VALÈNCIA. El territorio es el punto de encuentro y la materia prima de sectores estratégicos para la Comunitat Valenciana y la Región de Murcia como la Agricultura, el Turismo, la Vivienda y el Urbanismo, el Agua y la Economía Circular. Todos ellos se integran en el Grupo 1 de Foro Plaza, cuya reunión de constitución no ha tardado en encontrar en el suelo de ambas regiones un lenguaje común y una fuente de intereses compartidos. El desafío: abordar el territorio desde una visión integral y estratégica.
Forman parte del Grupo 1 el arquitecto Fran Silvestre y el también urbanista Alejandro Escribano, la consejera delegada de Libertas 7, Agnès Noguera, así como expertos en la gestión del suelo como el exsecretario autonómico de Infraestructuras y Transportes, Vicente Dómine, Ramiro Martínez, miembro del consejo de administración y del Comité Técnico Científico en Instituto Mediterráneo del Agua y José Cabanes, director general de Desarrollo de Negocio de SPB.
Junto a ellos, en representación del sector agroalimentario, el presidente del Instituto Tecnológico AINIA y del grupo MGP, Manuel García Portillo, y el CEO de Sunridge Citrus, Francisco Rodríguez Nogueron. Lalo Salvo, vicepresidente de Power Electronics, aporta la visión de la energía y el conocimiento del sector primario, y Juan Manuel Baixauli, fundador y CEO de Consultia Travel, representa al turismo.
En la reunión de constitución del Grupo 1 se ha hablado del territorio desde perspectivas diferentes, pero como elemento compartido. Entre los asuntos que abordará el Foro PLAZA a instancias de sus integrantes, se incluye el problema histórico de gobernanza territorial: mientras en Europa se ha optado por racionalizar los municipios creando áreas metropolitanas fuertes, en España mantenemos corporaciones locales con recursos técnicos insuficientes para gestionar expedientes complejos. Hace falta un plan estratégico a largo plazo que se cumpla de forma pragmática, independientemente de los cambios políticos.
La posibilidad liberar más suelo es uno de los asuntos propuestos por los integrantes del Grupo 1 en materia urbanística. Los números no cuadran para los promotores si no cambia el sistema constructivo y la normativa. De hecho, el primer, segundo y tercer problema en vivienda y urbanismo es la regulación.
No hay vivienda porque se ha hecho todo lo posible para que no la haya, estableciendo barreras casi infranqueables para producir suelo. Sería conveniente, por ejemplo, revisar el límite de altura de los edificios a 100 metros, para encajar construcciones de más altura en los sitios adecuados.
La legislación ha provocado que los particulares no puedan producir suelo, pero a su vez la Administración no acciona ni crea los medios públicos para generarlo. El negocio promotor ha dejado de ser rentable, con márgenes por debajo del 5%, por lo que no hay empresas que quieran entrar en el sector. Además, aunque hubiera suelo disponible, no se puee construir debido al problema de falta de mano de obra y oficios.
A nivel industrial este problema puede convertirse en un freno de la inversión: no hay suelo disponible para nuevas fábricas o parques industriales, y el que existe tiene problemas de conectividad o tarda años en obtener licencias municipales, lo que ahuyenta a las grandes empresas.
Viene un tsunami de consumo energético impulsado por el crecimiento general y el avance de la inteligencia artificial, y no estamos preparados para ello. El coste de la energía tiende a disminuir porque cada vez hay más renovables, pero es imprescindible desarrollar sistemas de almacenamiento para gestionarlas correctamente. Necesitamos más infraestructura para transportar y dosificar esa energía, de modo que llegue allí donde queremos crecer.
La Administración debe agilizar los trámites para establecer tendidos eléctricos e instalaciones. Si el precio de la energía llega a ser cero durante algunos momentos del día, por la alta producción renovable, el reto va a ser encontrar fondos de inversión dispuestos a financiar las infraestructuras sin un retorno económico claro.
España, por su situación geográfica y su clima, puede ser líder y totalmente independiente en energía barata en Europa en 10 o 15 años, pero necesita un plan estratégico desregularizado, porque quien domina la energía y las comunicaciones domina el mundo.
En una línea similar, el gran problema de nuestra agricultura no es estrictamente la escasez de agua, sino el marco regulatorio anticuado que otorga los derechos hídricos a propietarios tradicionales que ya no cultivan, impidiendo la entrada de nuevos fondos de inversión. Existe una estrecha relación bidireccional entre el agua y la energía: podemos producir agua mediante desalinización o condensación tecnológica alimentada por el sol, pero estas soluciones requieren mucha energía.
Somos un referente mundial en producción agrícola, pero necesitamos promover más la innovación para que se consoliden empresas destacadas en genética y agroquímica. No disponemos de variedades propias para adaptarnos al cambio climático y dependemos de la innovación creada en Israel, Estados Unidos y Países Bajos. Para solucionar esto, la universidad debe colaborar directamente con las empresas productoras y canalizar la investigación hacia el mercado.
Muchas veces se olvida, además, la seguridad alimentaria: si potencias como China cortan el suministro de determinadas materias activas químicas, como está sucediendo estos días con el cierre del Estrecho de Ormuz, podemos sufrir un grave problema de desabastecimiento.
La alta calidad de vida y el clima de la Comunidad Valenciana son factores de atracción que debemos capitalizar para recuperar talento internacional y favorecer el establecimiento de industrias. La inteligencia artificial nos igualará profesionalmente, permitiendo realizar en horas el filtrado de datos e investigación que antes requería equipos enormes.
Tenemos la materia prima, el clima y los mimbres necesarios, pero debemos dejar atrás el pesimismo, estructurar los problemas y decidir de forma consensuada qué queremos ser en 2040. Desde la perspectiva turística, necesitamos una estrategia común regional para determinar cómo queremos ser percibidos en el exterior y qué perfil de cliente deseamos atraer.
Debemos atraer a un turismo que aporte valor sin convertirse en un depredador del territorio. Es crucial tener en cuenta que el turismo amenaza nuestro estrés hídrico secular, dado que un turista consume de media 600 litros de agua al día, seis veces más que los 100 litros de un residente habitual. Hay que reordenar este sector, actualmente desbordado, para poder verdaderamente mejorar nuestras infraestructuras locales.