Antes de convertirse en uno de los arroces más célebres de Peñíscola, fue simplemente la comida de quienes trabajaban en Casa Jaime. Su origen está en la cocina doméstica de los pescadores de Peñíscola, en aquellas comidas familiares donde acababan en la cazuela los productos del mar que nadie quería comprar: ortiguillas, espardenyes, lluentes y otros tesoros marinos cuyo valor gastronómico tardaría décadas en reconocerse.
Este arroz no nació para los comensales. Durante años fue el arroz que se servía en la cocina de Casa Jaime, lejos del comedor y de las cartas, reservado para la familia y el personal. El cineasta Luis García Berlanga que frecuentaba el restaurante en sus estancias en Peñíscola, observaba cómo, mientras los clientes disfrutaban de los platos de carta, la familia Sanz compartía un arroz distinto. Un día preguntó qué era aquello. Lo probó. Y ya no quiso otro. Tanto insistía en pedirlo para sus amigos y acompañantes que aquel arroz conocido entonces como Calabuch —en homenaje a la película rodada en la ciudad— acabó incorporándose definitivamente a la carta.
Hoy sigue siendo el plato más emblemático de Casa Jaime. Un arroz seco, cocinado en cazuela y terminado al horno, elaborado con arroz de la D.O. Valencia, azafrán y un fondo marino de una profundidad extraordinaria. Servido frente al Mediterráneo, con la playa a pocos metros y la silueta del Castillo del Papa Luna dominando el horizonte, este arroz concentra buena parte de la historia gastronómica de Peñíscola: cultura marinera, memoria popular y cine valenciano en una misma cucharada.