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Gil Manuel Hernández: "Las Fallas van a verse obligadas a reinventarse"

6/03/2021 - 

VALÈNCIA. Por segundo año consecutivo, no habrá Fallas en marzo. La nueva normalidad ha obligado a echar el freno a la cultura, obligando a limitar aforos, reducir sesiones y, también, a bajar persianas. Y las Fallas no son una excepción. La fiesta vive con incertidumbre su segundo curso de vacío, agravando la crisis de aquellas profesiones creativas vinculadas a ella, pasando por artistas falleros, indumentaristas o el sector de la pirotecnia. Como consecuencia, también es un año extraño para el Museu Faller, el principal centro cultural vinculado a la fiesta, que celebra un 50 aniversario deslucido por una crisis sanitaria que difumina el largo plazo. Fue en 2015 cuando Gil Manuel Hernández asumió la dirección del mismo, con el objetivo de avanzar en su transformación. Cinco años después, es hora de hacer balance. En este tiempo ha avanzado en la remodelación del espacio y en la inclusión de nuevos contenidos, especialmente tras la apertura de su sala de exposiciones temporales. Sin embargo, queda una cuenta pendiente: la ampliación del centro. Se hablaba de ella hace cinco años y se sigue haciendo ahora, aunque sin ninguna concreción. También continúa sobre la mesa el debate en torno a un discurso dominado por la dinámica del 'Ninot indultat', siendo un caso único de museo en el que su colección se decide por votación popular, algo que puede ser un arma de doble filo. Sobre estas y otras cuestiones, hablamos con Gil Manuel Hernández.

-Es el segundo año sin Fallas en marzo, ¿cómo se digiere? 
-Desde el punto de vista del museo, no es una situación muy diferente a la del resto de espacios culturales. De entrada, una cosa muy obvia es la caída brutal de la asistencia. Hemos pasado de un récord absoluto en 2019, con en torno a 124.000 visitantes, siendo el museo municipal más visitado, a unos 25.000 el año pasado. Debido a la crisis del covid-19, además, los ninots indultats de 2020 todavía no han llegado. En el 2021 ni sabemos si habrá Exposició del Ninot. La situación es de incertidumbre total en la fiesta. La realidad de las comisiones y los artistas es bastante agobiante. Desde el Museu estamos, con los recursos escasos que tenemos, apostando por las redes sociales para difundir nuestro patrimonio, haciendo un repaso por las grandes fallas de la historia o, coincidiendo con el Día de la Dona, un repaso a los carteles firmados por mujeres. Es muy limitado lo que podemos hacer. A medio plazo, coincidiendo con nuestro 50 aniversario, estamos trabajando en una serie de actividades que esperemos se puedan hacer. 

-¿En qué se traducirá ese proyecto en torno al 50 aniversario?
-Por un lado, queremos poner en valor las colecciones, sobre todo la de carteles, que no tiene una guía propia. El cartelismo valenciano, y especialmente es de las Fallas, es muy relevante. Por otra parte, de manera presencial o virtual, plantearemos una serie de mesas redondas que hablarán desde la producción a la concepción del ninot indultat, qué sentido tiene, los gustos populares, etc. El que va a ver el Museu Faller va a ver un museo de la globalización cultural, vemos de Hollywood a Lladró. Desde el punto de vista etnológico es muy interesante ver en los ninots las hibridaciones culturales que se han producido. Son temas sobre los que no se ha reflexionado demasiado y que queremos abordar. También queremos recuperar una exposición que tuvimos que cancelar por la covid-19, sobre fallas experimentales, un tipo de fallas que queremos que estén presentes en el museo. 

"este es, en parte, un falso Museu Faller porque, realmente, en un 90% es un museo del Ninot Indultat"

-Una de las características principales del Museu Faller es que compone su colección a través de una votación popular, lo que puede ser un arma de doble filo, ¿cómo hace para que sensibilidades no mayoritarias estén representadas?
-Esa fue la razón principal por la que se activó una sala de exposiciones temporales. Somos plenamente conscientes de que el sesgo que imprime la votación popular deja fuera, y lo ha hecho históricamente, a artistas de primera magnitud. También es cierto que el Museu Faller es, en parte, un falso Museu Faller porque, realmente, en un 90% es un museo del Ninot Indultat. Aunque lleve 50 años en funcionamiento, el Museu Faller es más un proyecto que una realidad. El futuro al que yo aspiro es a un gran museo etnológico de la fiesta de las Fallas, especialmente desde que son declaradas Patrimonio de la Humanidad. La propia candidatura dejaba claro que los ninots son un tema, pero hay más cosas. Todas esas dimensiones reconocidas no tienen su sitio en el museo por falta de espacio. Queda fuera la obra de muchos artistas y estilos. ¿Cuál es la manera provisional de solucionar esta falta de diversidad? Con exposiciones temporales, como las que hemos realizado sobre Vicente Lorenzo, Alares o los Puche. Por otro lado, el propio indulto popular tiene su interés etnológico. Estos ninots muestran determinado gusto popular. Por ejemplo, la mayor parte de los ninots indultados en los últimos años tienen en común que los podríamos definir como 'cuquis', con colores pasteles y temáticas suaves para todo el público. Ese predominio de lo 'cuqui' es en gran parte una reacción cultural frente a un mundo acelerado, cada vez más inestable. Es un refugio. Y esto es algo que pasa en todo el mundo. Esto demuestra que los fenómenos culturales que se están dando también tienen su reflejo aquí. 

