La historia de L’embutic es difícil de encajar en una única definición. Aquí, el gusto por escoger buen producto y la aparente sencillez del lugar encuentran un equilibrio ideal. Uno puede llegar pensando que viene a probarlo una vez, hacer el check y seguir completando la lista de sitios deliciosos que hay que visitar con una rapidez cuestionable. Pero la realidad es otra: quien llega a L’embutic, suele marcharse con la certeza de que volverá y seguramente, lo recomendará.
Las pequeñas historias detrás de L’embutic
Detrás están David y Mari Carmen, dos apasionados del buen producto que han construido su proyecto a partir de la generosidad de quienes llevaban toda una vida detrás de un mostrador. «L’embutic tiene un poquito de muchas personas», explica Mari Carmen. Entre ellas destaca Enrique Dasí Seguí, propietario del histórico ultramarinos de la calle del Mar y humilde maestro en el arte de atender y sacar adelante un comercio de barrio.
Su tienda se conocía, sencillamente, como Ultramarinos Enrique Dasí. Se encontraba en la Plaza San Vicente Ferrer y todavía hay vecinos que la recuerdan con cariño y cierta nostalgia. Los nombres de los comercios eran entonces sencillos y personales. Tal vez por eso cuesta recordar aquellos negocios sin acordarse, casi al mismo tiempo, de las personas que estaban detrás. O tal vez fuese por la frecuencia con la que se visitaban y por las relaciones que acababan tejiéndose a uno y otro lado del mostrador. «Recuerdo que le decía a Enrique: “No puedes cerrar”». Mari Carmen era clienta fiel de aquel rincón de buen producto y, cuando llegó el momento de bajar la persiana del ultramarinos de Enrique, sintió el impulso de conservar algo de aquella manera de entender el comercio. De esta, y de otras muchas pequeñas historias, comenzó a tomar forma L’embutic.

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- Fotos: Kike Taberner
«El ultramarinos de Enrique Dasí tenía una particularidad que muchos clientes siempre recordaremos: sus bocadillos al peso». La tienda era pequeña y aprovechaba cada rincón. Antiguas estanterías blancas de madera cubrían las paredes y acumulaban botes, latas, conservas y todo tipo de alimentos. Una imagen que, en cierta medida, vuelve a aparecer hoy en L’embutic: estanterías que trepan por las paredes y una despensa repleta de productos esperando a que alguien los descubra y se los lleve a casa (conservas de legumbres, caldos, mermeladas, papas, rosquilletas, quesos, galletas...).
El vínculo entre ambos establecimientos no se limita al recuerdo. «De Ultramarinos Enrique Dasí conservamos algunos productos concretos que Enrique nos transmitió: los huevos valencianos y ecológicos XL, la longaniza de Pascua valenciana, el queso fresco de cabra y, cómo no, sus característicos bocadillos al peso, preparados al momento».



- - Fotos: Kike Taberner
Los tres locales que embellecen una misma esquina de València
L’embutic se encuentra en la esquina entre la calle de Las Comedias y la calle del Mar y se reparte en tres locales contiguos: ultramarinos, bodeguita y tienda de detalles. El primero, donde hoy se preparan bocadillos al peso con pan de forn y fiambre sabroso y fino cortado al momento, frente al cliente, fue en otra vida una charcutería. Coincidencias de la vida. O quizá no tanto.
Aquella charcutería cerró y acabó convertida en el almacén del establecimiento contiguo, el antiguo Bar Santa Ana de la calle Comedias, regentado por José y la señora Carmen. Con el tiempo, también el Santa Ana bajó la persiana sin nadie que tomara el relevo. Fue entonces cuando José compartió con Mari Carmen su experiencia y la animó a quedarse con una parte del local, precisamente la que años atrás había ocupado la charcutería, para continuar allí el proyecto de L’embutic.
Casi sin pretenderlo, L’embutic recoge así el testigo de otro negocio desaparecido y conserva un pedacito más de la memoria gastronómica y cotidiana del barrio. El conocido plato de patatas a lo pobre, bien fritas y con el borde crujiente, servidas con jamón y huevos fritos del bar Santa Ana, está presente hoy en día en la bodeguita de L’embutic para tomar en mesa. Y el proveedor de jamón es exactamente el mismo que entonces trabajaba con el Bar Santa Ana. Podría decirse que L’embutic es un comercio de ahora que tiene mucho de los de siempre. Algo así como un nuevo ultramarinos. Incluso el nombre parece resumirlo: una boutique de producto, una boutique de embutidos y, por qué no, una boutique de recuerdos.

