Marbella. Marbs, como la llaman algunos. Ese edén veraniego -aunque de todo el año- que es uno de los lugares más deseados de la Costa del Sol. Aquí empezó buena parte del turismo de lujo de la zona.
Y para algunos puede parecer que siempre está igual pero, sin embargo, cada verano estrena algo nuevo. Ya ha llegado el momento. Vuelven las mesas al aire libre, los vestidos blancos y los bronceados -en algunos casos excesivos-, los aperitivos a pie de mar, las comidas que se convierten en cena y las cenas que, si uno se descuida, acaban con DJ y la última copa a las 3 de la mañana.
Este año, además, la ciudad llega con varias novedades bajo el brazo. Hay aperturas en hoteles renovados, pop-ups de temporada, cenas con show, coctelería, música... Y muchas ganas de seguir siendo uno de los destinazos del verano.
Manero aterriza en Don Carlos y Azotea Grupo abre su primer espacio en Marbella
Uno de los desembarcos más sonados de la temporada es el de Manero en el renovado Don Carlos Marbella. La marca de Carlos Bosch -que ya conquista con su lujo castizo y mediterráneo en Alicante y Madrid- se instala ahora en la Costa del Sol.
De momento ya están funcionando La Terrace y el Campari Bar, en el patio central del hotel, además de Bar Manero y Bistró Manero con la friolera de 1.000 metros cuadrados en primera línea de playa. La segunda, Manero Club, llega en el verano de 2027, así que aquí hay historia para rato.

La Terrace es el corazón del asunto. Como gran creador de conceptos que es, ha creado un patio andaluz reinterpretado con vegetación, artesanía y aire de neocortijo contemporáneo que va a posicionarse como uno de los imprescindibles. La carta está pensada para el hedonismo que nos gusta: caviar, ibéricos, conservas de la casa, bocatas finos, clásicos de la marca y una Paella Mediterránea Manero que se presenta como plato estrella. A ello se suma el Campari Bar donde tomarse un spritz de autor, vermut y bocados para acompañar.
Otros de los que llegan son Azotea Grupo. Tras consolidar sus múltiples espacios en Madrid o el codiciado Cuartel del Mar en Chiclana, ahora abren Saltao en Lago Club Marbella. Y lo hacen cambiando el mar por un lago, que en Marbella hasta los escenarios quieren tener un punto de fantasía.
La propuesta une cocina peruana y mediterránea bajo la mirada de Víctor y Paula Gutiérrez, responsables de Tayta en Salamanca. Ella, además, llega con el título de Mejor Cocinera del Año 2026 bajo el brazo, así que aquí no todo va de vistas, copas y música. Tiraditos, croquetas de ají de gallina, brochetas anticucheras, conchas de abanico con coco, hinojo y menta y un lomo saltao que quiere ser plato bandera. Todo ello acompañado de buen pisco, claro está.
Un restaurante pop-up y otro llegado de La Riviera Francesa
No son los únicos. La Petit Maison lleva desde finales de marzo asentado en primera línea de playa del Puente Romano. Este concepto que triunfa de Niza al Palm Beach de Cannes ahora es también patrimonio marbellí de la mano de DB Group. Al frente de la cocina está Yiannis Kioroglou, con recorrido entre Atenas, Italia y España -paso por Berasategui incluido-, con una carta muy disfrutona: carpaccio de hamachi, caracoles con ajo y perejil, pollo asado con limón confitado y la ya icónica lubina Nicole style, uno de sus platos signature allá donde va.

Otra de las novedades de temporada es Zellij, el restaurante pop-up que abre en Forum Marbella hasta finales de septiembre. La propuesta se mueve entre la cocina mediterránea contemporánea y sutiles influencias marroquíes. La carta va mucho más allá del concepto: raw bar con atún rojo, otoro, carpaccio de lubina con mango y granada, hummus royal con wagyu, dip de pimientos a la brasa, pastilla de pollo y foie... De día, la idea es de mesa para compartir; de noche, se transforma en speakeasy muy divertido.

