Somos tres fuerzas políticas distintas, nadie puede pretender que coincidamos en todo. Lo fundamental es que sabemos entendernos.

Así mientras Cs sólo habla de Cataluña con el fin de ocultar que carecen de proyecto político para esta comunidad (¿alguien conoce alguna propuesta destacable en estos años de Cs para nuestra Comunidad?); otros, el PP, aspiran a que quede algo del filón del odio hacia Cataluña que haga que la gente se olvide de su corrupción y despilfarro y en definitiva, del daño que han causado a esta tierra. Porque lo cierto es que propuestas tampoco tienen.

Nosotros, Compromís, seguiremos desde la gestión recuperando la finalidad propia del dinero público: que sirva para garantizar nuestros derechos, construyendo colegios, eliminando copagos, devolviendo lo robado o incautado como el dinero de la dependencia, y sí, aprobando leyes contrarias a lo que reivindican los nostálgicos de la dictadura, como la ley LGTBI más avanzada del Estado o la Ley de la Infancia y adolescencia, que les erige como sujetos de derechos. Y también ofreciendo los puertos valencianos como lugar de bienvenida para aquellos que han puesto la ayuda humanitaria por encima de sus propios intereses, como los héroes anónimos del barco de Santa Pola que han rescatado del agua a gente que sólo pretende sobrevivir.

Estamos demostrando que la política es útil para la gente, cuando se ejecutan políticas valientes. Que el diálogo ha de ser la norma, y no la excepción. Y eso es lo que falta en el Congreso de los Diputados: que la política dé respuestas y resuelva los problemas de la gente, sin miedos, con valentía. Las mentiras se cuelan por la ventana cuando la verdad está vacía.

Isaura Navarro es diputada de Compromís en Les Corts

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