- - Fotos: Kike Taberner
Las personas eligen y L’embutic crece
Todo empezó en 2019 con el ultramarinos y paso a paso, L’embutic ha crecico y ha decorado una esquina completa del centro de València. Primero fueron los productos y los bocadillos al peso para llevar; después llegaron las tablas de fiambres para encargar por la web o por teléfono; la bodeguita, con sus mesas para alargar la picaeta y tomar el café; y, como última incorporación, una pequeña tienda llena de detalles en la que uno entra a mirar y termina llevándose algo para uno mismo, o para regalar.
A Mari Carmen y a David les gusta encontrar objetos especiales y abrir sus estanterías a pequeños productores y artesanos que elaboren productos de calidad (mantelería, vajilla, botijos, capazos, quesos, mermeladas…). «En L’embutic, nuestra casa, tenemos la responsabilidad de buscar y ofrecer lo mejor. Creemos que la gente nos valora por eso», explica Mari Carmen. Una filosofía que mantienen en cada uno de sus espacios, desde el ultramarinos y la bodeguita hasta la recién estrenada tienda de detalles.

- - Fotos: Kike Taberner
Pero la búsqueda no siempre empieza con ellos
Por L’embutic pasan trabajadores de la zona a tomar un café, jóvenes en busca de un bocadillo para almorzar, vecinos y visitantes que recorren el centro y clientes que buscan un regalo especial. Incluso a veces son los propios clientes quienes descubren a David y Mari Carmen nuevos productos, sabores e incluso combinaciones para colocar en las estanterías o meter entre dos panes. «Una señora nos preguntó un día si teníamos cabeza de jabalí, un embutido muy tradicional y conocido. No teníamos, pero le dije que se la traeríamos y así lo hicimos», recuerda David. «Pensábamos que no se iba a vender y tuvo muy buena acogida. Ahora tenemos el bocadillo de morcón de bola, un embutido elaborado con magro y panceta, especias y hierbas naturales. Lo ofrecemos acompañado con unas finas lonchas de guanciale. Y siempre, por supuesto, con aceite de oliva virgen extra». A lo que añade Mari Carmen: «Hay productos que pensamos que no van a tener mucha acogida y luego triunfan, y otros con los que ocurre justo lo contrario».
Entre los bocadillos al peso que más triunfan están el Naranjito, con sobrasada, queso y cebolla caramelizada; el Valenciano, de atún claro con olivas rellenas; el Españolito, de jamón con salsa de almendras; o el Italiano, con mortadela, ricotta, tomate seco y pesto. Aunque en L’embutic ultramarinos la carta no está del todo escrita: basta con echar un vistazo a la vitrina, elegir lo que más apetezca y adaptar el bocadillo al gusto de cada uno.
«Un vecino nos preguntó un día: “¿Por qué no tenéis refresco valenciano?», cuenta David sobre el local de la bodeguita, donde tienen carta para picar, cafés y bebidas. «Al principio dudamos si cambiar los refrescos internacionales por los valencianos funcionaría, porque a todos nos cuesta probar cosas nuevas. Pero luego agradecemos que un negocio se preocupe por buscar y ofrecernos productos diferentes y de calidad… así que hicimos la prueba e introdujimos refrescos y bebidas de aquí». Y en ese momento, cuenta Mari Carmen, resulta fundamental quién está al otro lado del mostrador. «Cuando un camarero te dice: “¿Le das una oportunidad?”, a pesar de que creas que no te va a gustar, te entra la curiosidad y te motiva a probar nuevos platos, sabores, combinaciones de ingredientes, bebidas… ese trato es fundamental».
De esa forma, L’embutic realmente tiene un poquito de muchas personas: clientes y vecindario incluido. Ellos también son prescriptores y sin quererlo, ayudan a dar forma a L’embutic.

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- Fotos: Kike Taberner
El lujo que se enseña y se transmite
Quizá la parte más tradicional de esta esquina de la calle del Mar con la calle Comedias no esté en los embutidos, las rosquilletas, los bocadillos, el pan de horno, las papas o las conservas, sino en algo bastante difícil de colocar en una estantería que únicamente puede transmitirse con las acciones. Mari Carmen y David tienen claro que hay un ingrediente imprescindible, tanto en una picaeta como en un bocadillo al peso o a la hora de elegir un botijo: el trato cercano.
Así lo aprendieron, a través del ejemplo, de Enric Dasí, José, la señora Carmen y tantos otros comerciantes, artesanos y proveedores que han tenido cerca.
En un presente en el que muchos negocios de barrio se quedan huérfanos, sin nadie que tome el relevo y les dé una segunda vida, transmitir los consejos, los aprendizajes y el saber hacer que solo dan los años de experiencia resulta más necesario que nunca. Pero también es importante estar dispuestos a escuchar, recoger el testigo y traer al presente, los comercios de siempre.
Así nacen proyectos deliciosos como L’embutic en los que es un placer comprar, comer y volver. Bon profit!