El regreso de un clásico
Que nos gusta comer, vale. Pero también hay muchos a los que la noche les sigue tirando muchísimo. Y en Marbs las noches se estiran hasta que sale el sol. Si pensamos en nombres míticos de esa vida nocturna marbellí, hay uno que suena siempre: Olivia Valere. Todo el mundo, repito, todo el mundo, pasó por allí.
Este verano, su icónico enclave en la Carretera de Istán vuelve a la vida renovado, pero con el legado de la gran dama de la noche marbellí muy presente. Y lo hace con dos propuestas diferenciadas. Por un lado, LOV Marbella, el dinner-show que recupera esa Marbella nocturna, elegante, excesiva y con un puntito teatral que siempre ha formado parte del imaginario local.
Durante junio abrirá viernes y sábados; en julio y agosto, a diario. La bienvenida comienza con la cena -de inspiración mediterránea y guiños internacionales- sigue con el show y terminan con After LOV, con ambiente de cabaret, DJ sets y fiesta hasta las 04.00.
La otra apuesta es la Bonbonniere, que ocupa otra parte de este renacimiento en clave nocturna. La histórica discoteca inicia una nueva etapa bajo este sello internacional, impulsado por el empresario británico Joe Fournier y Mandala Group. Tras triunfar en lugares como Mykonos o Tulum, han apostado aquí por un local renovado, que se ha reformado respetando su inspiración andalusí, pero sumando una estética más monumental y brutalista. Y muy buena nightlife, por supuesto.
Dormir donde empezó casi todo: Marbella Club
Después de tanta novedad y tanta copa bien servida, ¿será que nos apetece volver al principio? Y si hay un hotel que ayuda a entender el mito de Marbella, ese es Marbella Club. Abrió en 1954 de la mano del príncipe Alfonso de Hohenlohe y se convirtió en uno de los grandes símbolos de la Milla de Oro, tanto que fue clave en la transformación de la ciudad en destino internacional de lujo.
Por aquí han pasado aristócratas, artistas, empresarios... Pero el encanto del hotel no está solo en su leyenda. Está también en esa manera de entender que el lujo no está solamente en unas sábanas de algodón preciado o un servicio impecable- que también- sino que aquí todo funciona como un pequeño pueblo andaluz exquisito pero con mucho apego a donde están.
Lo más interesante ahora es que, aunque estén llenos casi a diario no se quedan solo en vivir de su propio mito. Al contrario, han empezado a ampliar su relato hacia la tierra, la despensa y una forma de lujo más conectada con el paisaje. Y ahí entra Finca Ana María, la nueva extensión del hotel: 50.000 metros cuadrados que pertenecieron a Gunilla von Bismarck, una de las grandes figuras de aquella Marbella de la jet set, bisnieta de Otto von Bismarck y parte de ese universo de apellidos, fiestas y veranos infinitos que ayudó a construir la leyenda de la ciudad.


La operación tiene algo de lo que presumir. Donde otros habrían levantado más habitaciones o una villa con nombre de familia ilustre, el hotel ha preferido mirar al campo. La finca suma más de 300 especies vegetales, un restaurante junto a la piscina (only adults, por cierto), actividades vinculadas a la naturaleza y una pista de pádel que, aquí, no es un detalle cualquiera. Está muy cerca de donde el propio Alfonso de Hohenlohe, después de descubrir aquel juego en México en casa de su amigo Enrique Corcuera, mandó construir una de las primeras pistas de Europa y convirtió el pádel en otro de esos rituales sociales que Marbella supo hacer suyos antes que nadie.
Aquí hay también un huerto del que los propios huéspedes, en diferentes actividades, pueden recolectar sus propias hierbas y vegetales, para después elaborar una cena entre plantas. Todo ello forma parte de su concepto upcycling. Aquí no se tira nada y todo se aprovecha, por lo que suman un obrador donde se hacen conservas, kombuchas, cocina de aprovechamiento... Incluso un precioso gabinete de curiosidades que enseña a los huéspedes -y a los más pequeños- que debemos cuidar lo que tenemos para que el futuro siga siendo brillante.
También aparecen proyectos como El Olivar Lab, vinculado a la finca y futuras ideas de glamping que todavía están en el horizonte. Sea como fuere, Marbella siempre vuelve y este verano lo hace con fuerza.