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'Fes-me un lloc': retrato de una generación obligada a emigrar para sobrevivir

Isabel Martí, directora y autora de 'Fes-me un lloc' y la actriz Paula López hablan sobre el futuro incierto de las generaciones jóvenes

11/10/2021 - 

VALÈNCIA. Los jóvenes tienen siempre muchas ganas de comerse el mundo y pocas maneras de hacerlo. Fes-me un lloc defiende la importancia de luchar por los ideales y de compensar la falta de herramientas con vitalidad para dar voz a la realidad de la generación que busca el crecimiento sin renunciar al idealismo.

Isabel Martí, directora y autora de la obra, establece un debate social sobre la necesidad que tienen los jóvenes de emigrar para sobrevivir. Un problema que genera situaciones de despoblación rural y fuga de cerebros. Para ello cuenta la historia de la revolución de un colectivo que pelea por un futuro digno desde un presente tambaleante.

Una realidad conjunta 

Cuando Martí recibió el encargo de hacer una obra para jóvenes, se decidió a pasar una semana entera conociendo a los actores, con la finalidad de hallar un punto de encuentro desde el que trabajar con ellos. La directora, de 39 años, asegura que no quería pecar de tener prejuicios sobre la generación anterior a ella. A través de esta inmersión y escritura conjunta ha logrado crear lo que ella define como una historia escrita “para ella y para ellos”, donde la realidad y la ficción resultan casi indistinguibles. 

La actriz Paula López asegura que este proceso de acompañamiento "ha generado una representación que huye de la común infantilización del dolor de los jóvenes y que genera una exigencia que necesita ser escuchada". Al establecer un diálogo continuo entre la directora y el elenco de 10 actrices y actores se alcanza un relevo intergeneracional tan creíble como reivindicativo.

Sin edad y sin miedos

Para Isabel Martí determinados miedos y emociones no tienen edad, como por ejemplo el miedo al fracaso, a no ser queridos o incluso a que nos engañen. Es por ello que Fes-me un lloc genera un diálogo "que puede darse con todos los públicos", y no solo porque los espectadores ya hayan tenido 20 años o hayan experimentado luchas similares, sino porque el debate social, las inquietudes y las emociones permanecen con el paso de los años.

La obra está hecha para los jóvenes que la representan, y busca comprender sus conflictos y sus inquietudes. Se hace a través de una representación, en la que es necesario establecer una frontera entre hablar de uno mismo y auto-ficcionarse. Este mensaje llega a las butacas empleando códigos muy diferentes, desde el canto, los juegos físicos, el diálogo y la mecánica generando así una diálogo que se hace un hueco entre las generaciones que deben escuchar y aceptar el cambio. 

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