VALÈNCIA. La imagen de un robot capaz de comunicarse, realizar tareas o, incluso, competir en un campeonato ha dejado de ser una fantasía, aunque todavía para muchos sigue asociada al imaginario futurista. El desarrollo tecnológico avanza a gran velocidad, pero su aplicación práctica continúa siendo limitada en ámbitos como la atención a personas mayores y dependientes. La idea de una sociedad compartida entre humanos y humanoides capaces de atender nuestras necesidades cotidianas permanece, por ahora, en un horizonte lejano. Y es que el robot capaz de levantarnos de la cama, ayudarnos a vestirnos, controlar nuestras constantes, detectar una caída y avisar a nuestros familiares todavía pertenece más al terreno de la ciencia ficción que al día a día de residencias y hogares. Sin embargo, algunas de las piezas de ese futuro ya empiezan a encajar.
La robótica asistencial comienza a abrirse camino en el sector de los cuidados, aunque de una forma mucho más discreta de la que durante años ha dibujado el cine. Al menos, por el momento, no se trata de sustituir a la persona cuidadora por un humanoide, sino de incorporar soluciones capaces de asumir determinadas tareas, recoger información, detectar riesgos, facilitar la movilidad o proporcionar compañía. Y en eso es en lo que se está trabajando.
Así lo demostró un estudio realizado en Alemania con Navel, un robot social probado desde finales de 2023 en dos residencias de personas mayores. El dispositivo, de unos 72 centímetros y aspecto humanoide, conversaba con los residentes, recordaba elementos de conversaciones anteriores y utilizaba expresiones faciales y movimientos para interactuar con ellos. Las interacciones generaron estimulación cognitiva y, en algunos casos, incluso aparecieron vínculos emocionales. No obstante, el estudio dejó una conclusión importante: el robot no redujo la carga de trabajo del personal, ya que al no disponer de movilidad autónoma y necesitar acompañamiento, su utilización podía generar incluso nuevas tareas para los profesionales.
Una experiencia que pone encima de la mesa cuestiones cómo hacia dónde puede llegar realmente la robótica asistencial y en qué fase se encuentra. Los expertos valencianos lo tienen claro: se están dando avances en cuanto al desarrollo de tecnología para monitorizar parámetros de salud, hacer seguimiento de la evolución de una persona o detectar riesgos, pero todavía se está muy lejos de contar con un robot humanoide que atienda necesidades de personas mayores en el hogar.

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- Foto: KIKE TABERNER
"Nos imaginamos un robot que atienda las necesidades de una persona mayor en su hogar, con funciones autónomas de inteligencia y asistencia, capaz de comunicarse con la persona y con su familia y, al mismo tiempo, de incorporar tecnología para monitorizar su estado de salud y emocional. Ese es el ideal, pero hace falta mucho desarrollo tecnológico y social y todavía se está lejos", explica Javier Sánchez, director gerente del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV). "A día de hoy, la realidad es más modesta", subraya.
En este sentido, destaca que actualmente las soluciones que hay en el mercado van desde la dispensación de medicamentos hasta la monitorización para registrar variables como la tensión arterial o la frecuencia cardíaca. En esto último es en lo que trabaja el IBV. "Es un sector muy complejo. En primer lugar, si las tecnologías tienen implicaciones en el ámbito de la salud, la regulación en Occidente es muy estricta. No podemos jugar con fuego", afirma para destacar que en los próximos cinco años sí podrían verse prototipos.
Pero antes hay que superar ciertas barreras como la regulación y la seguridad, pero, especialmente, la aceptación social. Y es que la incorporación de estas tecnologías supone también un cambio social, especialmente cuando se aplica al cuidado de personas mayores, que es un colectivo vulnerable. Quienes hoy necesitan asistencia crecieron en un modelo en el que la atención y los cuidados estaban vinculados principalmente a la familia, por lo que la aceptación de las máquinas como parte de ese proceso puede ser difícil. Para el experto, será necesario trabajar no solo en esa acogida, sino también los límites éticos y cómo integrar estas tecnologías sin perder de vista las necesidades y expectativas de las personas a las que van dirigidas.
Ahora bien, deja claro que en ningún caso esta tecnología sustituirá a los cuidadores, sino que más bien será un complemento. "Vamos a un modelo que combine los cuidados tradicionales con las aportaciones de la tecnología, de forma que permita automatizar determinadas tareas o complementarlas de manera inteligente. La clave estará en que nos acostumbremos progresivamente a convivir con estos elementos y a integrarlos en el día a día de los cuidados", remarca.
¿En qué punto estamos?
En las residencias, la robótica asistencial todavía está lejos de convertirse en algo habitual. Soledad Alonso, directora gerente de Gesmed, considera que la dificultad para ofrecer una atención individualizada y adaptada a cada usuario y el peso del factor humano hacen que, por ahora, las aplicaciones más avanzadas se encuentren en ámbitos complementarios. Sin embargo, existen algunos desarrollos que van en esa línea y que ya se emplean en algunos centros y en terapias muy concretas.

Así, se han desarrollado experiencias con exoesqueletos destinados a mejorar las condiciones de trabajo y reducir las lesiones lumbares. En el caso de los usuarios, también se han probado robots con forma de animales, como perros o gatos, que responden a caricias y otros estímulos y pueden utilizarse como apoyo en terapias con personas con Alzheimer o deterioro cognitivo.
"Son robots sencillos, pero pueden tener efectos positivos", apunta. Su capacidad para responder a determinados estímulos permite trabajar recuerdos, despertar emociones y favorecer la comunicación. "La persona con deterioro cognitivo tiene un efecto positivo e interactúa mejor a nivel de comunicación", explica Alonso. Asimismo, reconoce que ya existen experiencias de robots capaces de acompañar a personas o facilitar determinadas visitas y actividades, pero considera que la terapia asistencial con usuarios todavía se encuentra en una fase inicial. "La tecnología avanza muy rápido, pero hoy por hoy estamos lejos de la robótica asistencial", resume.
La responsable de Gesmed señala que también se están desarrollando programas de inteligencia artificial aplicados a la enfermería, por ejemplo para facilitar la toma de constantes y el traslado directo de esa información. Por tanto, a su juicio, el reto será encontrar aquellos ámbitos en los que la tecnología pueda aportar un valor real sin sustituir el componente humano que sigue siendo esencial en el cuidado.