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GASTRONOMÍA

Fray Ángel Ramón:  «No me cuesta vivir esto con humildad»

Fray Ángel Ramón (MARGA FERRER)

Fray Ángel forma parte de la comunidad de franciscanos que habitan el Monasterio Santo Espíritu, en Gilet, donde además de ser hortelano, cocinero, formador y músico, ahora se ha convertido en un conocido youtuber y escritor

21/09/2022 - 

VALÈNCIA. Fray Ángel Ramón vacía la masa que contiene el lebrillo grande en la superficie de una mesa. Esta pieza de barro perteneció a su familia y ya forma parte de los utensilios de la cocina que tiene a su cargo en el Monasterio de Santo Espíritu del Monte, en Gilet. Son casi las once de la mañana de un día entre semana y él ya está preparando la comida. La masa fue fermentando la noche anterior y ahora tiene que hacer las barras de pan para las comidas de los ocho frailes que viven en este recinto enclavado en la sierra Calderona. Lleva su hábito de fraile y encima un mandil con un mensaje espiritual —«el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa»—. La ocasión lo amerita: entrevista y fotografías. De lo contrario, vestiría como un ciudadano más en sus horas de trabajo. Se ha vuelto famoso gracias a su canal de Youtube en el que comparte recetas y suma doscientos cinco mil suscriptores de países en América y Europa. Es un youtuber, pero las etiquetas le incomodan. Eso mejor se lo deja a los conocedores. 

En junio pasado —y en menos de tres meses— ha publicado la segunda edición de su primer libro de recetas (Las recetas de fray Ángel: Cocina franciscana, rica, saludable y económicay Cope Valencia le otorgó el Premio Comunicación por el trabajo divulgativo a través de su canal. Algunas escuelas de cocina utilizan sus vídeos como ejemplo de un quehacer culinario y entre sus seguidores figuran cocineros que le escriben sin él saber si son conocidos o no porque, dice, «no estoy metido en el mundo del famoseo». Ha sido entrevistado por medios impresos, digitales y hasta Pedro Piqueras lo citó en el informativo de Telecinco cuando en plena pandemia inició su canal y se convirtió en un referente de la cocina española del siglo XVIII. Reiteramos: es famoso aunque él no lo ve así, y tanto vértigo mediático no le marea. Eso lo tiene claro.

Con las manos en las masa —nunca mejor dicho—, los recuerdos de su andar en la vida sacerdotal vienen a su memoria. Fue a los diez años de edad cuando él y su hermano mellizo, José Luis, ingresaron en un seminario diocesano en Ciudad Real; quizá más por ilusión que por vocación, pues su tío era sacerdote y ellos hacían de monaguillos en misa. Esto les despertó el deseo de servir a Dios. Sin embargo, sus caminos se separaron durante el proceso, pues los formadores pidieron a José Luis que se marchase y se lo pensara bien, y Ángel Ramón se dio cuenta de que no quería ser un cura diocesano por no vivir la soledad que muchos sacerdotes padecen en sus grandes parroquias. Así, conoció la orden franciscana, gestionó su cambio y acabó convirtiéndose en fraile. En veintiséis años llevando los hábitos, no se hubiera imaginado que un día tendría que compaginar su ministerio, en el que desarrolla trabajos de hortelano, cocinero, formador y músico, con las profesiones que ahora ejerce: youtuber y escritor.

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Originario de la localidad manchega de Corral de Calatrava (Ciudad Real), Ángel Ramón deja claro que ingresó en el seminario por petición propia. «Yo no fui obligado ni me mandaron; fui porque quería ser cura. De niño jugaba con un muñequito a hacer procesiones, tenía... no le llamaría vocación sino esa ilusión infantil de querer ser sacerdote», afirma mientras echa un vistazo a los fogones, donde hay una enorme cazuela de barro que tiene pisto manchego. Recuerda que las circunstancias de su entorno eran otras cuando se hizo seminarista. Sus padres, labradores, eran humildes y, con cuatro hijos, tenían complicado darles estudios. Su hermano se retiró y él escogió una vida fraternal. Tenía alrededor de diez años de seminarista y empezó a buscar otro estilo de sacerdocio. Conoció a unos franciscanos en una peregrinación que hizo al Santuario de Guadalupe (Cáceres) y más tarde dio el salto, retomó sus estudios y los continuó en Sevilla, donde se ordenó franciscano. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 95 (septiembre 2022) de la revista Plaza

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