Arroz meloso de bogavante en Casa Granero

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Hay restaurantes que justifican por sí solos una escapada. Casa Granero es uno de ellos.

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En pleno casco histórico de Serra, frente a la antigua torre medieval y a las puertas de la sierra Calderona, este establecimiento lleva casi cuatro décadas convirtiéndose en el destino de quienes disfrutan de la buena mesa.

Pero no es solo un lugar donde comer bien; es también un viaje a otra época. Cruzar su umbral supone adentrarse en un interior con varios comedores que se adaptan al desnivel del terreno, mientras las paredes narran la historia del establecimiento y de la familia que lo ha hecho crecer. Fotografías, objetos antiguos y recuerdos taurinos conforman una decoración con personalidad propia. Entre ellos destacan los numerosos galardones cosechados a lo largo de los años, especialmente por sus arroces y fideuàs, que han consolidado a Casa Granero como un referente de la gastronomía valenciana. Mónica Catalá y Víctor Vicente Navarro tienen buena parte de la culpa.

Casa Granero abrió sus puertas en 1988 de la mano de Víctor Vicente Navarro. El nombre del restaurante no es casual: recupera el apodo con el que era conocida su familia en Serra, heredado de la estrecha amistad que su padre mantuvo con el malogrado torero Manuel Granero, que veraneaba en la localidad. Una historia que también puede leerse entre las paredes del restaurante.

La carta rinde homenaje a la cocina valenciana de siempre. Platos de cuchara, carnes, pescados de lonja y recetas de temporada conviven con la gran especialidad de la casa: los arroces y las fideuàs. Entre todos ellos sobresale el arroz meloso de bogavante. La cazuela llega a la mesa —sin mantel— aún burbujeando y perfuma la mesa con un intenso aroma a mar. El fumet, concentrado y sedoso, envuelve cada grano sin restarle personalidad. El arroz mantiene un punto de cocción impecable, mientras el bogavante, troceado y en su punto, aporta un delicado contrapunto dulce que equilibra la intensidad del caldo. Es un arroz profundo, elegante y generoso. Siempre queda alguna pinza o recoveco que obliga a pelearse con el bogavante, pero forma parte del ritual y merece la pena.

Antes conviene abrir boca con alguno de sus entrantes, como la sobrasada picante de la matanza, elaborada con producto de kilómetro cero y servida con tostaditas de pan. Procede de las tradicionales Jornadas Gastronómicas de la Matanza del Cerdo que el restaurante organiza desde hace casi tres décadas, una cita que ha contribuido a preservar esta tradición culinaria y a convertirla en uno de los emblemas de la casa. Untuosa, intensa y con un agradable toque picante, es el preludio perfecto antes de adentrarse en alguno de sus arroces.

El arroz meloso de bogavante resume la manera de entender la cocina de la familia Granero: respeto por el recetario tradicional, producto de calidad y una ejecución sin artificios. Cada cucharada condensa casi cuatro décadas de trabajo y explica por qué Casa Granero ha contribuido a convertir Serra en una parada imprescindible para quienes disfrutan de la buena mesa y, por supuesto, de los buenos arroces.

 

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