-En estos últimos años, además, otras estéticas están ganando visibilidad -aunque comisiones hayan apostado ya por ellas- con la colaboración para la falla municipal con artistas urbanos como Pichiavo, Okuda, Escif o, este año, Dulk. 
-Son más visibles y deben mostrarse. Muchas veces el propio mundo fallero no es consciente de su diversidad. Evidentemente, dentro de este mundo hay unas ideas hegemónicas en lo político, lo social o lo estético, unas ideas históricas que han llevado a marginar o no reconocer como suficientemente falleras o valencianas una serie de iniciativas o estilos que nosotros tenemos la obligación de recoger. No concibo el Museu Faller como un mausoleo de glorias y de esencia valenciana. Al contrario, debe ser un museo de todas las opciones estéticas. 

-En estos años el IVAM ha desarrollado proyectos en torno a las Fallas; el Centre del Carme ha capitalizado el tema realizando con éxito exposiciones anuales con el artista municipal, ¿lo ve como algo positivo o siente que puede ser una oportunidad perdida para el Museu Faller?
-Lo veo muy positivo. Nuestros recursos, incluyendo la propia sala de exposiciones, son limitados. Hemos colaborado con otros centro como el MuVIM, el Centre del Carme o el Museu d'Etnologia. Siendo conscientes de nuestras limitaciones, estamos siempre abiertos a colaborar. Es positivo y, es más, creo que hacía falta que los museos no festivos acogieran la creatividad fallera. Esta carencia respondía a un histórico divorcio entre el mundo de la llamada alta cultura y cultura popular. Esto se está superando. La prueba está, por ejemplo, en la exposición sobre fallas experimentales que se hizo en la UPV o en el Centre del Carme. Pero no solo experimentales, porque este año también hay una de Ceballos y Sanabria. En este sentido, es importante que entren las fallas de todo tipo. Esto ha beneficiado al Museu Faller porque se valora más. 

"hacía falta que los museos no festivos acogieran la creatividad fallera"

-No sé si se está rompiendo con un cierto snobismo del arte en torno a las Fallas.
-Sí. Esto me recuerda a uno de los texto de Pedro Vallín en su libro ¡Me cago en Godard!, en el que hace reflexiones que vienen al pelo aquí. Durante mucho tiempo se ha considerado que las Fallas o eran un arte menor o no eran un arte. La propia universidad no aceptaba que se hicieran tesis sobre Fallas. Esto generaba un abismo. Cuando echas la mirada hacia atrás ves que en los años 20 o 30 muchos artistas falleros y cartelistas eran catedráticos de San Carlos, eran importantes en el arte más allá de las Fallas. Esto se rompió en el franquismo, un abismo que no solo no se recuperó en la Transición, sino en el que se profundizó. Solamente muy recientemente, tanto en el ámbito académico como artístico, es cuando se ha roto estas dinámicas de exclusión y división. 

-Ha mencionado la falta de espacio y de recursos en el museo. Hace años que se habla de un traslado de las oficinas de Junta Central Fallera o del propio museo. En cualquier caso, de un proyecto de ampliación que, sin embargo, no parece avanzar. 
-El plan es el mismo que se lleva pensando desde hace varios años. Hay un proyecto para la Ciudad Fallera, que se está discutiendo para ver cómo se enfoca, y hay que ver el encaje el Museu Faller en él. Si va allí o se queda como está. Más allá de esto, son cuestiones que entran dentro del ámbito de presupuestos, etc. Pero la intención existe. Hay una evidencia: en el museo no caben más cosas. Hay espacio para dos o tres años más, como mucho. Por otro lado, hay otro condicionante, la declaración de la Unesco de 2016 que apunta a unas buenas prácticas, entre las que se incluye la transformación del museo para que acoja aquellos elementos que no hace todavía. Para esto hay que pasar por una ampliación del museo. ¿Cómo será?¿Nos quedaremos o nos iremos? Eso todavía no se sabe. Se están barajando muchas posibilidades. Es cierto que ahora estamos en la milla de oro turística, frente a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Esto es una ventaja, evidentemente. Hay que valorarlo todo hasta tomar una decisión final. 

-En estos meses la cultura se ha tenido que enfrentar a una digitalización forzada, ¿qué conclusiones saca sobre la experiencia virtual ante la limitación presencial?
-En este caso no me puedo desligar de mi condición de sociólogo. Este camino es inexcusable. La propia dinámica del mundo lleva a eso. Lo tenemos tan claro que en 2016 colaboramos con un fotógrafo ruso para hacer una visita 3D del museo, adelantándonos a muchos museos. Evidentemente la digitalización tiene que avanzar, con carteles y ninots, que probablemente tengamos que reconstruir en algún momento con impresoras 3D. Tenemos muy claro que ese es el futuro, debemos incentivarlo. 
Ese horizonte de incertidumbre está influyendo en el museo, por supuesto, pero en general en las Fallas, que van a verse obligadas a reinventarse. El museo va ligado a la festividad y esta a la sociedad, una sociedad que será en gran parte digital y que tendrá que estar preparada para crisis recurrentes. 

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