CHIPS EN EL BELVEDERE / OPINIÓN

El gobierno de los Princesa de Asturias como síntoma

23/06/2022 - 

El único perfil que se podría considerar científico en el órgano de gobierno de los Premios Princesa de Asturias es el de Luis Fernández-Vega Sanz, catedrático de Oftalmología. Por supuesto, de la Universidad de Oviedo. El resto son de forma abrumadoramente mayoritaria presidentes de grandes corporaciones, alguna de ellas latinoamericana, y autoridades locales. Imagino que había que cubrir el cupo de vanidades y ya no había sitio para más. Y no es la ciencia la que sale peor parada en unos premios que incluyen las categorías de Artes, Comunicación y Humanidades y Letras.

Es síntoma de lo que sucede en el ecosistema de innovación por construir en nuestro país, que luego se pregunta por qué su excelencia no es objeto de admiración interestelar. Entre las categorías que se deben cubrir en la selección de los miembros del consejo de administración de una de las compañías inmobiliarias presentes en el Ibex no se incluye a ningún representante del sector tecnológico o de la ciencia. ¿Por dónde empezar? 

Es una evidencia al abordar la innovación que, en las decisiones estratégicas vinculadas a la I+D y la tecnología, el área de negocio mira siempre a corto plazo. Al CEO se le pide precisamente que orqueste la organización para contener esa propensión hacia lo inmediato, dando protagonismo a la proyección a medio y largo plazo con la que suelen trabajar las áreas de IT y OT y, sobre todo, de I+D (tampoco conviene que un científico asuma las riendas de una compañía sin experiencia en el ámbito de negocio, las excepciones son, eso, casos extraños).

Por eso tiene especial mérito que la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados consiga año tras años dignificar los Premios Jaume I trayendo a una veintena de Premios Nobel a su jurado. Cuando le pregunté porque acostumbra a venir al francés Serge Haroche mencionó su interés por conocer el estado de la ciencia en España más allá de Madrid y Barcelona, así como la oportunidad de conectar con otros galardonados de diferentes disciplinas para hablar de la situación de la ciencia. 

La pregunta que debemos hacernos es para qué queremos nosotros, como sociedad, como tejido empresarial, invitar a una veintena de Premios Nobel durante unos días cada año a València además de para fallar como jurados, que está muy bien.

El CEO de una de las empresas más interesantes de microelectrónica de nuestro país, Premo Group, Ezequiel Navarro, con muchos conocidos en la Comunitat Valenciana, me comenta que en todas las áreas de su compañía (tiene el 60% de la cuota de mercado mundial de las antenas de apertura de coche, incluidas las de Tesla, y provee a los fabricantes de los robos autónomos de los almacenes de Amazon, entre otras audacias) ha colocado a, al menos, un profesional de IT (tecnologías de la información). ¿En comercial? Sí, también allí, y en negocio, en contabilidad y, por supuesto, en gestión de la planta. Es cuestión de cultura.

Algo así había que potenciar en nuestro ecosistema de startup y de innovación empresarial, todavía muy volcado hacia el negocio y con poco diálogo con la ciencia. Un asunto recurrente en el que los investigadores científicos tienen también parte de culpa, pero que no deja de ser un asunto de máxima prioridad si queremos convertirnos en un territorio atractivo para las ideas, y no una mera marquesina al mar para programadores y desarrolladores.

No vayamos a crear en València un Ferrari para dar vueltas por el pueblo.

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